Linaje Del Exilio

El Peso de la Espada

Miguel está en un lugar solitario del cielo, observando simplemente el vacío que está frente a él, siente un dolor fantasma que no puede sacar de su pecho, él recuerda el momento exacto en que su espada cruzó la de Lucifer. El sabe que no sintió ningún triunfo sino un vacío inmenso. Porque él no lo expulsó del cielo por odio, sino porqué el orden era el único lenguaje que Miguel sabía hablar. Fue un acto de obediencia dolorosa.

El sabe que Lucifer sigue cayendo cada vez que cierra los ojos, Miguel baja su mirada hacia la Tierra él no era un ser que le gustaba espiar a los humanos, pero él no puede ignorar el hecho de que Lucifer no está reinando en un infierno de fuego, él está caminando entre los humanos, respirando su aire, viviendo sus vidas banales, él siempre ha sabido que Lucifer es una persona rebelde que le encanta hacer con su vida lo que le dé la gana, y justamente ahora se ve como una persona descontrolada que está haciendo en el mundo de los humanos una vida de lujos y riquezas descontrolada, Miguel nota que Lucifer está perdiendo el control que su esencia se está ensuciando y volviendo errática, sabe que el silencio de su padre no es olvido, es la calma antes de una tormenta que podría borrar a Lucifer de la existencia definitivamente.

Miguel sabe que el destierro fue piadoso comparado con lo que viene. Si su padre decide intervenir de nuevo, no habrá una segunda oportunidad ni un reino en las sombras; será la nada absoluta la pérdida total de los poderes de Lucifer y su aniquilación. Eso es lo único que está buscando ese rebelde incontrolable con todos sus actos.

Él no puede permitir que su hermano pierda todos los poderes y que sea aniquilado totalmente.

Él sabe que es un momento de convocar a sus hermanos. Extiende sus alas y envía una señal de luz es una llamada que no han usado en milenios.

Miguel está sumido sus pensamientos cuando el aire a su alrededor cambia. No es un estruendo, sino una vibración armónica, como una nota musical que se sostiene en el vacío. Antes de verlo, llega el sonido. Un leve susurro de las alas que no baten contra el viento, sino que parecen deslizarse a través de la realidad.

El aire se volvió denso saturado de un aroma a ozono y a tormenta lejana típico en el. Entonces, un destello de planta pura cortó la penumbra del mirador celestial, es él, Gabriel no descendió como un guerrero, sino como una exhalación. Sus pies apenas rozaron el suelo de cristal antes de que sus alas, inmensas y de un blanco tan puro que hería la vista, se plegara en un silencio perfecto.

No pudo evitar cruzarse de brazos.

—Has tardado en llamarnos hermano— dijo Gabriel. Su voz no era un trueno, sino una melodía compuesta de mil verdades distintas. — He visto lo que estás mirando. He escuchado sus pasos en las ciudades de los hombres, que esperabas de él, es un rebelde que siempre hace con su vida un desastre.

Miguel no se volvió. Sabía que Gabriel era el único capaz de leer el rastro de Lucifer sin quemarse en el intento. El mensajero se acercó, y por un momento, su serenidad habitual flaqueó. Había una sombra de cansancio en sus ojos.

— Lucifer ya no solo se esconde — continúo su hermano, bajando el tono de voz como si temiera de que el cielo lo escuchara—Se está diluyendo. Está probando el olvido humano, Miguel, y ese es un veneno que ni siquiera él puede controlar. Si el padre detecta esa mancha en la creación...

—lo sé — interrumpió Miguel, apretando El puño estaba frustrado — Por eso estás aquí. Porque antes de que el juicio descienda, necesito que tu voz sea la que le advierta. Aunque dudo que quiera escucharnos.

Antes de que Gabriel pudiera responder, un calor suave empieza a irradiar en el mirador celestial. El aire deja de sentirse pesado y frío; hay una sensación de alivio físico como cuando una herida deja de pulsar.

El aroma a Tierra mojada y a resina de cedro envolvió el mirador, descipando por un instante el olor a tormenta de Gabriel. Rafael apareció sin destellos, emerge de las sombras con la suavidad de un suspiro. Su túnica, del color de los bosques que el mismo ayudó a diseñar, se arrastraba levemente sobre el suelo de cristal.

Antes de hablar, Rafael observa el estado anímico de sus hermanos es cuando nota el temblor en las manos de Miguel y la fatiga en los ojos de Gabriel.

No miró hacia la tierra, sino directamente a Miguel. se acercó y, sin pedir permiso, colocó una mano sobre el hombro del guerrero. Miguel sintió que el peso de su espada disminuía, pero la angustia en su pecho permaneció intacta.

— No puedes sanar lo que tú mismo quebraste, hermano — dijo Rafael con una voz que sonaba como el correr de un río — He sentido la esencia de Lucifer. Está rota. No es solo que esté conviviendo con los humanos; está intentando heredar su fragilidad.

Rafael suspiro, y su luz pareció atenuarse un poco, compartiendo el dolor de su hermano exiliado.

—Sí Lucifer pierde su divinidad por voluntad propia antes de que el padre actúe, ya no habrá nada que rescatar. se convertirá en polvo antes de que podamos pedir clemencia. No es solo su rebelión lo que me asusta, es su desesperación.

Rafael sabe que su hermano no está viviendo solo como humano, sino que está intentando volverse frágil a propósito, a Rafael le preocupa la extinción del alma de su hermano.

Sí Rafael era la brisa, Uriel es el incendio. Su llegada rompe la atmósfera de calma que Rafael intentaba construir, devolviendo a los hermanos a la cruda realidad del conflicto.

La paz de Rafael fue incinerada en un segundo. El cristal bajo sus pies vibró con un golpe seco y violento cuando Uriel aterrizó, dejando atrás de sí un rastro de chispas que se extinguieron lentamente. No traía Consuelo, traía fuego.

Uriel llega con su armadura completa reluciente y agresiva sus alas no son blancas sino de un tono rojizo o dorado oscuro como brasas que nunca se apagan su mirada no busca la tierra, busca Miguel, desafiándolo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.