Severus Snape se encontraba más nervioso e irascible que nunca. ¿Cómo demonios iba a mirarla a los ojos después de la trastada que había hecho? ¿Por qué diantres no pudo dominarse? Pensar en ese momento le provocaba un agradable estremecimiento que posteriormente se desvanecía al pensar en las consecuencias. En todo lo que iba del día, no la había visto por ningún lado: no había estado en el gran comedor a la hora del almuerzo, ni en los pasillos y francamente dudaba que la mujer hubiese estado encerrada todo el día en la enfermería. No sabía donde estaba y por nada del mundo se lo preguntaría a Charity que, allí a su lado en la sala de profesores, disfrutaba de una taza de té mientras leía una revista y tarareaba una melodía, como si nada... ¿Y si se había ido? ¡No! No lo creía, no dejaría a Potter —pensó el profesor mientras se levantaba del asiento para asomarse a la ventana por quinta vez, pero afuera solo había mocosos estudiando a la sombra de los árboles o yendo de aquí para allá.
—¿Tienes púas en el asiento, Sev? —preguntó la jocosa Charity sin apartar la mirada de su lectura.
—¿Qué dices? —preguntó él con el ceño fruncido mientras se giraba para mirarla.
—Digo, pareces incómodo y cada tanto te levantas de ahí ¿Te sientes bien? —preguntó luego, esta vez mirándolo a los ojos.
—Estoy Bien.
—De todos modos siempre puedes visitar la enfermería —tanteó la mujer, tratando de no echarse a reír (desde que vio la reacción de Severus al mirar a Lindsey por primera vez, supo que le seguiría afectando)—. Recuerda que ahora no solo tenemos a Poppy sino a una medimaga con experiencia.
—Me encuentro perfectamente, Charity.
—Está bien... se nota, en fin... Cambiando el tema ¿Qué te parece todo este asunto del torneo? Los diarios y revistas no hablan de otra cosa.
—Es una payasada —respondió Snape mientras se servía té—. Sobre todo tomando en cuenta que aquí en Hogwarts nadie está debidamente preparado en Defensa Contra las Artes Oscuras. Compadezco al campeón de Hogwarts ya que le tocará enfrentarse a dragones y demás situaciones con las cuales no podrá lidiar.
—Ahí difiero de ti, mi querido amigo, porque el año pasado tuvimos a un maestro excelente y este año me parece que también. Los métodos de Moody son un tanto peculiares, según he escuchado, pero aún así los estudiantes están más que conformes y parece que el rendimiento se ha incrementado.
Severus le arrojó una mirada de desprecio que más bien la hizo reír.
—No sé en qué rayos estaba pensando Albus cuando decidió contratar a un hombre lobo y posteriormente a un loco paranoico para enseñar a los estudiantes. ¿Que seguirá el año viene? —dijo Snape, colocando su taza de té ya vacía y limpia junto a la tetera.
—Me conformo con que no sea un mortífago asesino —dijo Alastor Moody entrando en la habitación mientras miraba a Severus de arriba a abajo. Resultaba evidente que había escuchado el comentario desdeñoso y ardido del profesor de Pociones—. ¿Te imaginas lo peligroso que sería que un seguidor del llamado Señor Tenebroso esté a cargo de los estudiantes y nada menos que enseñando D.C.A.O?
Severus le lanzó una evidente mirada de furia y abandonó la habitación. Charity Burbage los miró a ambos con precaución (lo último que quería era que esos dos comenzaran un duelo ya fuese mágico o muggle) pero afortunadamente Severus optó por salir de la habitación, al parecer estaba demasiado furioso como para reaccionar a esa indirecta. Igual ella prefirió salir también porque de cualquier modo no le hacía ninguna gracia quedarse sola con Moody, había algo en ese hombre que no le agradaba. Alastor en cambio, parecía estar conforme con el hecho de no tener que compartir la sala de profesores.
—¡Sev! ¿A dónde vas? —preguntó Charity cuando pudo alcanzarlo.
—Falta muy poco para mi próxima clase así que voy bajando a las mazmorras.
—De acuerdo pero... Solo quería que supieras que no debes prestarle ninguna atención a lo que diga Ojoloco, después de todo ya está algo mayor y paranoico.
—Charity —dijo Severus deteniéndose para mirarla a los ojos—. Lo que ese cretino opine de mí me tiene sin cuidado. ¡Que tengas buenas tardes!
Mientras tanto, Lindsey estaba instalada en su nuevo hogar de Londres, valiéndose de su varita se aseguró de que todo estuviera perfectamente limpio y en orden para la llegada del asignado de servicios sociales, aunque el tiempo pasaba y no habían ni rastros de esa persona por la calle.
Lindsey cerró los ojos por un momento e imaginó como sería su vida durante los veranos en esa casa, junto a Harry, su sobrino, porque costara lo que le costara ella estaba determinada a ganar la guardia y custodia de Harry. Ella no quería por nada del mundo que el muchacho regresara junto a los Dursley porque estaba segura de que las únicas razones por las cuales Petunia litigaba su custodia eran por orgullo y por el simple hecho de no darles el gusto ni a Harry ni a ella (Lindsey)
No entendía como su hermana podía ser tan cruel y se preguntó constante como habría sido su crianza. ¿Acaso sus padres tendrían algunos favoritismos con Lily y por esa razón ella creció llena de rencor hacia su hermana? ¿O simplemente se trataría de un simple capricho de Petunia? Lindsey lamentaba profundamente la situación porque había llegado al país con tantos planes y entusiasmo al pensar que encontraría una gran familia dispuesta a recibirla con los brazos abiertos.
—A pesar de todo no se imaginan cuanto los extraño —dijo la muchacha volviendo a colocar sobre la chimenea un retrato de sus padres adoptivos que había tomado—. Incluso a ti —susurró luego pensando en Noah mientras se secaba una lágrima solitaria.
De pronto, a su memoria llegó el recuerdo del beso de la noche anterior. Con tanto ajetreo durante el día, no había tenido tiempo de pensar en eso. ¡Dios mío! Había tantas cosas que aún no sabía de sus hermanas ni de sus padres —pensó mientras tomaba asiento en el sofá con el rostro entre las manos, pero en ese momento, el timbre de la puerta llamó su atención, haciéndola sobresaltar.