Limen

Ελπίδα

Elpida

(Esperanza)

El clima que lo envuelve es de tristeza, angustia y una desesperación silenciosa.

Un susto inesperado.

El exceso.

La compulsiva.

El desprecio por la vida.

Todo eso lo había llevado hasta el umbralmismo de ella.

A encontrarse cara a cara con el otro plano.

No es fácil de explicar.

Ni de comprender del mtodo.

La frase vuelve una y otra vejz:

Aún no es tu momento.

No como reproche.

Como advertencia.

A reflexionar.

A recapacitar.

A cambiar el rumbo.

Elegir la luz por sobre la oscuridad.

Elegir vivir.

Y fue así como decidió aferrarse a la vida.

A la esperanza.

A esa luz tenue, pero firme, que todavía estaba ahí.

Comenzó entonces un viaje hacia la recuperación.

Un viaje hacia una nueva vida

No había demasiadas opciones.

Lo esperaba una comunidad terapéutica

Y él eligió enfrentar el problema.

Sus miedos y condicionamientos no fueron un impedimento.

Los enfrentó.

Se adaptó proceso.

En poco tiempo, el cambio fue evidente.

Había determinación.

Había visión

Y una necesidad profunda de alcanzar la ansiada paz interior.

Pasaron los meses.

Y la transformación fue rotunda.

En lo personal.

En lo espiritual.

En lo físico.

Ese viaje quedó marcado a fuego por dos experiencias decisivas.

La primera fue la visita a un hospital.

En una sala de internación lo esperaban pacientes con enfermedades terminales.

El objetivo era uno solo:llevar esperanza donde casi no la había.

Alejandro no sabía cómo hacerlo.

No encontraba palabras.

No sabía qué decir frente a esa realidad.

Hubo agradecimiento.

Hubo reconocimiento.

Hubo una valoración profunda por el gesto.

Ahí comprendió algo esencial:su nivel espiritual ya no era el mismo.

Empezaba a reconocer la fuerza de su propia luz.

Poco tiempo después, se presentó una oportunidad inesperada.

Dar una charla en una facultad sobre terapia ocupacional.

Pero en el momento justo, las palabras aparecieron solas.

Y encontraron su receptor.

Nunca había estudiado formalmente.

No tenía títulos.

No tenía formación académica.

Solo tenía una convicción:si se lo proponía, podía lograrlo.

Y así fue.

Se paró frente a un auditorio lleno de jóvenes y comenzó a hablar.

Con seguridad.

Con claridad.

Con una convicción poco habitual.

Explicó la técnica implementada.

Compartió los resultados.

Habló desde la experiencia.

Al finalizar, varios se acercaron a agradecerle.

Ese gesto confirmó algo que ya intuía:

había encontrado un sentido.

Llegó entonces el momento de cerrar ese viaje y decidió volver.

Fortalecido.

Convencido.

El mal momento había quedado atrás.

Una nueva vida comenzaba.

Con ella, nuevos desafíos.

Nuevos riesgos.

Y nuevas pruebas por afrontar.

Pero esta vez, no volvería a caminar a oscuras.

Había comprendido algo más.

Que su misión no era solo salvarse, sino difundir, concientizar, Compartir lo aprendido.

Ser como un río, Que lleva agua a lugares desérticos.

Llevar vida donde antes no la había.

Un proyecto, una misión.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.