Lineage Chronicles : Salem Cult

capitulo 10 : confrontacion

El sonido pesado de una gran piedra deslizándose sobre la tierra rompió el silencio del bosque. La luz de las linternas contrastó con la oscuridad del hueco que acababa de abrirse en el pasto, y de allí se asomó una cabeza.

—Entonces acá es donde lleva la puerta de la tumba.

Jake subió a la superficie, se sacudió la tierra de la ropa y le avisó a Chase que estaba despejado. Chase emergió después, dejando atrás la vieja escalera de la catacumba, y miró a su alrededor preguntándose en qué parte del bosque habían salido. La respuesta llegó rápido cuando Jake levantó una mano pidiendo silencio y ladeó la cabeza.

—Escucho agua corriendo. Entonces acá es donde desemboca el río de las catacumbas. —Frunció el ceño, mirando la espesura—. Me pregunto a dónde habrá llevado el otro túnel...

El celular de Chase vibró antes de que pudiera responder. Lo sacó del bolsillo y sintió un alivio inmediato al ver el nombre en la pantalla.

—Hola, ¿están bien?

—Sí, pero no me vas a creer dónde estamos. —La voz de Sabrina llegó con un eco extraño, como si hablara desde un espacio cerrado y viejo—. El túnel nos llevó al cementerio de Salem.

Chase levantó las cejas.

—¿Dónde están ustedes?

—Volvimos al bosque. Posiblemente lejos del auto, así que esperamos no tener que caminar demasiado.

—Bien. Nosotros iremos directo a la casa. Vuelvan en una pieza, por favor.

Sabrina cortó la llamada. Chase guardó el celular y miró a Jake.

—Están bien. Hay que volver al auto.

Treinta largos minutos después, por fin divisaron la silueta imponente del Rey Árbol entre la niebla. Jake lo señaló sin frenar el paso.

—Por fin estamos cerca.

—Excelente. —Chase apretó la mano vendada contra el costado, sintiendo el pulso del dolor latir con más fuerza con cada paso—. Ya podría tirarme en el auto e ir al hospital.

Jake lo miró de reojo.

—Seguro. En el hospital no van a notar para nada que te hiciste un corte limpio con un cuchillo, y nos van a obligar a dar raras explicaciones.

—¿Y cómo se supone que solucione esto?

—Eso déjamelo a mí. —Jake le dedicó una sonrisa pícara y apretó el paso hacia el auto.

Ya junto al Charger, Chase se dejó caer en el asiento del acompañante mientras Jake abría el baúl. El alivio de sentarse duró exactamente tres segundos antes de que el dolor volviera a recordarle que la morfina estaba perdiendo efecto.

—Pensándolo ahora, ese corte es la cosa más ruda que te vi hacer. —Jake rebuscaba entre sus cosas sin asomarse—. Estoy impresionado. No te preocupes por el dolor, tengo algo excelente para eso.

Jake volvió a la puerta del auto y le mostró un pequeño botiquín negro con tijeras, suturas y, para sorpresa de Chase, una jeringa muy particular. La sostuvo a la altura de los ojos con evidente satisfacción.

—Acá está mi magia.

Chase la miró fijo.

—¿Qué es eso?

—Morfina.

—¿Morfina? —Chase abrió los ojos de par en par—. ¿De dónde la sacaste?

—No, sabes que mejor no quiero saber qué hiciste para conseguirla. Solo dámela.

Ya de vuelta en la casa, Jake se apresuró a cruzar el pórtico y abrió la puerta de un golpe, contagiado por la adrenalina.

—La tenemos —anunció extasiado, levantando la mano derecha para exhibir la roca con orgullo.

Sin embargo, el ambiente dentro de la vivienda no se correspondía en absoluto con su emoción. Frank permanecía aplastado en su sillón frente al televisor, sosteniendo una taza de café humeante, mientras Sabrina salía del pasillo terminando de cepillarse el cabello. Ambos los miraron con una parsimonia exasperante.

—Se los ve muy emocionados, por lo que veo —comentó Chase con ironía, arrastrando los pies detrás de su hermano.

—Hijo, tengo las articulaciones del pie completamente entumecidas, así que perdóname si no salto de la emoción —rezongó Frank, sin quitar los ojos de la pantalla—. Me daría más emoción preparar la comida, porque ya son las ocho de la noche.

Jake bdajó la mano, indignado por la falta de público. Frank le dio un sorbo a su café y sacudió la mano, restándole importancia al asunto.

—Esa maldita piedra tendrá que esperar a mañana, cuando Marvin vuelva de esa convención de coleccionistas. Vayan a descansar.

Después de cenar algo rápido, el silencio finalmente se apoderó de la casa de Frank. Las luces se fueron apagando una a una hasta que solo quedó el tic-tac del reloj del living y el viento golpeando suavemente contra las ventanas.

En su habitación, Sabrina se dio la vuelta en la cama, buscando una posición cómoda. El día había sido agotador, pero su mente no paraba de dar vueltas. Pensaba en los túneles oscuros del cementerio, en el cansancio en los ojos de Chase y en esa extraña piedra que ahora descansaba en la planta baja. Con esos pensamientos flotando, sus párpados se volvieron pesados y finalmente se quedó dormida.

El silencio de la habitación cambió. Ya no estaba en su cama.

Sabrina parpadeó y se encontró de pie en medio de una neblina densa y fría que le llegaba a las rodillas. No era su cuarto; el suelo bajo sus pies descalzos era tierra húmeda y hojas secas. El olor a pino y a lluvia la rodeó por completo. Estaba en el bosque, pero todo se veía de un color grisáceo, como si estuviera atrapada en una vieja fotografía.

—¿Hola? —llamó ella, pero su voz no produjo eco. El bosque parecía estar conteniendo la respiración.

De repente, la densa niebla frente a ella comenzó a abrirse, revelando las raíces retorcidas e imponentes del Rey Árbol. Pero algo andaba mal: las ramas crujían con un lamento sordo y las hojas vibraban como si el suelo estuviera temblando. El bosque se sentía asustado.

Entre las raíces gigantes, una silueta pequeña y oscura se materializó. Dos ojos amarillos y brillantes la miraron fijo desde la penumbra. El gato negro caminó perezosamente hacia ella, pero no emitió ningún maullido. En su lugar, una voz suave, profunda y cansada resonó directamente dentro de su cabeza, haciendo que su pecho vibrara:




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