Lindsey tomó a Harry de la mano y se dirigió sin demora hasta el despacho de Dumbledore. Ella estaba casi convencida de que Petunia no podía hacer nada pero quería estar completamente segura. No iba a dejar que su hermana arruinara la navidad de Harry y su oportunidad de participar en el baile.
Cuando llegaron a la escalera se toparon con Snape que evidentemente venía saliendo de la oficina del director. Como de costumbre parecía malhumorado pero Harry notó que al percatarse de la presencia de Lindsey relajó el semblante. La saludó con un asentimiento de cabeza y un lacónico «Buenas tardes» y siguió su camino. Lindsey le respondió de la misma manera pero se quedó observándolo por unos segundos mientras este se perdía de vista entre un mar de alumnos por un pasillo.
Cuando Harry y su tía llegaron a la oficina del director él no hizo más que reírse al leer la carta. Aquella reacción desconcertó a Harry pero por otro lado lo relajó. Si él encontraba motivos para reírse entonces no habría nada de qué preocuparse.
-Ella no puede hacer nada al respecto, Harry. Puede quejarse todo lo que quiera pero tú no te moverás de aquí este diciembre -dijo el director.
-Es impresionante hasta donde llega esta mujer tan solo para intentar salirse con la suya. ¡Qué obstinada es, por Dios! -se quejó Lindsey.
-Pero ¿y si ella va y se queja con el juez? ¿Si él ordena que me lleven con ella?
-Ella podría alegar que yo secuestré a Harry? -preguntó Lindsey un poco nerviosa.
Dumbledore volvió a reír.
-Nada de eso -respondió con un gesto de la mano para restarle importancia al asunto-. Conozco a tu hermana, Lindsey y sé que ella no querrá llamar demasiado la atención y correr el riesgo de que descubran nuestra condición porque hacerlo representaría una vergüenza para los Dursley.
-Eso es cierto -afirmó Harry con una sonrisa-. Creo que solo quiso molestarnos.
-Y sí que lo logró. -confesó Lindsey, ya más aliviada.
Dumbledore abrió una de las gavetas de su escritorio y extrajo una caja de galletas de limón, la abrió y les ofreció el contenido.
-¿Quieren galletitas de limón? Están deliciosas.
Ambos aceptaron gustosos, en efecto lo estaban.
-¿Y bien? Cambiando el tema ¿Cómo se preparan para el gran evento que tendremos? He de suponer que ambos ya tienen pareja.
Harry se atragantó de pronto con su galleta y Lindsey comenzó a palmearle la espalda para ayudarlo a recuperarse. Dumbledore sonrió divertido aunque trató de disimularlo.
-Todavía no -respondió Harry cuando pudo hablar.
-¡Vaya, Harry! Y yo que supuse que a estas alturas debías haber recibido cientos de propuestas, lo mismo que tú, bella Lindsey, ¿o me equivoco? ¿Ya tienes pareja?
Harry agradeció que la atención del director ahora se concentrara en su tía. Ella sonrió y negó con la cabeza.
-Esto sí que es una sorpresa -comentó Dumbledore dando una palmada-. De todos modos estoy seguro de que muy pronto ambos encontrarán a alguien con quién ir. Imaginen no tener pareja para bailar cuando Las Brujas de Macbeth comiencen a tocar... ¡Cielos! Creo que hablé de más. No debí revelarlo eso.
-¿Las Brujas de Macbeth? -preguntó Harry contrariado. Jamás había oído hablar de ellas.
-Bueno, ya que lo mencioné no tiene caso que lo oculte. Es una banda de esas que les gustan tanto a los jóvenes. Les envié una carta para ver si podían presentarse en el castillo para esa fecha y me contestaron que sí, así que bueno, acabo de enviar al profesor Snape a encontrarse con el líder de la banda en Hogsmeade para finiquitar detalles.
-Sí, es una banda de fama internacional, Harry. A mí me encantan.
Lindsey no pudo evitar reír al imaginar a Snape coordinando la presentación con el líder de una banda de Rock. Con razón estaba tan malhumorado.
-¿De qué te ríes, Lindsey? -preguntó el director.
-No tiene idea de la envidia que siento del profesor Snape en este momento -respondió ella con sinceridad-. Poder estar frente a Wagtail Myron...
-¡Cielos! De haberlo sabido te habría enviado a ti en lugar de a él. Al pobre en cambio no le hizo mucha gracia, pero enserio necesitaba su ayuda porque Minerva y yo nos estamos encargando de otras cosas que también tienen que ver con el baile y el torneo. Son tantas cosas las que hay que organizar.
-Siendo así no le quitamos más tiempo, profesor. Muchas gracias -dijo Lindsey levantándose de su asiento. Harry la imitó.
-Fue un placer recibirlos y recuerden que no tienen nada de qué preocuparse así que pueden disfrutar de los días que nos esperan en sana paz.
-A propósito del baile, profesor... Usted... bueno ¿usted ya tiene con quién ir? -preguntó Lindsey.
-¡Por la barba de Merlín! Si tan solo me hubieses preguntado eso ayer habría estado encantado de poder acompañarte al baile, querida Lindsey pero a estas alturas ya estoy comprometido. Le pedí a Minerva que me acompañara, pero no te preocupes que las propuestas no tardarán en lloverte. A menos que tu belleza los intimide y entonces tengas que ser tú la que tome la iniciativa como hiciste conmigo -respondió el director guiñándole un ojo.
-¡Qué cosas dice, profesor! -respondió Lindsey riendo.
Cuando salieron del despacho Harry miró a Lindsey.
-No irás a ir con ese sujeto desagradable, ¿o sí?
-¿Te refieres a Noah? ¿Bromeas? Prefiero ir sola o hasta no ir que hacerme acompañar por ese idiota -respondió su tía tranquilizándolo.
No obstante, en la mente de la medimaga se fue fraguando una idea que tal vez no le agradaría al muchacho, algo que unos meses atrás no hubiese imaginado hacer.
En Hogsmeade Severus estaba aliviado de haber salido ya de Las Tres Escobas donde tuvo que esperar un tiempo considerable antes de reunirse con el greñudo líder de la banda y su manager. El primero con pinta de andrajoso aunque con aires de importancia mientras dejaba en claro de vez en cuando las exigencias de la banda (entre ellas un camerino insonorizado con cuatro elfos dispuestos a atenderlos) El segundo, vestido con elegante túnica solo se dedicó a hablar de números: Cuanto tiempo duraría la presentación, Cuantas canciones incluiría el repertorio y lo más importante... el precio.