Frank se rascó la barbilla áspera, cruzándose de brazos frente a la incredulidad de la situación.
—Entonces, ¿un metal que viene del espacio como un meteorito y que puede anular la magia sería eso que tenemos que buscar?
Sabrina ni siquiera despegó los ojos del brillo de la pantalla de la computadora.
— yo no diría anular la magia, pero sí que es bastante útil contra ella.
El viejo policía soltó uno de sus típicos suspiros cansados.
—Chase, espero que tu antepasado no haya tenido algún tipo de esquizofrenia, porque estoy viejo para esto.
Jake, apoyado contra la pared de la cocina como era su costumbre, esbozó una media sonrisa.
—Frank, estamos peleando contra mujeres que hacen bolas de fuego con las manos. ¿Y esto te parece irreal?
—Yo confío en lo que ven mis ojos, chico —gruñó Frank, hundiéndose más en su postura.
Chase se ajustó los anteojos, interponiéndose antes de que la discusión siguiera escalando.
—Chicos, no importa si suena raro. Es lo único que tenemos como ventaja contra ellas. Además, Sabrina se pasó horas buscándola. Así que debemos tenerlo en cuenta. —Giró el rostro hacia la chica—. Sabrina, ¿Nathaniel dejó algún indicio de dónde estaría el metal?
Sabrina se frotó los ojos enrojecidos, levantando la vista por primera vez.
—Lo intenté buscar, pero el texto sobre la piedra es lo único que hay. Pero dejó algo interesante, y es que algunos de tus antepasados tenían la costumbre de ser enterrados con objetos en sus tumbas y dejar un símbolo que lo indicara.
Jake chasqueó la lengua y se encogió de hombros.
—Bien. Ahora tenemos que buscar su tumba, que capaz esté a tres metros bajo tierra.
Chase se frotó las manos, lleno de una confianza repentina.
—Es solo buscar la tumba más vieja. Tampoco será tan complicado.
Se sentó frente a la computadora y comenzó a teclear en los registros públicos sobre su antepasado. El silencio llenó la habitación por unos minutos, solo interrumpido por el sonido rápido de las teclas, hasta que Chase se echó hacia atrás en la silla, bufando. Se había encontrado con una pared; no había registros previos a 1750, y los pocos documentos que quedaban no nombraban a ningún Nathaniel Van Helsing.
Jake se asomó por encima de su hombro, con la burla pintada en la cara.
—¿Cómo era eso de que no iba a ser tan complicado, Chase?
Chase levantó las manos en señal de rendición, apartándose del teclado.
—Ok, hablé de más.
Frank se acomodó la chaqueta, pensativo.
—Por suerte, sé quién puede tener registros más detallados.
Pasaron veinte minutos de una espera tensa hasta que resonaron unos golpes en la puerta principal. Frank le abrió paso con un asentimiento.
—Bienvenido, Marvin. Gracias por venir y ayudarme.
El recién llegado se sacudió un polvo imaginario de las solapas.
—No es problema; es más, cuando dijiste que era por un Van Helsing, vine lo más rápido que pude.
Marvin entró directamente a la cocina y, de golpe, detuvo su marcha al encontrarse con los chicos.
—Hola, Marvin —contestó Jake con una sonrisa perezosa.
Marvin se acomodó las gafas, parpadeando sorprendido ante la multitud.
—Frank, ¿qué es esto?
—Son invitados importantes —señaló Frank con el pulgar—. Ella es Sabrina, es nieta de Meredith. Ya conoces a Jake, y acá está el chico que seguro querrás conocer... Él es Chase Van Helsing, nieto de Abraham.
Los ojos de Marvin se iluminaron al instante. Se adelantó para estrechar la mano de Chase con devoción.
—¿Eres un Van Helsing? Encantado de conocerte. —Pero enseguida su expresión cambió, volviéndose sombría hacia el expolicía—. ¿Les pasó algo a sus abuelos para tenerlos acá?
Frank se metió las manos en los bolsillos, ensombreciendo el rostro.
—Desaparecieron, Marvin, y creemos que las brujas tienen que ver; por eso necesitamos del conocimiento de un lorekeeper.
Sabrina ladeó la cabeza, jugando distraídamente con un mechón de su pelo.
—¿Podría saber qué tipo de ser es eso?
Mientras Marvin dejaba su pesado bolso sobre la mesa, se alisó el frente de la ropa, adoptando su mejor postura didáctica.
—Bueno, muchachitos, mi especie se dedica a la recolección de información para su almacenamiento. Por ejemplo, yo me dedico a recolectar datos sobre el ecosistema de Salem. Mi abuelo, el más grande lorekeeper que tuvo este pueblo, se dedicó a la historia de Salem y, además, fue un gran aliado de tu familia, Chase. Por eso estoy aquí.
Marvin sacó de su bolso un libro viejo. Sus tapas no parecían de cuero normal, sino de una extraña piel arrugada.
—Según me adelantó Frank, Nathaniel Van Helsing, el gran cazador de brujas, es sobre quien buscan.
Chase dio un paso al frente, tenso.
—Sí, buscamos su tumba, pero no hay información pública de él en ningún lado.
Marvin soltó una pequeña risa áspera, acariciando la tapa del tomo.
—Es normal. Según los datos de mi abuelo, los hijos de Nathaniel lo sepultaron en el bosque antiguo de Salem. Solo hay que buscar el símbolo en el árbol.
El viento cortante de Massachusetts los golpeó apenas abrieron las puertas del auto en las afueras de la ciudad.
Sabrina se ajustó la campera, mirando con aprensión la inmensidad negra de los árboles frente a ellos. No había ningún camino marcado; el Bosque Antiguo parecía una masa impenetrable de madera y sombras.
Jake dio un par de pasos hacia la maleza, cerró los ojos por un segundo y respiró hondo, dejando que el aire helado le llenara los pulmones. Sus sentidos agudizados captaron el olor a tierra húmeda y pino viejo.
—Yo voy primero —anunció Jake, abriendo los ojos y fijando la vista en la espesura—. Manténganse cerca, por si aparece algo.
El grupo avanzó en fila india detrás de él. El crujido de las botas contra las hojas secas era ensordecedor en el silencio sepulcral del lugar. Aunque apenas era media tarde, el sol no lograba penetrar el techo de ramas entrelazadas ni la densa cortina de niebla, tiñendo el bosque de una penumbra grisácea y fría. Los troncos gruesos y retorcidos parecían cerrarse a sus espaldas con cada paso, devorando cualquier rastro del mundo exterior.