Al fin llegó el día de navidad. Lindsey despertó temprano, se desperezó y descubrió con una agradable sorpresa que había un montoncito de regalos a los pies de su cama. Así que se levantó y fue a echarles un vistazo.
Había uno de Harry que fue el primero que ella abrió: Se trataba de una botella de perfume de jazmines como la que ella usaba. El de Dumbledore fue una fotografía enmarcada donde aparecía un montón de gente pero entre ellos estaba Lily Potter. Al dorso de la fotografía, donde tenía el cordel para colgarla había una inscripción con los nombres de los presentes en el retrato bajo un título que decía:
Orden del Fénix.
A Lindsey le encantó ver esa foto e incluso le dio un beso a la imagen de su hermana sin poder evitarlo.
Otro de los paquetes era de Charity que le regaló un espejo de medio cuerpo. En la tarjeta su amiga afirmaba que este no era cualquier espejo sino uno que aprobaba o desaprobaba la apariencia y además daba consejos para combinaciones de ropa o maquillaje, aparte de decir frases alentadoras a cualquiera que se reflejara en él.
También recibió una caja grande con pastelillos de la Sra Weasley además de un suéter de lana tejido por ella misma con una gran letra L. ¡Qué mujer más simpática! —pensó Lindsey.
Hagrid también le dio una caja pero con bombones de licor, y la profesora McGonagall le regaló una bufanda de tela escocesa.
De Sirius recibió una carta preciosa que ella se dispuso a leer enseguida.
Lindsey, no te conozco aun en persona (lamentablemente) y por lo tanto no sabría que regalarte, tampoco quería precipitarme a enviarte cualquier cosa para salir del paso. Pero sí quería decirte que de tu parte he recibido el mejor regalo y es tu sola presencia en el castillo. Harry me dijo que lo cuidas en todo momento, que te preocupas por sus deberes y cumples a cabalidad con el rol que pretendes tener desde que llegaste, el de su protectora.
Espero honestamente que ganes ese juicio porque si yo no pude tener a Harry conmigo por razones obvias, me complace muchísimo que alguien tan cercano a él y sobre todo alguien que desea su bien y que cuida tanto de él como lo haces tú lo tenga.
Lamento profundamente no poder ir a declarar a tu favor como me hubiese gustado pero estoy más que seguro (por todo lo que Harry me ha contado) que lo ganarás, así que no debes afligirte por lo que diga la tonta de Petunia Dursley, solo está ardida.
Me gustaría muchísimo ver a Harry de nuevo y sobre todo verte a ti, sería como ver de nuevo... ¡Disculpa! Pero sería tan extraño y maravilloso a la vez.
Espero poder verlos a ambos muy pronto.
Que pasen una maravillosa navidad y espero que disfruten mucho del baile.
Con cariño........
De un gran amigo.
—Sí que debiste ser un gran amigo para los padres de Harry —comentó Lindsey sonriendo, conmovida ante la carta—. También me gustaría conocerte.
Después de responder la carta, cuando Lindsey salió de su habitación hasta la enfermería, tanto ella como la señora Pomfrey se dieron el regalo mutuamente. Lindsey le dio un libro llamado Los mejores cien hechizos para curar fracturas e inflamaciones, y la señora Pomfrey le regaló otro titulado: Prácticas muggles que se pueden implementar en la sanación mágica.
En la habitación de Harry él también se encontraba bastante entretenido con sus regalos y con Dobby que había ido a visitarlo. No pudo evitar comparar los dos regalos de sus tías: El de Petunia un miserable pañuelo de papel, mientras que el de Lindsey consistía en un relicario de oro que al abrirlo tenía una fotografía de ella.
En la tarjeta la pelirroja escribió:
Feliz navidad, mi cielo. Espero que luzcas este relicario esta noche y que lo lleves en todo momento para que siempre me tengas en tu corazón. Yo tengo uno igual con tu fotografía.
Te quiere con el alma.
Tía Lindsey.
No es que le sorprendiera el valor monetario del regalo sino el valor sentimental que representaba. Mientras Petunia le había dado un miserable pañuelo de papel claramente a modo de burla, Lindsey le daba un relicario con su fotografía para llevarla en su pecho. Resultaba más que evidente que Tía Petunia estaba ardida no solo por lo del litigio sino porque él la había rechazado tajantemente en su petición de ir a su casa por navidad y con justa razón.
A la hora del almuerzo después de que Lindsey enviara la carta para Sirius ella se fue al gran comedor. Cuando se vieron tía y sobrino se dieron un gran abrazo y Harry rió divertido cuando Lindsey le entregó además una bolsa grande llena con caramelos y bombones de chocolate tanto a él como a Ron y a Hermione.
—¡Cielos! Tía Lindsey cree que somos niños —comentó Harry tratando de esconder de Cho Chan la colorida bolsa pues ella lo saludaba desde la mesa de Ravenclaw.
—No importa, están deliciosos —comentó Ron metiéndose un par de caramelos en la boca.
—Es un gesto muy lindo de su parte —añadió Hermione enternecida.
Al menos ver la sonrisa de Harry y el relicario en su cuello había distraído a Lindsey del desagrado que le provocó escuchar a la patética Colette quejándose junto a su prima de la comida de Hogwarts. A ambas les parecía una calamidad que la comida del castillo fuese tan pesada. Era cierto que la comida de Beauxbatons era más ligera que la de Hogwarts pero eso no quería decir que por comer la comida del castillo no fuesen a entrar en la túnica o el vestido, todo era cuestión de comedirse y ya.