Linaje Maldito: Noche de Sangre.

Capítulo 4: Pánico en el quincho.

La tormenta seguía rugiendo afuera. La lluvia caía con tanta fuerza que el sonido golpeando el techo del quincho se había vuelto casi constante, como un tambor lejano que acompañaba la noche.

Un relámpago iluminó por un segundo el lago, seguido por un trueno que hizo vibrar levemente las columnas de madera.

Los cuatro chicos seguían alrededor de la mesa, aunque las botellas ya estaban casi vacías.

Luciano se levantó tambaleándose un poco mientras agarraba su vaso.

—Creo que voy a buscar más hielo —dijo mirando la conservadora vacía—. Esto ya parece sopa.

Sin esperar respuesta, salió del quincho hacia el pequeño freezer que habían dejado cerca de la parrilla.

Claudio aprovechó el momento para seguir con la conversación que habían dejado antes.

Se recostó contra la silla y giró la botella entre sus dedos.

—Oye… —dijo con una sonrisa—. Yo creo que el asesino ese es más estilo Michael Myers o Jason Voorhees.

Heber y Tomás lo miraron con curiosidad.

—¿Cómo sería eso? —preguntó Tomás.

Claudio levantó una ceja.

—Ya saben… el típico asesino que siempre vuelve. No importa cuántas veces lo detengan o lo maten.

Heber soltó una pequeña risa.

—O sea… un asesino que regresa cada cierta fecha.

Claudio señaló con el dedo como si hubiera acertado.

—Exacto.

Tomás dio otro sorbo a su vaso, mirando el líquido oscuro por un momento.

—Eso solo pasa en las películas —dijo finalmente.

Otro trueno retumbó a lo lejos.

Mientras tanto, dentro de la casa, Luciano empujó la puerta principal y entró sacudiéndose un poco el agua de los hombros. El interior estaba tranquilo, casi demasiado silencioso después del ruido de la tormenta.

Cerró la puerta detrás de sí.

Entonces lo escuchó.

Una música suave venía desde el piso de arriba. Era el sonido de una guitarra… o al menos de una cuerda que seguía vibrando débilmente.

Luciano frunció el ceño.

—Hermano… ¿estás bien? —preguntó alzando la voz.

No hubo respuesta.

Miró hacia la escalera y comenzó a subir lentamente, apoyando la mano sobre la baranda de madera. Cada paso hacía crujir los escalones en el silencio de la casa.

La música seguía sonando arriba.

—Lautaro… —volvió a llamar.

Llegó al pasillo del segundo piso y caminó hacia la habitación donde su amigo había ido a buscar la guitarra.

La puerta estaba entreabierta.

Luciano la empujó suavemente y entró.

—Hermano… dijimos que dejáramos las cosas ordenadas —dijo mientras miraba alrededor.

La habitación estaba algo revuelta. La cama tenía las sábanas movidas y algunas cosas estaban tiradas por el suelo, como si alguien hubiera estado buscando algo a las apuradas.

Luciano avanzó unos pasos haciendo que su mirada vaya hacia un bolso abierto en el suelo.

—Qué desastre…

Se agachó para acomodarlo y fue ahí cuando vio una billetera tirada junto a la cama en donde la levantó con naturalidad para abrirla, dejando caer algo al suelo.

Era una foto.

Luciano la recogió y la observó bajo la luz del cuarto.

En la imagen se veía a Lautaro sonriendo, sosteniendo a un pequeño bebé en brazos. El niño estaba envuelto en una manta clara mientras él lo miraba con una mezcla de orgullo y ternura.

Luciano sonrió apenas.

—No sabía que llevabas esto encima…

Entonces notó algo más.

En la parte inferior de la foto había una pequeña nota escrita con birome.

Luciano acercó la imagen para leerla mejor.

“Primer año de Laura”.

El gesto en su rostro cambió levemente mientras miraba la fotografía.

Durante un segundo, la habitación volvió a quedar completamente en silencio… salvo por el débil sonido de una cuerda de guitarra vibrando en algún lugar del cuarto.

En eso saca su celular para llamar en donde suena dentro del baño para entrar encontrándose de golpe hacia la ducha en donde encuentra el cuerpo de Lautaro haciendo que Luciano grite para salir corriendo hacia donde estaría su amigo.

En el quincho la música seguía sonando mientras Claudio y Heber preparaban otro trago sobre la mesa. El fuego de la parrilla se había reducido a brasas rojizas que iluminaban tenuemente el lugar, mientras la tormenta continuaba descargándose con fuerza alrededor.

De repente, la puerta del quincho se abrió de golpe.

—¡Eh!

La voz de Luciano los hizo girarse dejando ver como estaba empapado por la lluvia y respiraba agitado, como si hubiera corrido desde la casa.



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En el texto hay: misterio, thriller, suspenso

Editado: 10.05.2026

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