Xander es un poco obsesivo cuando se trata de la seguridad de Lucifer mientras él aporta fuerza sobrenatural y táctica, lucius y Alaric aportan la protección contra lo arcano y lo místico. Tener humanos hechiceros trabajando para él sugiere que Lucifer a pesar de su arrogancia, respeta el ingenio de los mortales para manipular las reglas de la realidad.
En la oficina de Lucifer el aire está cargado no solo por su poder, sino por las protecciones tejidas por sus dos hechiceros.
Lucius, es el experto en sellos y contención, Su trabajo es camuflar la presencia de Lucifer para que el cielo no lo detecte tan fácilmente. Detrás de unas gafas de montura fina (que suele acomodarse constantemente por el puente cuando está concentrado), sus ojos son de un marrón avellana claro o un ámbar cálido. Es una mirada analítica, observadora, acostumbrada a leer runas diminutas bajo la luz de las velas. Sus manos son largas y de dedos delgados, la herramienta de un cirujano de la magia. Siempre tienen rastros de tinta mística violeta, dorada o cenizas oscuras de inciensos rituales incrustadas bajo las uñas o en las yemas. Tiene facciones finas y una expresión usualmente serena, concentrada. Su cabello es de un castaño desordenado o un tono ceniza, un poco largo, de esos que caen sobre los ojos cuando se inclina sobre sus pergaminos y sellos. Lucius se mueve con una calma calculada. Cada trazo de runa requiere precisión milimétrica. Es meticuloso. Organiza sus herramientas en un orden estricto, muerde la punta de sus dedos cuando está descifrando un dilema mágico y suele murmurar fórmulas entre dientes.
Alaric tiene la estética de un guerrero místico moderno. Su físico refleja la agilidad y los reflejos rápidos que necesita para el combate. Sus ojos son de un gris plateado o un azul clarísimo, casi translúcido. Tienen una mirada vibrante, inquieta y desafiante. Cuando canaliza su magia de distorsión o crea ilusiones, sus pupilas parecen destellar con hilos de luz plateada, como si la realidad misma se rompiera dentro de sus ojos. Tiene facciones juveniles, angulares y una expresión llena de audacia. Suele llevar una sonrisa desafiante o un gesto de sutil diversión antes de una batalla. Su cabello es de un rubio sucio, castaño claro o con mechones despeinados que se agitan cuando activa sus barreras físicas. Es alto, de complexión delgada pero fibrosa y sumamente ágil. A diferencia de Lucius, Alaric necesita moverse libremente para pelear, por lo que viste ropa más táctica, cómoda o de estilo urbano: chaquetas oscuras, botas de combate y camisas oscuras. En sus muñecas o dedos suele llevar runas o anillos de metal que usa como catalizadores para sus trampas. Sus movimientos son rápidos, eléctricos y teatrales cuando lanza hechizos. Le encanta jugar con la energía entre sus dedos, creando pequeñas chispas de luz o distorsiones en el aire solo por aburrimiento. Tiene el hábito de morderse el labio cuando calcula una trayectoria o dar saltos ligeros antes de activar una barrera.
Lucifer está en su escritorio cuando las luces del ático se vuelven de un color naranja violento. Lucius entra corriente, sosteniendo un amuleto que vibra frenéticamente.
— Señor, los sellos del sur se están fundiendo — dice Lucius, su voz tensa— No es un asalto común. Es fuego puro.
— Algo está quemando la realidad misma — añade Alaric, apareciendo detrás de él, con sus manos rodeadas de un aura azul pálido, intentando reforzar las ventanas — No puedo mantener la estructura mucho más tiempo.
Lucifer no se inmuta. Sigue mirando su copa.
— Es Uriel —sentencia Lucifer con una mueca de asco — Siempre fue un exagerado.
Xander aparece en un parpadeo en medio de la sala, cargando un rifle modificado al hombro y dos dagas gemelas en la cintura.
—Llegó antes de lo que esperaba —murmuró Lucifer, con una sonrisa amarga y los ojos encendiéndose en un matiz dorado y peligroso—. Te dije que te fueras, Xander.
—Y yo te dije que soy pésimo siguiendo órdenes —replicó el guardaespaldas.
— Lucius, refuerza la puerta del ascensor. Alaric, prepara una distorsión de espacio en el pasillo; quiero que el edificio parezca tener mil pisos si intenta subir por las escaleras — ordena Xander con autoridad militar — Yo me encargo de recibirlo en el vestíbulo.
Lo que no se esperaba era que Uriel no entra por la puerta. El vestíbulo del edificio estalla cuando una columna de fuego desciende del cielo, fundiendo el mármol. El arcángel del arrepentimiento camina detrás de las llamas, con su espada desenvainada.
— ¡Apártense, mortales! — ruge Uriel, viendo los guardias de seguridad humanos desmayados por la presión de su presencia — ¡Entreguen al traidor!.
Xander aparece frente a él, sentado sobre el mostrador de recepción con una calma exasperante.
— Lo siento, su santidad — dice Xander, girando un puñal de obsidiana — El jefe no está recibiendo visitas de familiares resentidos hoy. Y mis amigos hechiceros han puesto este lugar bajo una política de no se permiten incendios.
Uriel lanza un tajo de fuego, pero Xander desaparece una fracción de segundo antes, reapareciendo sobre una lámpara en el techo.
—El jefe dijo que no tiene citas disponibles hoy, plumífero —siseó Xander con una sonrisa tensa.
— ¡Eres un caído, Azazel! — grita Uriel — ¿Te escondas tras trucos de humanos y hechiceros de segunda categoría?.
— Se llaman aliados, Uriel. Algo que tú no tendrías aunque te quedaran otros mil años de vida .— responde Xander, lanzando un pulso de energía desde un dispositivo que Alaric encantó para él — Lucius, ¡Ahora!
Desde las sombras del segundo piso, Lucius activa un círculo de sal bendita y mercurio que atrapa los pies de Uriel, ralentizando sus movimientos divinos. No lo matará, Pero lo humilla.
Mientras Xander y Alaric retienen a un furioso Uriel en el vestíbulo, el aire en el despacho de Lucifer se vuelve extrañamente puro. No hay explosión, solo un silencio absoluto.