Lineage Chronicles : Salem Cult

capitulo 13 : infiltracion

El skyline de Boston apareció entre la niebla cuando Frank tomó la salida de la autopista. Sabrina lo miró desde el asiento del acompañante: edificios altos, avenidas anchas, una escala que Salem no tenía. Era como pasar de un dibujo a la fotografía.

—Ahí está —dijo Frank, reduciendo la velocidad.

El Empire Club ocupaba toda una esquina. Eran dos pisos de fachada negra con luces de neón violetas que pulsaban incluso de día. Una fila de gente joven serpenteaba por la acera. La tarjeta que habían encontrado en la casa de Jerry de repente parecía más seria.

—Era más chico —dijo Frank, casi para sí mismo.

—¿Cuánto más chico? —preguntó Jake.

—Bastante.

Les dio veinte minutos para que esperaran en una cafetería mientras él hacía el reconocimiento de los alrededores. Volvió con tres sobres delgados y una dirección anotada en el reverso de un recibo.

—Acá tienen los pases VIP y las identificaciones —les dijo, dejándolos sobre la mesa.

—¿Cómo conseguiste todo esto? —preguntó Chase.

—Aún tengo conocidos de mi época aquí.

Jake abrió su sobre y frunció el ceño mirando el documento con indignación.

—¿Por qué a ellos les pusiste dieciocho y a mí veintitrés?

—¿Y cuál es el problema?

—¡Que tengo diecisiete!

Frank lo miró un momento de arriba abajo con total parsimonia.

—Cuando te vi por primera vez, pensé que tenías más de veintitrés.

Jake se quedó callado, sin saber qué responder a eso.

Sabrina encontró algo en una tienda del centro en menos de diez minutos: un vestido negro, sencillo, del tipo que no llamaba la atención. Estaba mirándose en el espejo del probador cuando el pensamiento llegó sin aviso.

Edith sabía cosas. Sobre su madre, sobre ella.

Y los chicos no sabían nada.

No es el momento, se dijo a sí misma. Edith no había intentado hacerle nada, pero tampoco sabía cuáles eran sus verdaderas intenciones. Después del club, cuando todo esto terminara, les contaría. O tal vez no. No tenía sentido preocupar al grupo con algo que, quizás, no era nada.

Se miró una vez más en el reflejo, respiró hondo y salió del probador.

Ya en el pequeño hotel de paso, Frank los reunió a los tres alrededor de la única mesa de la habitación.

—Ustedes entran primero. Hacen reconocimiento: aprenden cómo está distribuido el lugar, dónde están los guardias, dónde tiene sentido que esté Jerry. Nada más por ahora. —Sacó tres dispositivos pequeños, casi invisibles, y los puso sobre la madera—. Auriculares. Canal cerrado entre los cuatro. A la hora indicada me comunico, y en ese momento un contacto mío me abrirá la puerta trasera para entrar. Para ese instante, ustedes ya tendrían que haber burlado la seguridad y prepararse para el rescate.

El interior del club era un asalto directo a los sentidos. El aire olía a alcohol caro, humo artificial y perfume dulce. Cientos de jóvenes de su misma edad saltaban y reían bajo los haces de luces estroboscópicas que cortaban la penumbra. Para ellos, acostumbrados a la tranquilidad y que solo conocían el descontrol por el lado sobrenatural, supuso un verdadero esfuerzo no arrastrar los pies y aparentar que eran simples universitarios buscando diversión.

Se acomodaron en una mesa céntrica, simulando observar el ambiente. Los auriculares inalámbricos que Frank les había dado zumbaban en sus oídos con estática.

—Voy a hacer una recorrida visual —avisó Jake por el intercomunicador, intentando sonar relajado mientras se acomodaba la remera nueva—. La barra tiene buena vista de los accesos.

Jake caminó hacia la barra, tratando de actuar natural. Se apoyó en la barra de madera pulida y, entornando los ojos, afinó la vista hacia las escaleras que bajaban al VIP. El rastro de colonia barata que había olido en la casa de Jerry volvía a aparecer de a ratos entre el gentío. En ese momento, vio a dos custodios de traje parados junto al cordón de terciopelo. Al acomodarse los sacos, el movimiento delató la silueta inconfundible de armas de fuego bajo el brazo.

—Muchachos, tenemos un problema —susurró Jake por el auricular, pero antes de que pudiera dar detalles, dos chicas bastante lindas con vestidos brillantes se posicionaron a sus costados, acorralándolo contra la barra.

—Hola, lindo. ¿Estás solo? —le preguntó una de ellas, sonriéndole demasiado cerca—. ¿No quieres venir a tomar algo con nosotras?

Jake se quedó helado, completamente fuera de su elemento.

—Eh... hola. O sea, gracias, pero estoy esperando a... —Empezó a decir, pero una de ellas lo tomó firmemente del brazo y lo llevó hacia una mesa cercana donde los saludaba otro grupo de chicas.

En el olor de las mujeres, Jake detectó de inmediato que ya estaban borrachas. Se tensó aún más al notar que los guardias de la entrada VIP habían clavado los ojos en lo que estaba pasando.

—Chase, Sabrina... Esos dos tipos de la entrada están armados y tienen la colonia de la casa —avisó Jake a toda prisa por el micro—. Tengo demasiadas miradas encima para acercarme yo. Es hora de que pasen a la acción. Ustedes improvisen.

—Claro —dijo Chase—. Vamos.

Ambos vieron a Jake alejarse con las chicas hacia la zona de las mesas.

Chase sacó el celular de inmediato e intentó encontrar cámaras o algo que le diera acceso visual a los salones interiores para hackear el sistema. Sabrina, por su parte, tenía en la mano la copa de cortesía que le habían ofrecido al entrar. Escuchaba a Chase renegar con frustración porque no encontraba nada vulnerable, mientras miraba a la gente que bailaba cerca de la entrada VIP. Entonces miró su copa, se la tomó entera de un solo trago y se levantó de la silla justo cuando empezaba a sonar una música lenta.

—Tengo una idea. Vamos a la pista —dijo Sabrina.

—¿Bailar ahora? —preguntó Chase, arqueando una ceja.

—Sí, cerca de ellos.

—Buen plan.

Se abrieron paso entre la multitud y se acomodaron para bailar la canción. Sabrina no esperaba que Chase supiera moverse con tanta soltura en un lento.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.