Linaje Del Exilio

Xander vs. Uriel ( Fuego y Vicio)

Xander y Uriel es una mecha gorda a punto de hacer estallar el edificio. Mientras arriba hay silencios cargados de deseo y dolor, abajo hay ruido fuego y acero. El mármol del suelo estaba completamente fundido, transformado en una lava negra y humeante.

Uriel, con los pies atrapados en el círculo de sal bendita y mercurio que Lucius había preparado, rugía de frustración. Las runas del suelo brillaban con un azul eléctrico, conteniendo la divinidad del arcángel del arrepentimiento a base de pura geometría arcana.

— ¡Se acabó la paciencia!— ruge Uriel. —¡Malditos insectos! ¡Creen que unos trucos de alquimia pueden encadenar al fuego del Trono!

Sus alas se despliegan con un sonido como el de mil sábanas rasgándose al unísono, pero en lugar de plumas, desprenden cenizas y brasas. Con un grito de guerra, Uriel golpea el suelo con el de su espada de fuego. La onda de choque desintegra el círculo de sal de Lucius y lanza a Alaric contra una columna de mármol.

Alaric, sudando a mares y con las venas de sus brazos marcadas por el esfuerzo místico, mantenía las manos extendidas desde lo alto de la escalera.

—¡Xander, no voy a poder sostener la distorsión del espacio mucho más tiempo! —gritó el joven hechicero—. ¡Está quemando las dimensiones del pasillo, el edificio va a colapsar!

Xander, que acababa de reaparecer en el suelo tras esquivar otra ráfaga de chispas, recargó su rifle modificado con un chasquido seco. Las balas de este cargador estaban bañadas en sangre de basilisco, lo suficiente para debilitar la armadura de un ángel si lograba un tiro limpio.

—¡Solo un poco más, Alaric! —respondió Xander, apuntando directamente al pecho de Uriel—. ¡Vamos, su santidad, baje la espada y hablemos como personas civilizadas!

—¡Yo no hablo con traidores! —Uriel dio un pisotón violento. El círculo de mercurio estalló, rompiendo el hechizo de Lucius en mil pedazos de vidrio místico. La onda expansiva de calor arrojó a Xander contra una columna y obligó a Alaric a romper su concentración, cayendo de rodillas.

— Sigues siendo un bruto, Uriel. — provoca xander mientras cae — Mucho fuego, pero muy poca puntería. ¿Es que el brillo de tu propio orgullo no te deja ver?.

— ¡Tú no eres nada! —responde Uriel girando con una velocidad sobrehumana— ¡Eras un capitán de las huestes y elegiste seguir a un loco hacia el fango! ¡ Mírate ahora, sirviendo a humanos que huelen a miedo!.

Uriel atrapa a Xander por el cuello a mitad de un teletransporte, con un movimiento casi imposible que solo un arcángel resentido podría lograr. La mano de Uriel quema la piel de xander, pero este, lejos de gritar, sonríe con sangre entre los dientes.

— Al menos yo elegí — escupe Xander — Tú solo obedeces porque tienes miedo de ser el siguiente en caer.

Ese es el insulto final. Uriel pierde el control de su propia luz. No es solo un ataque; es una deflagración de odio. El fuego Uriel deja de ser dorado y se vuelve un blanco azulado, destructivo.

El estallido rompe los cristales del vestíbulo y la onda expansiva sube por el hueco del ascensor. Arriba, en el despacho, el suelo tiembla violentamente. El cuadro favorito de Lucifer cae de la pared y las luces estallan.

La explosión es tan fuerte que el edificio entero se estremece. El despacho el impacto lanza a lucius hacia adelante. Miguel por puro instinto protector se mueve más rápido que la luz y lo atrapa antes de que se golpee contra el escritorio de mármol.

Es el primer contacto físico real.

Miguel siente la fragilidad del cuerpo humano de Lucius pero también la fuerza de su magia latiendo bajo la piel, Lucius se aferra los brazos de Miguel, y el contacto le provoca una descarga eléctrica que no es por la explosión. Sus ojos se encuentran a centímetros de distancia entre el humo y las chipas de los cables rotos.

Uriel se liberó, con los ojos inyectados en un fuego dorado y homicida. Levantó su espada listo para incinerar a Xander, cuando las puertas del ascensor privado se abrieron con un tintineo pausado, completamente ajeno al caos.

Lucifer salió del ascensor. Su traje negro seguía impecable, sus manos en los bolsillos y una expresión de aburrimiento absoluto en el rostro, aunque por dentro su energía errática hacía que las luces del vestíbulo parpadearan como una película de terror.

— ¡Suficiente!— grita Lucifer y esta vez su voz tiene el tono del soberano que una vez fue — ¡Xander saca ese animal del edificio!

Uriel sonrió con una mueca cruel, olvidándose de Xander y Alaric. Apuntó su espada ardiente hacia el pecho de su hermano exiliado.

—Al fin das la cara, Caído. Prepárate para...

—¡Basta, Uriel! —una voz autoritaria, pura y resonante como una campana celestial cortó el aire del vestíbulo.

El vestíbulo destrozado Uriel se prepara para un golpe final que reducirá el edificio a ceniza. Xander, viendo que Lucifer necesita tiempo para evacuar a los hechiceros saca de su espalda un arma que no parece de este mundo: un cañón de riel compacto grabado con runas de vacío.

— Esto te va a enviar de vuelta a las nubes, imbécil. — gruñe Xander.

Presión al gatillo y una ráfaga de energía de vacío puro golpea el pecho de Uriel. No lo hiere de gravedad, pero la fuerza cinética lo lanza fuera del edificio, atravesando tres bloques de oficinas mandándolo a kilómetros de distancia en un parpadeo.

—¡Muévanse! — grita Xander por el intercomunicador— ¡Lucifer saca los chicos de ahí!.

Arriba, Lucifer aprovecha el caos. Agarra a lucius del brazo, arrancando lo del contacto con Miguel. El toque de Lucifer es posesivo y frío.

— Se acabó el tiempo del juego, Miguel — espeta Lucifer — Alaric, abre un portal de sombra. ¡AHORA!

— Pero...— lucius intenta mirar atrás, buscando a Miguel con la mirada, pero Lucifer lo empuja hacia el portal que alaric está tejiendo desesperadamente entre el humo.

— ¡Muévete, lucius no dejes que su luz te ciegue — le advierte Lucifer con voz cargada de veneno antes de desaparecer en la oscuridad.




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