El día siguiente en el campus comenzó como cualquier otro. Pasillos llenos, mochilas al hombro, conversaciones que se cruzaban sin tocarse. Alex caminaba entre todo eso con la calma aprendida de quien sabe que pertenece a otro mundo pero debe fingir que no.
Fue en el patio central donde lo sintió.
No fue un sonido ni una imagen. Fue algo más parecido a un cambio en la temperatura del aire, una presencia que no encajaba con el resto. Sus sentidos, afinados por semanas de entrenamiento con Viktor, lo captaron antes de que su mente consciente pudiera procesar qué era exactamente.
Alguien lo estaba observando.
Siguió caminando sin cambiar el ritmo, fingiendo revisar su teléfono mientras dejaba que sus ojos recorrieran el espacio a su alrededor. Estudiantes sentados en las bancas, algunos con audífonos, otros comiendo. Nada fuera de lo normal a primera vista.
Pero entonces lo vio.
Un hombre joven, o al menos con apariencia de serlo, apoyado contra una columna al otro extremo del patio. Ropa común, expresión neutral. Cualquiera lo hubiera ignorado. Pero Alex notó dos cosas que los humanos no hubieran captado: no había parpadeo en sus ojos, y su respiración era demasiado controlada, demasiado deliberada para ser natural.
Vampiro.
Alex guardó el teléfono y giró hacia el edificio más cercano, buscando un momento para escribirle a Cassandra.
*"Hay alguien en el campus. No es humano."*
La respuesta llegó casi inmediata.
*"¿Te vio?"*
*"Creo que sí. Me está siguiendo."*
*"No actúes dentro del campus. Aléjalo primero. Viktor ya sabe."*
Alex respiró profundo y cambió de rumbo, dirigiéndose hacia la zona de mantenimiento en la parte trasera del edificio de ciencias, un área que había explorado la semana anterior precisamente porque estaba siempre vacía.
Caminó despacio, lo suficiente para que el rastreador lo siguiera sin sentir que era una trampa.
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El callejón entre los dos edificios era estrecho y sombrío, con contenedores de basura apilados contra la pared y una reja metálica al fondo. Alex se detuvo en el centro y esperó.
No tardó mucho.
—Sabía que lo notarías —dijo una voz detrás de él.
Alex se giró despacio. El hombre de la columna estaba a unos metros, con las manos en los bolsillos y una expresión que intentaba parecer relajada pero no lo lograba del todo.
—¿Quién te envió? —preguntó Alex directamente.
El rastreador sonrió levemente.
—Ya sabes quién. El Consejo quiere saber si eres lo que dicen que eres. Nada más.
—¿Y si lo soy?
—Entonces tendrás que tomar una decisión pronto. —El hombre dio un paso hacia él—. Lucian puede ser razonable... si te presentas voluntariamente.
—O puedes volverte por donde viniste —respondió Alex con calma— y decirle a Lucian que no estoy interesado.
El rastreador dejó caer la sonrisa.
—No era una sugerencia.
Se movió rápido, más de lo que cualquier humano hubiera podido seguir. Pero Alex ya no era el chico desorientado del primer día. Esquivó el primer golpe por instinto, sintiendo el aire del impacto rozarle la mejilla, y retrocedió dos pasos para ganar espacio.
El rastreador atacó de nuevo, esta vez con más fuerza. Alex bloqueó el golpe con el antebrazo, sintiendo el impacto recorrerle el hueso, y respondió con un empujón que lanzó al otro contra la pared metálica con un golpe seco.
—Eres más rápido de lo que esperaba —admitió el rastreador, recuperándose.
—Viktor es buen profesor —respondió Alex.
El hombre sacó una daga de su chaqueta, pequeña pero de filo plateado. Alex reconoció el metal al instante, el mismo que Viktor usaba en los entrenamientos, diseñado para ralentizar la regeneración vampírica.
Esto ya no era un tanteo. Era una amenaza real.
Alex sintió el calor familiar recorriéndole la palma de la mano derecha. No lo pensó demasiado. Hizo un pequeño corte en su dedo con la uña y dejó que la sangre aflorara, concentrando la energía que Cassandra y Viktor le habían enseñado a reconocer.
Cuando el rastreador se lanzó hacia él, Alex extendió la mano.
Una estaca de sangre sólida emergió del suelo justo frente al hombre, deteniéndolo en seco a centímetros de su pecho.
El silencio que siguió fue absoluto.
El rastreador miró la estaca, luego a Alex, y por primera vez su expresión mostró algo que no había mostrado antes.
Miedo.
—Dile a Lucian —dijo Alex en voz baja— que no soy difícil de encontrar. Pero que la próxima vez que mande a alguien, no seré tan amable.
El rastreador retrocedió despacio, sin darle la espalda, y desapareció por la reja del fondo.
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Alex se apoyó contra la pared, dejando que la tensión abandonara su cuerpo lentamente. Miró su mano, donde la pequeña herida ya comenzaba a cerrarse. Le costaba menos sangre de lo que esperaba, Viktor estaría satisfecho.
Su teléfono vibró.
Era Cassandra.
*"¿Cómo salió?"*
*"Se fue."*
*"¿Usaste la habilidad?"*
*"Sí."*
Hubo una pausa más larga de lo normal antes de que llegara el siguiente mensaje.
*"Ven a casa esta noche. Tenemos que hablar. El Consejo ya sabe dónde estás, Alex. Esto acaba de cambiar."*
Alex guardó el teléfono y miró hacia el cielo entre los dos edificios, un rectángulo estrecho de luz gris.
En algún lugar del campus, Elena estaría sentada en alguna biblioteca con un libro entre las manos, completamente ajena a todo esto.
Y él tendría que asegurarse de que siguiera así.
Por ahora.
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Editado: 22.02.2026