Linaje de Sangre -0

Capítulo 20: Distancia

Alex llegó a la mansión cuando el sol apenas comenzaba a ocultarse. Cassandra y Viktor lo esperaban en la sala principal, sentados frente a la chimenea encendida. La atmósfera era más tensa de lo habitual.

—Cuéntanos todo —dijo Viktor sin preámbulos.

Alex se sentó y les relató lo ocurrido con el rastreador, sin omitir ningún detalle. Viktor escuchó en silencio, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Cassandra, en cambio, lo observaba con una expresión que mezclaba orgullo y preocupación.

Cuando terminó, Viktor fue el primero en hablar.

—Manejaste bien la situación. Pero cometiste un error.

—¿Cuál?

—Lo dejaste ir.

Alex frunció el ceño.

—No podía matarlo en el campus.

—No —admitió Viktor—. Pero ahora el Consejo sabe exactamente lo que eres capaz de hacer. Ya no tienen dudas sobre tu linaje, y eso acelera todo.

Cassandra se inclinó hacia adelante.

—Lo que Viktor quiere decir es que ya no tenemos el mismo margen de tiempo que antes. Lucian moverá fichas más rápido ahora que tiene confirmación.

Alex procesó eso en silencio.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—No lo sabemos —respondió Cassandra—. Pero hay algo más que quiero preguntarte. —Sus ojos brillaron levemente—. Antes de lo del rastreador, me enviaste un mensaje sobre el olor de alguien. ¿De quién se trataba?

Alex dudó un segundo.

—De una chica de la universidad.

—¿La misma que mencionaste antes? —preguntó Cassandra con calma.

—Sí.

Viktor y Cassandra intercambiaron una mirada breve que Alex no supo interpretar del todo.

—Descríbelo —dijo Cassandra.

—No es como los demás humanos —explicó Alex, eligiendo las palabras con cuidado—. Su sangre tiene algo diferente. Más complejo. Como si tuviera capas.

Viktor soltó un sonido grave que podría haber sido una advertencia.

—Aléjate de ella —dijo sin rodeos.

Alex lo miró.

—¿Por qué?

—Porque si su sangre es tan diferente como describes, no eres el único que puede notarlo. Y si el Consejo lo detecta antes de que entiendas qué significa, ella se convierte en un problema que no podemos controlar.

Alex no respondió, pero algo en su interior se tensó ante esas palabras.

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Al día siguiente, Alex llegó al campus con una decisión tomada: distancia. Era lo más sensato. Lo más seguro, no solo para él sino para Elena.

La vio en el pasillo antes de la primera clase, con su mochila al hombro y un café en la mano, caminando con esa determinación tranquila que la caracterizaba. Cuando sus ojos se encontraron, Elena levantó una ceja levemente a modo de saludo.

Alex asintió y desvió la mirada.

Elena frunció el ceño apenas un segundo antes de seguir caminando.

En clase, Alex eligió un asiento diferente al de siempre, dos filas más atrás. Elena no dijo nada, pero él notó que ella lo buscó con la vista al entrar y tardó un momento en encontrarlo en el lugar equivocado.

La clase transcurrió sin que se dirigieran la palabra.

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A la hora del almuerzo, Alex se sentó solo en una mesa del extremo de la cafetería, lejos del bullicio habitual. Llevaba apenas cinco minutos cuando escuchó el sonido familiar de una silla arrastrándose frente a él.

Elena dejó su bandeja sobre la mesa y lo miró fijamente.

—¿Qué te pasa?

—Nada —respondió Alex sin levantar la vista de su vaso.

—Ajá. —Elena se cruzó de brazos—. Ayer tomamos café juntos y hoy actúas como si no me conocieras. ¿Hice algo?

—No hiciste nada.

—Entonces, ¿qué es?

Alex levantó la vista y la miró directamente. Era un error, lo supo en cuanto sus ojos se encontraron, porque el olor llegó de nuevo, esa nota extraña y persistente que no se parecía a nada que hubiera sentido antes.

Apartó la mirada.

—Solo estoy teniendo un día complicado —dijo con tono neutral.

Elena lo estudió por unos segundos en silencio, como si estuviera decidiendo si creerle o no.

—Está bien —dijo finalmente, tomando su tenedor—. Pero si crees que voy a fingir que no noté que cambiaste de asiento, te equivocas.

A pesar de todo, Alex sintió que algo en su pecho se aflojaba levemente.

—No lo hice por ti —improvisó.

—Claro —dijo Elena con sarcasmo suave—. El asiento de atrás tiene mejor vista al pizarrón, estoy segura.

Alex no respondió, pero el silencio que siguió fue menos tenso que el de la mañana.

Comieron sin hablar demasiado. Elena leyó algunas páginas de su libro entre bocado y bocado. Alex miraba hacia la ventana, manteniendo sus sentidos alerta al entorno sin que se notara.

Fue Elena quien rompió el silencio.

—¿Sabes qué es lo raro de ti? —dijo, cerrando el libro.

—¿Solo una cosa?

Ella ignoró el comentario.

—Que a veces pareces completamente presente y otras veces es como si estuvieras en otro lugar aunque estés aquí sentado.

Alex la miró.

—Todos tenemos eso.

—No de esa manera —dijo Elena, apoyando el codo en la mesa—. Es como si estuvieras escuchando algo que yo no puedo escuchar.

El comentario lo tomó más desprevenido de lo que esperaba.

—Imaginación tuya —respondió con calma.

Elena lo observó un segundo más de lo necesario, luego recogió su bandeja y se puso de pie.

—Puede ser —dijo—. Pero no creo que lo sea.

Y se fue sin añadir nada más, dejando a Alex con esa frase flotando en el aire entre ellos.

Sacó el teléfono y escribió a Cassandra:

*"Está empezando a notar cosas."*

La respuesta llegó rápido:

*"¿Qué tipo de cosas?"*

Alex miró hacia la puerta por donde Elena había salido.

*"Las que no debería."*

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