Lineage Chronicle: First Hunt

El final d ela primera cazeria

RING.

El timbrazo cortó el aire. Chase sacó el celular del bolsillo, vio el nombre "Jake" parpadeando en la pantalla y sintió un nudo en el estómago. Aceptó sin pensar. —Hola.

La voz de Kline respondió al otro lado, fría y metálica: —Muy buenas tardes, joven Van Helsing, ¿qué quiere?

Chase tensó la mandíbula y endureció el gesto: —Ustedes saben lo que quiero.

—La propuesta es un intercambio entre su chico especial por el núcleo del corazón —fue directo Kline.

—¿El núcleo? No lo tenemos —mintió Chase, tratando de que no le temblara la voz.

—No sabes que lo tienes porque tu abuelo es astuto, así que ese es el trato: el chico por el núcleo y todos felices, ¿no te parece?

El silencio se hizo pesado. Chase miró a su abuelo y a Casey, buscando una salida. Abraham, con una mirada gélida pero segura, le hizo un gesto firme para que aceptara. —Ok —cedió Chase.

—Te enviaré las coordenadas para esta noche. Nos vemos. Kline cortó la llamada con un clic seco, sin dejar espacio para despedidas.

De inmediato, Abraham rompió la tensión y tomó el mando: —Hay que armar el plan.

—¿Qué plan? —Chase lo miró con el ceño fruncido, sin entender.

—Ese tipo, Kline, es inteligente. Por eso cree que nosotros, que somos cazadores, iremos de frente, rompiendo puertas. Pero él no sabe de nuestro as bajo la manga, que es tu amiga Casey.

Ella parpadeó, señalándose el pecho. —¿Yo qué?

—Tu "querida" tiene un rol importante y es salvar a tu amigo y posiblemente al mundo —explicó Abraham mientras sacaba de su campera unas pequeñas botellas que tintinearon entre sí—. Estas pociones me fueron muy útiles durante mis años mozos; permiten llegar a cualquier lado donde haya líneas ley.

Casey y Chase intercambiaron miradas extrañadas, mezcla de duda y curiosidad.

—Son corrientes de energía sobrenaturales, más tarde les explico —atajó el abuelo, impaciente—. Casey, el truco es tirarla sobre una pared y visualizar con fuerza a dónde quieres ir.

Chase seguía escéptico: —¿Y abuelo, cómo sabes que la llevará a donde está Joseph?

—Porque es científico. ¿Por qué crees que está en San Francisco? Su laboratorio debe estar asentado sobre una línea ley potente. Ahora a nosotros nos tocará hacer nuestra parte con el núcleo, así que tráelo, Chase.

—Entonces... ¿esta es otra mentira tuya? ¿No decirnos que tienes el núcleo?

—No es mentira, no me diste tiempo para mostrártelo —se defendió Abraham con media sonrisa mientras recibía el pesado objeto.

Ya en la seguridad de su mansión, Abraham irguió la postura, mostrando su verdadera naturaleza de líder, y sentenció: —Ahora mismo, este plan es la última forma que tenemos de terminar esto.

En el laboratorio de Kline, el ambiente era opresivo. Se escuchaban ruidos de sierras y golpes sordos. Kline continuaba haciendo de las suyas entre cuerpos inertes y nuevas criaturas que se retorcían.

—¿Por qué haces tanto ruido? Intento dormir —se quejó Jake desde su celda, tratando de ignorar el olor a químicos.

Kline salió de su sala de cirugías secándose las manos manchadas en un trapo. —Bueno, Jake, no todos tenemos tu superfuerza y, como ahora no puedo crear más bestias poderosas debido a mi plan, no me queda otra que crear más.

Señaló con orgullo a sus grotescas creaciones: —Saluda a mis ayudantes. Son mucho menos fuertes que los que conoces, pero son más ágiles y en cantidad son difíciles de manejar. Los hice con partes de otros monstruos. Espero sean lo suficientemente inteligentes para cumplir todas mis órdenes.

Kline caminó unos pasos, sus botas resonando en el piso estéril, y comprobó la hora. —Dentro de poco es el tiempo del intercambio; tú te podrás ir a casa y yo cumplir mi sueño.

Era la una de la madrugada. La niebla cubría el muelle cuando Chase y el Abuelo llegaron a las coordenadas. El lugar era una vieja planta industrial oxidada donde el aire apestaba a mar salado y a pescado podrido, acompañado por el graznido lejano de las gaviotas.

—Así que la vieja fábrica estaba sobre una línea ley —observó Abraham, palpando la energía del lugar.

—¿Qué, conoces este lugar, Abuelo?

—Claro, acá tuve un par de cacerías cuando era más joven. Y de vez en cuando, cuando estaba en funcionamiento, venía de escondidas con mis amigos. Entremos por la principal.

Al abrir la puerta chirriante, el olor a humedad los golpeó. Llegaron a la nave principal, un espacio vasto y oscuro que funcionaba como estacionamiento subterráneo. Abraham barrió las sombras con la mirada y su voz retumbó en el concreto: —Sé que nos estás mirando, hijo de perra, sal de ahí.

—Qué agudeza, Abraham. Joseph emergió de las sombras, flanqueado por sus secuaces.

—¿Qué pasó? ¿Te quedaste sin presupuesto para monstruosidades más imponentes? —lanzó Chase con sarcasmo, aunque su mano no se alejaba del arma.

Kline no se inmutó. —Serán menos fuertes, pero son más. Al chasquear los dedos, el sonido ecoico dio paso a una docena de criaturas que salieron de la oscuridad. —Son un buen seguro ante unos Van Helsing. Bueno, vamos a lo importante: ¿tienen lo que quiero?

—Sí. Abraham alzó el estuche y lo abrió. El brillo pulsante del núcleo iluminó sus rostros cansados.

—Excelente —dijo Kline, pasando un contador Geiger modificado para verificar su autenticidad—. Bueno, como no me mintieron, podemos proceder. Trae, como te dije, a Jake. Es hora de la acción.

En ese momento, Jake forcejeaba una última vez, sintiendo el metal morderle las muñecas. Las cerraduras eran demasiado resistentes. A punto de rendirse, escuchó un crujido. Al girar la cabeza, vio cómo el metal de una pared se deformaba y una puerta se abría, revelando a Casey cubierta de polvo.

—Funcionó y estoy viva —susurró ella, con los ojos abiertos de par en par.

—Casey, ¿qué haces acá? Es peligroso esto.

—Te vine a rescatar, tonto. Los chicos están haciendo su parte.




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