En la casa de Frank, el ambiente se había vuelto insostenible. Si la teoría era cierta, ya no estaban lidiando con simples asesinatos.
—Si todo esto es verdad, tenemos que ir al cementerio a verificar esos cuerpos ahora mismo. —Chase se mostró decidido.
El viaje en el auto arrancó en un silencio denso, pero a Chase le daba vueltas algo en la cabeza. Se inclinó hacia adelante desde el asiento trasero, asomándose entre Jake y Sabrina.
—¿Sabes, Jake? Hay una idea que no me deja en paz y no logro darle forma. Es sobre Ian... ¿Cómo es que conoce a Casey? Hago memoria y es imposible, nunca hablamos con él cuando ella estaba presente.
Jake apretó el volante y suspiró pesado, sin desviar la vista de la carretera oscura. Sabrina los miró a los dos, confundida por la repentina tensión que inundó el auto.
—Un momento, ¿quién es Casey? —Sabrina frunció el ceño—. ¿Y por qué parece que se van a pelear por ella?
—No estamos peleando —se adelantó Chase—. Es una amiga que hicimos cuando buscábamos a mi abuelo por primera vez. Después nos separamos. El punto es que Jake, me interrumpiste cuando quise preguntar.
Jake soltó una risa irónica por lo bajo.
—¿Quieres saber la verdad? Nosotros dos no nos separamos nada. Cuando quise dejarla en Los Ángeles, me suplicó que le enseñara a ser cazadora. Me insistió durante una hora seguida. Al final acepté y estuve un mes entrenándola a escondidas. No te quise decir nada porque sabía que, en ese momento, estabas cansado de la cacería.
Chase parpadeó, procesando el golpe.
—Bueno... prefiero escuchar eso antes que pensar que estaban juntos.
Jake ladeó la cabeza, levantando las cejas mientras miraba por el retrovisor.
—¿Estás loco? La considero una amiga, pero esa chica lleva la obsesión a otro nivel.
Chase se recostó de nuevo en el asiento, soltando el aire.
—Sí, en eso concordamos.
Llegaron al cementerio y el frío de la noche les pegó de lleno en la cara. Mientras Jake sacaba las palas del baúl, miró a Frank.
—Frank, ¿dónde dijo tu contacto que enterraron los cuerpos?
—Los tres primeros deberían estar cerca del mausoleo, pegados al linde del bosque. Allá debe ser.
Caminaron entre las lápidas hasta llegar a la tierra removida. Al ver la tumba, Sabrina se cruzó de brazos.
—¿Y cómo haremos esto? —Sabrina miró la tierra—. ¿Solo desenterramos y abrimos el ataúd? —¿Tienen alguna guía para identificar cadáveres no humanos? —Soltó una risa nerviosa.
—De hecho, sí. —Los chicos asintieron al unísono y con total seriedad, mostrándole una libreta de anotaciones. Sabrina los miró con cara extrañada.
—Bueno, Superhombre, es tu hora. —Chase le dio un par de palmadas en la espalda a Jake y le tendió la pala.
—Sí, sí, ya voy. —Jake tomó la pala a regañadientes.
Clavó la pala en la tierra congelada. Sin embargo, al concentrar su fuerza para el siguiente movimiento, sus sentidos parecieron agudizarse. Se detuvo en seco. A través del silbido del viento, su oído captó algo inusual a la distancia: el gruñido gutural de una bestia mezclado con una voz humana.
—Hay que ir al bosque. Hay alguien en problemas. —Jake tiró la pala.
Sin esperar respuesta, echó a correr hacia la oscuridad de los árboles, con los demás pisándole los talones.
Cuando llegaron al origen del ruido, se toparon con una escena extraña: un adolescente forcejeaba en el suelo contra una mujer vestida con ropajes oscuros y anticuados.
—¡Ayuda, esta mujer me quiere matar! —El chico se sacudió, logrando empujarla con una fuerza inusual para quitársela de encima.
La mujer retrocedió, llevándose una mano al brazo.
—Maldito lobo... me mordiste. —La mujer lo miró con veneno.
Sabrina agudizó la vista. En el cuello de la ropa de la mujer, distinguió un símbolo. El mismo que había visto en la habitación secreta.
—Chicos... es una bruja.
Al verse descubierta, la mujer se dio media vuelta y huyó hacia la espesura. Movida por un impulso ciego, Sabrina corrió tras ella.
—¡Sabrina, no vayas! —Chase se lanzó a perseguirla.
Cuando Chase finalmente la alcanzó, Sabrina ya había acorralado a la bruja en un claro. Estaban cara a cara.
—¿Dónde está mi abuela? —Sabrina dio un paso al frente, mientras la bruja se sostenía el brazo sangrante.
—No sabes de lo que me hablas, chica tonta. —La mujer apretó los dientes.
Pero algo andaba mal. La mordida del chico estaba haciendo efecto con una rapidez aterradora. La bruja cayó de rodillas, retorciéndose. La transformación fue brutal: sus huesos faciales crujieron, sus pómulos se ensancharon y un vello grueso brotó por sus mejillas, deformando sus rasgos humanos hasta convertirse en una criatura de aspecto repulsivo y furioso.
Chase reaccionó de inmediato. Empujó a Sabrina para que se quedara detrás de él y sacó su cuchillo de plata. Al ver el brillo del metal, la loba se lanzó al ataque. Chase logró esquivar los primeros zarpazos y, en un movimiento rápido, le asestó un corte en el costado. La bestia aulló de dolor, pero usando su fuerza descomunal, embistió a Chase y lo arrojó por los aires.
Su espalda chocó contra el tronco de un árbol, dejándolo sin aire y desarmado en el suelo. La loba, adolorida pero letal, vio el camino libre hacia Sabrina. La chica retrocedió hasta chocar contra otro árbol, sin escapatoria. La bestia se irguió frente a ella y levantó sus garras, lista para desgarrarla.
Sabrina cerró los ojos.
Dos detonaciones ensordecieron el bosque. Las balas impactaron directamente en el estómago y la cabeza de la criatura. La loba se desplomó en el suelo, muerta antes de tocar las hojas secas.
Sabrina abrió los ojos, temblando. A pocos metros, aún en el suelo y respirando con dificultad, estaba Chase, sosteniendo una pistola con ambas manos mientras un hilo de humo gris escapaba del cañón.
Jake y Frank llegaron al claro minutos después. Nadie habló. El bosque estaba quieto.