Línea De Culpa

Capítulo 4 — La grieta

Clara Ríos no quería volver.
Se notaba en la forma en que se sentó.
En cómo evitaba mirar a Vega.
En ese leve temblor en las manos que intentaba ocultar cruzando los brazos.
—Dijiste que no hablabas con Tomás —empezó Vega, sin rodeos—. Pero lo llamaste tres veces la noche del asesinato.
Silencio.
Clara no respondió.
—21:52. 22:03. 22:06 —continuó—. ¿Querés intentarlo de nuevo?

Clara tragó saliva.
—Lo llamé, sí.
—¿Por qué mentiste?
—Porque no quería estar acá.
—Ahora estás —dijo Vega—. Y esto recién empieza.
La presión
Vega no levantó la voz.
No hacía falta.
—¿Fuiste al departamento?
Clara dudó.
Ese segundo fue suficiente.
—Sí.
Primera verdad completa.

—¿A qué hora?
—Antes de las diez.
—¿Antes de las diez o a las diez?
—No sé… —su voz se quebró apenas—. Llegué y ya estaba alterado.
Eso no estaba en su declaración anterior.
—¿Alterado por qué?
Clara negó con la cabeza.
—No me lo dijo.
Mentira.
Se notaba en la forma en que evitó la mirada.
—Clara —dijo Vega, inclinándose apenas hacia adelante—. Esto no es sobre si lo mataste o no.
Eso la hizo mirarlo.
—Es sobre qué pasó ahí adentro.

Silencio.

Más largo esta vez.
Más pesado.
La fisura
—No era el mismo —dijo finalmente.
Vega no interrumpió.
—Estaba… nervioso. Como si estuviera esperando que algo pasara.
Coincidía con la reconstrucción.
—Discutimos.
—¿Por qué?
Clara cerró los ojos un segundo.
—Porque le pregunté por ella.
Vega no necesitó aclarar.
—¿Lucía?
Clara asintió.
—No era la primera vez que aparecía.
Eso era nuevo.
—¿Qué te dijo Tomás?
—Que no me metiera.
—¿Y vos?
Clara soltó una risa seca.
—Nunca fui buena para no meterme.

El momento

—¿Se pusieron violentos?
—No.
Respuesta rápida.
Automática.
Vega la dejó flotar unos segundos.
—Clara…
Ella apretó los labios.
—No.
Pero ahora sonaba diferente.
Más débil.
—Entonces explicame esto —dijo Vega, deslizando una foto sobre la mesa.
La silla volcada.
Clara la miró.
Y algo en su expresión cambió.
—Yo no… —empezó.
Pero no terminó.
—La empujaste —dijo Vega.
—No.
—La silla no se cae sola.
Silencio.
—Estábamos discutiendo —admitió—. Se levantó, yo también… se movió rápido.
—¿Y?
—Y la silla cayó.
Eso era creíble.
Pero no completo.
La verdad parcial
—¿Lo tocaste? —preguntó Vega.
Clara lo miró fijo.
—Sí.
Otra grieta.
—¿Dónde?
—Del brazo.
—¿Para qué?
—Para que me escuchara.
—¿Y te escuchó?
Clara negó lentamente.
—No.

Pausa.

—Estaba más preocupado por otra cosa.
La revelación
—¿Qué cosa?
Clara dudó.
Esta vez más.
—Por algo que había hecho.
Vega no se movió.
—¿Qué había hecho, Clara?
—No lo dijo… —susurró.
Mentira.
Pero ahora era distinta.
No era para protegerse.
Era para proteger algo más.
—Pero lo sabías.
Silencio.
Y entonces…
Clara levantó la vista.
—No —dijo—. Pero sabía que no era el único.
Eso cambió todo.

Cierre

Vega salió de la sala sin decir nada más.
Ramírez lo alcanzó en el pasillo.
—¿Qué tenemos?
Vega no respondió de inmediato.
Procesaba.
Ordenaba.
—Clara estuvo ahí —dijo finalmente—. Discutieron. Hubo contacto físico.
—Pero no lo mató.
Vega negó.
—No.
—Entonces…
Vega se detuvo.
Y lo miró.
—Esto no fue una sola discusión.
Ramírez frunció el ceño.
—¿Cómo lo sabés?
Vega pensó en la línea.
En la precisión.
En la calma después del acto.
—Porque alguien más llegó… —dijo—
cuando todo ya estaba roto.




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