Lineage Chronicles : Salem Cult

capitulo 9 : pasado y futuro

El eco de la voz de Chase todavía flotaba en la oscuridad cuando dieron los primeros pasos fuera de la escalera.

El haz de luz del celular apenas lograba rasgar la negrura absoluta de las catacumbas de Salem. El techo de piedra natural estaba plagado de raíces muertas que colgaban como sogas de horca petrificadas. A su alrededor, la roca viva se abría en múltiples ramificaciones, formando túneles irregulares que parecían tragarse la poca luz que tenían.

—Tu antepasado sí que se lució con el lugar de su muerte, Chase. —Jake admiraba el lúgubre interior.

Frank dejó escapar un silbido bajo, aferrando su pistola con más fuerza. —Viví toda mi vida en este pueblo y este lugar me sigue impresionando.

Sabrina se separó un poco del grupo, iluminando el recorrido con cuidado. Por ahora solo se distinguía un único camino viable para recorrer. Volvió al lado de Chase con el ceño levemente fruncido. —Al parecer tendremos que confiar en ese pasillo, porque no veo nada más.

—Si no nos queda de otra... —murmuró Frank.

—Escuchen —los interrumpió Chase—. Sabrina barrió el lugar y tendremos que avanzar. ¿Qué piensan ustedes?

—Sinceramente, no quiero ver qué cosas se esconden en este lugar —admitió ella, frotándose los brazos contra el frío—, pero no tenemos más pistas.

Entonces decidieron avanzar. Frank tomaría la delantera para cubrirlos.

Se adentraron por el túnel angosto en una tensa fila india. La luz de las linternas rebotaba contra la piedra húmeda y fría. El silencio era tan sepulcral que cada respiración, cada roce de la ropa contra las paredes, sonaba demasiado fuerte.

A los pocos metros de caminata, Chase detuvo el haz de luz de su celular sobre la pared de la derecha. —Miren esto... —murmuró, acercándose con cuidado.

Empotrado directamente en la roca viva, había un viejo farol colonial de hierro forjado. Estaba completamente oxidado, cubierto por una gruesa capa de polvo y telarañas. Frank iluminó el interior del receptáculo de metal. No había restos de velas ni mechas para aceite; en su lugar, el recipiente estaba lleno de una costra endurecida de polvo amarillento y blanco.

Caminaron durante otros diez minutos interminables. El aire se volvía cada vez más denso, asfixiante. A lo largo del pasillo, pasaron por al menos tres faroles oxidados más, todos con la misma inscripción bíblica tallada debajo, como advertencias fantasmales.

De repente, Jake levantó un puño cerrado, la señal táctica para detenerse.

Frank alzó el arma al instante, apuntando hacia la negrura que dejaban a sus espaldas. Sabrina y Chase contuvieron el aliento. —¿Qué escuchás, chico? —susurró Frank, sin mover un músculo.

Jake ladeó la cabeza. Tenía los músculos del cuello tensos y los ojos fijos en la oscuridad absoluta. —Pasos. —Su voz era un gruñido muy bajo—. Alguien nos sigue. Suenan como botas pesadas.

Chase iluminó el pasillo por donde habían venido. El haz de luz cortó la niebla de polvo, pero no había absolutamente nada. —No hay nada, Jake. —La voz de Sabrina era apenas un hilo.

—Les digo que lo escuché. Y no solo atrás... —Jake giró bruscamente hacia la pared de piedra a su izquierda—. También de este lado. Como si caminaran a la par nuestra del otro lado de la roca. No estoy loco, Frank. Conozco mis sentidos.

—Nadie dice que estés loco —respondió el viejo policía, apoyándole una mano en el hombro—. Solo... mantén la guardia, pero no dejes que el lugar te haga perder la cabeza. Mejor avancemos.

El grupo reanudó la marcha hasta que las luces de las linternas al fin divisaron el final del trayecto, pero el panorama no fue un alivio. Las catacumbas se abrieron de golpe en una caverna mucho más grande. Frente a ellos había dos túneles distintos por los cuales continuar; lo que los detuvo en seco fue el centro de la cámara: albergaba un enorme lago subterráneo de aguas negras y quietas.

—Este lugar es cada vez más raro. —Jake no dejaba de mirar el agua oscura.

—Agua subterránea... eso significa que estamos bajo una especie de cuerpo acuoso —dedujo Chase—. ¿Podés escuchar hacia dónde fluye o algo arriba de nosotros, Jake?

—Imposible escucharlo con todo este ruido que hay —se quejó Jake, masajeándose las sienes con frustración.

Frank lo miró, totalmente desconcertado. —¿Mucho ruido? Chico, acá hay un silencio sepulcral. No puedo escuchar ni mis propios pasos.

Mientras Jake y Frank discutían sobre lo que oían, Chase frunció el ceño. Se alejó unos pasos hacia las paredes de la caverna. —Sabrina, ilumíname, por favor.

Al acercarse a la roca, la luz reveló que la superficie era sumamente porosa. Chase apoyó la oreja directamente contra la piedra y logró percibir unas ligeras corrientes de aire silbando a través de los pequeños agujeros. —Eso es —murmuró Chase, dándose la vuelta—. Ya sé por qué no escuchás bien, Jake. Esto es una cámara natural de eco. Las paredes porosas permiten un libre flujo de aire y sonido que rebota y se amplifica por todos lados, como microcorrientes. Además, justamente eso contamina el aire; por eso tampoco podés distinguir el olor fácilmente.

Frank suspiró, bajando el arma. —Bien. Nuestra mejor herramienta para saber por dónde ir ahora no funciona.

Jake miró las dos bocas de los túneles que bordeaban el lago. —Tendremos que dividirnos en parejas, entonces.

Sin más alternativas, el grupo se separó frente a las oscuras aguas del lago: Jake y Chase tomarían un túnel, mientras que Frank y Sabrina se adentrarían por el otro.

El eco del lago subterráneo y la asfixiante cámara de sonido empezaron a quedar atrás a medida que se adentraban en el túnel oscuro. Jake soltó un largo suspiro, masajeándose el cuello con una mano. —Al fin un poco de silencio —murmuró, sintiendo que la presión en sus oídos disminuía a un nivel tolerable—. Empezaba a pensar que me iba a explotar la cabeza.

Esperó una respuesta de su compañero, pero solo escuchó el crujido de las botas contra la tierra suelta. Jake se giró. Chase caminaba un par de pasos más atrás, pero no estaba mirando al frente. Iba pegado a la pared izquierda del túnel, pasando el celular a escasos centímetros de la roca, con los ojos fijos en una aplicación de pantalla negra y números verdes que parpadeaban frenéticamente.




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