Linaje Maldito: Noche de Sangre.

Capitulo 7: The Final Boy

Tomás y Heber quedaron petrificados. El aire dentro de la patrulla se volvió irrespirable.

—¡Claudio! —alcanzó a gritar Tomás, pero la respuesta nunca llegó.

Heber reaccionó primero. Sus ojos recorrieron el vidrio destrozado, luego se clavaron en Tomás.

—¡Por ahí! —escupió, decidido.

Se inclinó hacia la ventana rota, cuidando de no cortarse con los bordes filosos, y se deslizó afuera.

—¡Dale! —apremió.

Tomás lo siguió, ambos corriendo bajo la lluvia, resbalando en el barro mientras el viento los empujaba hacia la casa. Entraron casi cayéndose, cerrando la puerta con un golpe seco. El interior olía a humedad y encierro.

—Tomás —jadeó Heber—. Buscá algo para defenderte. Lo que sea.

Tomás asintió, con la respiración entrecortada.

—¿Y vos?

—Al quincho. Los celulares están allá. Tenemos que llamar a la verdadera policía.

Se separaron sin más palabras. Tomás irrumpió en la cocina, abrió el cajón de los cuchillos con desesperación. Vacío. Otro cajón. Nada. El corazón le golpeaba como un tambor en el pecho.

—Vamos… vamos… —murmuraba, abriendo cajones que solo devolvían silencio. Todos vacíos. El asesino ya había pasado por ahí.

Apoyó las manos en la mesada, intentando recuperar aire. Fue entonces cuando lo escuchó: un golpe sordo. Giró la cabeza.

Heber apareció tambaleándose por la puerta, con la lluvia aún pegada a su ropa. Se desplomó de rodillas.

—¡Heber! —gritó Tomás, corriendo hacia él.

El cuchillo sobresalía de su espalda como una sentencia. La sangre oscura manchaba la camisa.

—No… no… —balbuceó Tomás, sosteniéndolo mientras la vida se le escapaba entre los labios. Heber intentó hablar, pero el aire no alcanzó. Su cuerpo quedó inmóvil en los brazos de su amigo.

El silencio volvió a ocupar la cocina, más pesado que nunca.

Tomás levantó la mirada. En el pasillo, recortado por los relámpagos que iluminaban la ventana, estaba la figura. El asesino, inmóvil, con el pasamontañas negro pegado al rostro.

Tomás se incorporó lentamente, temblando.

—¿Por qué la máscara? —su voz quebrada apenas se sostuvo—. Sé que sos ese oficial.

El hombre permaneció quieto, como una sombra que respira. Luego levantó las manos con calma y se quitó el pasamontañas.

-Bien hecho Tomás, llegaste al final-dice el hombre sacando un cuchillo.

-¿Por qué haces eso?-pregunta Tomás asustado.

-Fácil, es una leyenda, y soy psicópata en potencia-responde él-además es un buen turismo para el pueblo-agrega con una sonrisa.

-¿Es por eso?-pregunta

-Si lo sé, no tiene sentido y además de que también estoy buscando venganza, por mi sobrino, el pequeño Marcos-responde él con una sonrisa.

-¡Pero yo no hice nada!-grita Tomás

—¡Pero sobreviviste! —rugió el hombre, levantando el cuchillo.

El corazón de Tomás se desbocó. Miró desesperado a su alrededor. Sus dedos encontraron una botella de vidrio sobre la mesada. Sin pensarlo, la lanzó con fuerza. El estallido contra la pared resonó como un disparo. Ese segundo de distracción fue su única oportunidad.

Giró y corrió por el pasillo. El barro aún pegado a sus zapatillas lo hacía resbalar. Pero no llegó lejos.

De la oscuridad emergió otra figura con pasamontañas. El brillo de la hoja fue lo último que alcanzó a ver antes de sentir el metal hundirse en su cuerpo. El grito se le quebró en la garganta mientras caía de rodillas.

La figura se inclinó lentamente, como disfrutando el momento, y se quitó el pasamontaña. Tomás abrió los ojos, incrédulo.

—No…

Era Claudio. El joven sonrió con frialdad, los ojos vacíos.

—Sorpresa, Tomás.

El dolor le impedía respirar. Claudio lo agarró del cabello y lo obligó a ponerse de pie, arrastrándolo por el pasillo. Cada paso dejaba un rastro de sangre sobre el suelo. La casa parecía absorberlo.

Volvieron a la cocina. El falso policía los esperaba, inmóvil, como un juez. Claudio empujó a Tomás contra el piso, con desprecio.

—Acá está el sobreviviente —dijo, mirando al hombre.

Tomás, débil y confundido, levantó la mirada. Dos sombras lo rodeaban. Dos verdugos. El silencio de la cocina era más aterrador que la tormenta afuera.

—¿Por qué lo haces, Claudio? —preguntó Tomás con la voz rota, mirando a quien hasta hacía unas horas había sido su amigo.

Claudio soltó una pequeña risa mientras limpiaba la hoja del cuchillo con la manga de su campera.

—Hermano… soy el primo de Marcos, dah —respondió con una sonrisa torcida—. ¿De verdad pensaste que todo esto era casualidad?

Tomás lo miró sin poder creerlo.

—Además —continuó Claudio encogiéndose de hombros—, es bastante interesante revivir una leyenda. El famoso asesino de marzo… la historia perfecta.



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En el texto hay: misterio, thriller, suspenso

Editado: 10.05.2026

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