Lineage Chronicles : Salem Cult

capitulo 11: el bosque

Llegaron al claro del Rey Árbol y de repente el ambiente cambió. El aire se volvió helado y un viento violento empezó a sacudir las copas de los árboles, haciendo crujir las ramas secas alrededor. Sabrina se encogió en su abrigo cuando un ruido fuerte de hojas rotas y ramas quebrándose se escuchó directo en los arbustos de enfrente. Chase reaccionó por puro instinto. Se plantó firme delante de Sabrina, estirando su brazo sano para dejarla atrás de su cuerpo mientras sacaba la pistola con la mano derecha. Apuntó a la oscuridad del arbusto con el corazón latiéndole en la garganta. La maleza se abrió lentamente. Chase contuvo la respiración, listo para disparar, pero lo único que salió de entre las hojas fue un gato negro. El animal caminó un par de pasos con total tranquilidad y se sentó sobre una raíz, mirándolos fijo con sus ojos amarillos. Chase no bajó el arma. —¿Qué hace un gato acá en medio de la noche? El felino parpadeó perezosamente, se lamió una pata, y de golpe una voz suave y profunda resonó directo en la cabeza de los dos, haciendo que el pecho les vibrara. —No soy solo un gato. Sabrina y Chase ahogaron un grito del susto, dando un paso atrás. Chase abrió los ojos de par en par. —¿Qué mierda? ¿Un gato que habla? El animal soltó un sonido que pareció un suspiro de alivio. —Por fin. Qué bueno que vinieron. Esperaba no tener que ir a buscarte, Sabrina. Sabrina se llevó una mano al pecho, procesando el impacto de escuchar la misma voz de su pesadilla. —¿Tú me conocés? El gato acomodó la cola alrededor de sus patas. —Sí, yo soy quien te llamó en el sueño. Soy un sylvian, un espíritu del bosque. Síganme. Hay cosas que explicar en el camino. Echó a andar entre los árboles sin esperar respuesta. Chase y Sabrina intercambiaron una mirada y lo siguieron. —Una pregunta. —Chase caminaba mirando al gato—. La primera vez que vinimos al bosque no nos topamos con ninguna criatura. ¿Por qué? El gato no se giró. —Porque no quisimos que nos vieran. Usamos nuestros poderes para ocultarnos de los intrusos. —Hizo una pausa breve—. Aunque para ser honesto, con los humanos tampoco hace falta demasiado esfuerzo. La mayoría suelen ser bastante estúpidos para darse cuenta de nuestra presencia. El gato saltó ágilmente sobre un tronco caído, guiándolos hacia una zona más profunda y oscura del bosque. —Al venir al bosque e interactuar con el Rey Árbol despertaron el miedo de las criaturas. Hay quienes quieren olvidarlo por temor a un enfrentamiento con los humanos, pero otros, como el gran ogro y los esqueletos, quieren castigarlos por meterse con el Rey Árbol. Chase apretó la pistola sin darse cuenta. —Busqué la ayuda de tu abuela, pero no logré contactarla. Entonces recurrí a ti, Sabrina. —Bueno, soy nueva en esto. No sé cómo podría arreglarlo —dijo Sabrina. —Si convences a los demás, el ogro no tendrá respaldo para buscar pelea. —El gato se detuvo frente a una enorme cortina de lianas—. Ya llegamos. La apartó con la cabeza. Detrás de la vegetación se abría un claro circular oculto por una niebla baja y pesada. Chase y Sabrina contuvieron la respiración al dar el primer paso al frente. El claro estaba lleno de siluetas extrañas y ojos brillantes que parpadeaban en la penumbra. Varias criaturas del bosque se encontraban reunidas en un concilio silencioso, y en cuanto los vieron entrar, el murmullo de la naturaleza se apagó por completo. Todos los ojos se clavaron en ellos. No eran las criaturas aterradoras que se habrían esperado. Había figuras pequeñas, no más altas que una rodilla, con piel del color de la corteza y orejas largas y puntiagudas. Entre ellos se movían espíritus que tomaban la forma de ramas y hojas, tan bien camuflados con el bosque que costaba verlos hasta que parpadeaban. Ninguno parecía agresivo. Solo curiosos. Y asustados. El gato saltó al frente del grupo. —Criaturas del bosque, les presento a Sabrina, nieta de la bruja Meredith. Vino en paz, no a hacer daño. Un murmullo recorrió el claro. Una de las figuras pequeñas, un gremlin con musgo creciendo en los hombros, dio un paso al frente. —¿Por qué viene ella y no su abuela? Sabrina tragó saliva y respondió antes de que el gato pudiera hacerlo por ella. —Porque no sé dónde está mi abuela. Vinimos al bosque a buscar algo que nos ayude a encontrarla. El silencio que siguió fue distinto al anterior. Las criaturas se miraron entre ellas con algo que no era miedo, sino sorpresa genuina. El gremlin del musgo volvió a hablar. —¿Meredith desapareció? Sabrina asintió. Otro murmullo recorrió el claro, más inquieto esta vez. Entonces el suelo tembló. Las criaturas pequeñas se apartaron en silencio, abriéndole paso a algo mucho más grande. El ogro entró al claro seguido de un grupo de esqueletos que cargaban huesos viejos como si fueran armas. Era enorme, de casi tres metros, con una masa de piedra colgando de una mano como si no pesara nada. Sus ojos pequeños y amarillos barrieron el claro hasta posarse en Chase y Sabrina. —Parece que hay problemas en el mundo humano también. —Su voz retumbó, haciendo callar a todo el concilio—. No podemos dejar que simples humanos perturben el Rey Árbol. No podemos soportar más destrucción e intromisión en nuestro lugar de vida. Ya tenemos suficiente con ser objetivos de los cazadores. Chase no se achicó. Dio un paso al frente tapando a Sabrina y sacó la piedra de la mochila para que todos la vieran. —Solo vinimos a buscar esto. —La sostuvo en alto sin que le temblara el pulso—. Esta piedra nos servirá para luchar contra nuestros enemigos y salvar a Meredith. El ogro entrecerró los ojos. Dio un paso al frente. —¿Un metal del bosque? —Su voz se volvió más lenta, más peligrosa—. ¿Y creen que no sé para qué usan los humanos los metales contra nosotros? El hierro. La plata. —Se giró hacia las demás criaturas—. ¿Y ahora traen uno nuevo? ¿Quién nos garantiza que no seremos los próximos? El murmullo del claro cambió de tono. Las criaturas pequeñas retrocedieron. El ogro levantó su masa. —Esto se acaba de raíz. Vamos a pelear. Chase guardó la piedra en el bolsillo y se giró hacia Sabrina, hablándole rápido y en voz baja. —Tengo una idea para esto. Antes de que ella pudiera preguntar qué idea, Chase se volvió hacia el ogro con una calma que no tenía ningún sentido dada la situación. —Bien, grandulon. Peleamos. Pero en campo abierto. Y salió corriendo hacia la zona abierta del bosque sin esperar respuesta. El ogro rugió y lo siguió con sus esqueletos pisándole los talones. El gato, de un salto ágil, se subió al hombro de Sabrina. —Es hora de que uses tu magia. Sabrina empezó a correr detrás de todos. —Soy una estudiante de secundaria. No tengo magia. El sylvian se llevó las patas a la cabeza. —Ay no, metí la pata de nuevo. Mientras el sylvian se lamentaba y entraba en pánico en su mente, Sabrina divisó el final de la arboleda. Salió de entre los troncos hacia el lugar abierto y vio a todos listos para el enfrentamiento en medio de la llanura. El campo abierto ya era un desastre. Había esqueletos desarmados por el suelo y Chase estaba parado en el centro de la llanura con una espada que claramente no era suya, la respiración agitada y el brazo herido apretado contra el costado. Estaba sangrando un poco más de lo que debería, pero se mantenía de pie. El ogro lo miró desde su altura con algo que se parecía al respeto. —Reconozco tu fuerza, humano. Eres un buen cazador. Chase asintió, recuperando el aliento. —Gracias. Y pensó, sin decirlo, que era una suerte haber aceptado el entrenamiento de su abuelo. Sin eso ya estaría en el piso. —Pero para ser más justo —el ogro soltó la masa al suelo con un golpe que hizo temblar la tierra—, solo usaré mis manos. Lo que siguió fue distinto. Sin la masa, el ogro era más rápido de lo que parecía, y cada golpe que lanzaba movía el aire como una ráfaga. Chase esquivaba lo que podía y buscaba el momento para asestar uno con la espada, pero el ogro le cerraba los espacios antes de que pudiera aprovecharlos. Sabrina dio un paso hacia el combate. El sylvian le habló directo en la mente. —¿Qué vas a intentar hacer si no tienés magia? —No puedo quedarme parada viendo cómo pelea solo. —No podras tenerla Pero podrías usar la mía. —El gato la miró fijo con sus ojos amarillos—. Hagamos un contrato sabrina Sabrina abrió la boca para responder, pero en ese momento Chase encontró el hueco que buscaba. Giró el cuerpo y asestó un golpe limpio con la espada en el costado del ogro. La criatura rugió, más de furia que de dolor, y con un solo movimiento del brazo mandó a Chase varios metros hacia atrás. El chico aterrizó en el pasto y tardó un segundo en levantarse. El ogro se acercó despacio. —Has peleado bien. Pero es hora de terminar. Sabrina miró a Chase en el suelo y extendió la mano hacia el gato sin decir nada más. El sylvian apoyó su pata sobre la palma de ella. Una luz los envolvió a los dos, blanca primero y después morada, tan brillante que el ogro frenó y Chase levantó la vista desde el suelo sin entender qué estaba pasando. Cuando la luz se asentó, el gato tenía un aura morada pulsando alrededor de su cuerpo. Abrió la boca y lanzó una bola de fuego espiritual que cruzó el campo entero y golpeó al ogro de lleno en el pecho, tumbándolo hacia atrás. Chase se sacudió la cabeza, se levantó y volvió a agarrar la espada. El ogro intentó recomponerse, apoyando una mano en el suelo. Levantó la vista y encontró al sylvian mirándolo desde el hombro de Sabrina. —¿Por qué hiciste un contrato con ellos? Se supone que estás con el bosque. —Ellos buscan a Meredith. —El gato no se movió—. No les interesa el bosque. Confío en ella para demostrarlo. Por eso peleo. Chase se acercó al ogro. —Deberías escucharlo. El único que busca conflicto acá sos vos. Nosotros solo queremos traer a nuestros seres queridos de vuelta. Sabrina se acercó también, con Salem todavía en el hombro. —El conflicto solo va a agravar el problema que creamos acá. Pero no tendremos problema en seguir si es la única forma de entendimiento que tenés. El ogro miró a su alrededor. Los esqueletos no avanzaban. Las criaturas medianas tampoco parecían entusiasmadas con continuar. Se arrodilló despacio, con un puño en el suelo, y los miró a los tres. —Acepto la derrota. Pueden tener mi vida si así lo desean. Chase bajó la espada y le dedicó una sonrisa sincera. —Yo preferiría un apretón de manos. Tampoco algo tan extremo. El gigante asintió lentamente y miró al chico con genuina curiosidad. —Por favor, permíteme tu nombre, joven cazador. —Emm... bueno, soy Chase. Chase Van Helsing. —Se acomodó los anteojos con el brazo sano. Los ojos amarillos del coloso se abrieron un poco más. —Con razón tenías esa valentía para luchar conmigo. Me siento honrado de haberme enfrentado a un Van Helsing. —También fue un honor enfrentarte. —Chase bajó la vieja espada—. ¿Tienés algún nombre? —Soy Hastur, quinto linaje de mi clan. El ogro extendió su enorme mano y Chase la estrechó con firmeza. Ambos sellaron el pacto con un apretón que cerró la noche de una vez. Ya de vuelta en la casa, Chase y Sabrina cruzaron el porche arrastrando los pies, agotados por la falta de sueño y el esfuerzo físico. Pero en cuanto encendieron las luces del living, se encontraron con una sorpresa: Jake y Frank estaban ahí sentados, esperándolos. —¿Se puede saber a dónde fueron? Ya son las seis de la mañana —rezongó Frank. Jake los miró un segundo y después miró a Chase. —¿Y más importante... el auto está bien? —Sí, no te preocupes. Toma. —Chase sacó el manojo del bolsillo y le tiró las llaves. Jake las atrapó en el aire desesperadamente, abrazándolas contra el pecho. Chase tomó aire para empezar a explicar, pero Frank soltó un chillido que lo cortó en seco. —¡¿Qué hace un sucio gato en mi casa y de dónde salió?! El sylvian acababa de saltar del hombro de Sabrina para acurrucarse con total parsimonia en el sillón especial de Frank. Frank se le acercó indignado. El gato ni se inmutó. Parpadeó y su voz resonó en la cabeza de los tres hombres al mismo tiempo. —Mi pelaje debe estar más limpio que tu barba. Jake se frotó los ojos con fuerza. —Debo estar dormido todavía. —No seas malo con Frank —intervino Sabrina—, solo tiene que acostumbrarse. —¡Par de mocosos! ¡Exijo una explicación que no me deje en el manicomio! —Frank se llevó las manos a la cabeza mientras el gato se lamía una pata en su sillón. Chase caminó hacia Jake y le dio una palmada en el hombro. —Es una historia larga. Solo sé que ahora es la mascota del grupo. Jake miró al animal, después a Chase, y se encogió de hombros. —¿Un gato que habla de mascota? Puedo vivir con eso. —Hizo una pausa—. ¿Cómo lo vas a llamar? Sabrina se agachó al lado del sillón y le rascó la cabeza al sylvian detrás de las orejas. —Salem. Me gusta ese nombre. El espíritu del bosque cerró los ojos y, por primera vez desde que lo conocieron, empezó a ronronear.




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