Lindsey Cooper, la hermana de Lily

Desahogo

Que difícil era lidiar con esa situación. Severus cada vez se sentía más confundido. Odiaba sentirse vulnerable, detestaba que Lily no estuviese allí en lugar de su hermana y al mismo tiempo amaba tenerla cerca a ella. Pero estaba plenamente consciente de que había actuado mal al hablarle a Lindsey de esa forma, sabía que la había lastimado mucho y por esa razón, desde el mismo instante en que cerró la puerta en su nariz, la abrió de nuevo para disculparse pero al hacerlo comprobó que ella ya no estaba al otro lado del umbral, la observó correr, alejándose a gran velocidad mientras su llanto hacía eco en los muros de piedra... Entonces él también se dejó caer sobre la superficie de su escritorio, dejando fluir toda su tristeza y frustración... odiándose a sí mismo.

Era natural que ella estuviese llena de dudas y que quisiera conocer más de su hermana, pero Severus consideraba que ese hermoso pasado vivido entre Lily y él solo le pertenecía a ambos y que nadie más debía entrometerse. ¿Con qué derecho venía esa mujer a hacer conjeturas que amenazaban con arruinar la reputación de Lily? En el fondo Severus soñaba con que esas conjeturas hubiesen sido reales, pero también sabía que no tenían razón de ser pues la lealtad y honestidad siempre fueron unas de las cualidades más apreciadas de su amiga del pasado.

Al día siguiente Harry recibió una carta de Sirius. No la traía Hedwig sino otra lechuza.

Harry, ya estoy en el país. No te preocupes que estoy bien escondido y no corro riesgos. Dales saludos de mi parte a Ron, Hermione y a tu tía. No sabes las ganas que tengo de conocerla, no hago más que pensar en ese asunto. Si tan solo pudiera verla y comprobar que tanto se parece a tu madre. Sé que no mientes o exageras, pero por esa misma razón no dejo de pensar en el asunto.

Por favor, no dejes de mantenerme informado de todo lo que sucede en Hogwarts. ¡Ah! Y recuerda no utilizar a Hedwig porque podría ser peligroso, recurre a cualquier lechuza del colegio.

Harry leyó la carta y luego se la mostró a sus amigos. Estaba feliz de tener a Sirius cerca pero al mismo tiempo estaba preocupado. Aunque bastó la llegada de Cho Chan al gran comedor para que al niño que vivió se le quitaran todas las preocupaciones y solo pensara en lo hermoso que estaba el día afuera y lo mucho que se había iluminado el gran comedor con su presencia.

—Que se le puede hacer, el muy testarudo ya está en el país pero me parece que tiene razón al no querer usar a Hedwig, lo pondría en evidencia, ¿no lo crees, Harry?... ¡Harry! —dijo Hermione sonriendo mientras Harry se sobresaltaba. La muchacha miró a Ron que también estaba riendo, ambos se daban cuenta de lo que le ocurría a Harry.

—¡Ah! ¿Qué? ¿Me hablaban? ¿Qué les sucede?

—No, ¿qué te sucede a tí, Harry? No es la primera vez que nos dejas hablando solos y te le quedas mirando como lerdo a Cho Chan —respondió Ron riendo—. ¿Tanto te gusta?

—¡Ron! —lo reprendió Hermione, golpeándolo en el brazo con su servilleta de tela, aunque tampoco ella podía parar de reír, sobre todo al ver lo ruborizado que estaba Harry.

—Sí, digo no ¡Ya basta, Ron!

—Desde luego que te gusta esa chica, Harry, no puedes mentirnos a nosotros.

—¡Vaya! Así que te gusta alguien. Me gustaría conocerla —comentó Lindsey que llegaba junto a ellos en ese momento mientras le desordenaba el cabello a su sobrino.

Harry se sobresaltó de nuevo y Ron se desternilló más de risa.

—No, claro que no, tía, es solo que Ron... Ron... está mintiendo, es un bromista.

—No tendría nada de malo si así fuese, Harry.

—Sí pero en fin... ¡Mira! Me llegó una carta de Sirius —dijo Harry para evadir el tema, mostrándole la carta a Lindsey.

Ella la leyó y en su rostro se dibujó un semblante de preocupación.

—No debería haber venido —dijo en susurros, acercándose más a los tres—. Podría ser peligroso para él. El profesor Dumbledore dice que el ministerio todavía lo busca.

—Bueno, al menos dice que está en un lugar seguro. Me gustaría que lo conocieras pero... sería demasiado peligroso que el viniese.

—Estoy de acuerdo contigo, Harry —respondió Lindsey, devolviendo la carta, luego suspiró hondamente y continuó—: Bueno, hoy es domingo y hace un estupendo día, a pesar de que ya comienzan los vientos otoñales, así que, si no tienen tarea que hacer será mejor que después del desayuno vayan a dar un paseo por los jardines.

Su voz sonaba apagada y su sonrisa era triste.

—¡Espera un segundo, tía! ¿Te sucede algo?

—No, mi cielo, descuida. Quizá solo amanecí un poco melancólica. Eso es todo.

—Si quieres podemos dar un paseo tú y yo después de desayunar.

Ella asintió.

—Como quieras, mi sol.

Así lo hicieron, después de desayunar, Lindsey y su sobrino dieron un largo paseo por los jardines, deteniéndose de vez en cuando a aspirar un poco de aire fresco, aunque a ratos una ráfaga de aire frío les recordaba que el otoño estaba muy cerca en verdad. Lindsey le ajustó la capa a Harry mientras él sonreía. Le resultaba tan extraño como maravilloso que ahora contara con alguien que lo cuidara tanto como lo hacía la señora Weasley en su casa y que además este alguien fuese tan parecido a Lily, su madre.

—Oye, Harry —dijo Lindsey mientras tomaba asiento en una banqueta, a su lado—. Cariño, yo... pues quisiera saber si tú... bueno si... ¿Me quieres?

Harry guardó silencio durante algunos segundos en el cual su tía aprovechó para añadir algo más. Desde luego que la quería pero no esperaba su pregunta y sospechaba que algo tenía que ver con su evidente estado de ánimo decaído.

—Porque quiero que sepas que yo te adoro, Harry, tan solo por saber qué llevas mi sangre y al ver lo bueno que eres. Deseo todo lo mejor para ti, mi cielo y... bueno, es por eso que quiero saber si... si de verdad te gustaría ir a vivir conmigo porque no quiero obligarte ni que te sientas comprometido...



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En el texto hay: enemistad amistad amar en silencio

Editado: 13.04.2026

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