Lineage Chronicles : Salem Cult

capitulo 14 : sentimientos encontrados

La noche en Salem era fría y la niebla cubría la calle. En su habitación, Sabrina intentaba conciliar el sueño por tercera vez, pero no había caso. Las imágenes seguían revoloteando por su cabeza, recordando la sensación exacta de ese momento. Se miró la mano, apretó el puño y lo volvió a abrir. Aún le costaba procesarlo: era una bruja, como su abuela.

—¿Qué se supone que debo hacer ahora? —murmuró, tapándose la cara con el brazo.

Tomó el celular para ver la hora. En la pantalla vio los números, pero también el fondo: ella y su abuela. Varios pensamientos fluyeron de golpe, como si hubieran abierto una canilla, pero en cuanto apagó la pantalla, solo quedó uno.

¿Me esconderías tu mundo aun si fuera como mamá?

Tiró el celular contra las sábanas. —Mierda, ¿por qué me pasa esto ahora?

—Porque la vida de los humanos es así de mala —dijo Salem, materializándose de pronto sobre el pecho de Sabrina.

—Salem, pensé que estabas dormido. —Me despertó el mar de emociones en el que te convertiste. —Perdón. Es que tengo muchas preguntas y pocas respuestas sobre lo que le está pasando a mi vida últimamente.

—Lo de tu magia sí fue una revelación —comentó el sylvian—. Los bigotes me vibraron mucho ese día. La última vez que me pasó fue cuando apareció esa gran bruja.

—¿Gran bruja? ¿A quién te refieres? —La mujer que apareció en tu casa. Gran bruja es el título que ostentan brujas de gran nivel. Meredith también lo posee.

Sabrina pensó en Edith y recordó sus últimas palabras. Se levantó de un salto, revolvió el cajón y rescató el papel. Después atrapó el teléfono. Salem seguía cada uno de sus movimientos desde la cama.

—¿Qué piensas hacer? —Lo que siempre hago. Buscar respuestas.

Sabrina salió por la ventana de su habitación y caminó por las frías y neblinosas calles de Salem. Eran las 5 de la mañana y el pueblo dormía, ajeno a ella. Se perdió en sus pensamientos hasta que uno le llegó de lleno en la cara: el cartel de la cafetería. En la puerta, una mujer salía con un vaso de café en la mano.

Sabrina se acercó. —Gracias por venir, señora Edith.

—No hay problema, para eso te di la tarjeta. ¿Quieres caminar o entramos a comer algo? —Es algo más personal lo que quiero hablar.

—Entiendo.

Edith tiró el vaso vacío y empezaron a caminar.

Los primeros minutos fueron silenciosos. Sabrina se sentía invadida por una falta de expresión, sin saber cómo encarar la conversación. Edith notó su tensión y esbozó una leve sonrisa.

—Personal es una palabra muy amplia —dijo—, pero viéndote ahora, creo que sé lo que significa. Tu chispa, por fin la siento. ¿Es eso lo que querías hablar?

Sabrina detuvo su paso. Sintió una liviandad extraña y solo pudo decir que sí. Edith le señaló un banco cercano.

—Cuéntame todo. Y Sabrina pudo sacarlo.

—No sé qué hacer. No esperé que mi vida se convirtiera en esto, y mi abuela no está, no atiende el teléfono y… —¿Y? —dijo Edith, esperando. —No quiero esperar a que mi abuela decida confiar en mí para darme una respuesta.

—Entonces no esperes, Sabrina —dijo Edith con una voz suave pero firme—. Yo en su momento tampoco lo hice, a pesar de los reproches de tu abuela cuando habíamos terminado la primaria.

Se puso de pie. —Si tenés dudas, la clave es Gallows Hill. —¿Gallows Hill? ¿La colina de Salem? ¿Cómo me ayudaría eso?

— Gallows fue la academia a la que fuimos tu abuela y yo . Un lugar para que las brujas novicias aprendan a controlar sus poderes. Sirve como refugio neutral para todas las chicas como vos. Mi misión es que cada bruja pueda alcanzar su máximo potencial y disfrutar de la magia.

Sabrina quedó pasmada. —¿Misión? Se levantó del banco. —¿Qué tiene que ver usted con esto?

La sonrisa de Edith se ensanchó, pero esta vez tenía un brillo distinto, mucho más magnético. Se inclinó hacia adelante.

—Permíteme presentarme como es debido, querida —dijo, acortando la distancia entre ambas con ademán solemne—. Soy Edith Wollstonecraft. Soy la directora de la Academia Gallows Hill.

Un silencio cayó entre las dos. —Sabrina —dijo Edith con voz dulce, tomándole la mano—. Si te lo digo es porque estoy convencida de que, si aprendes a controlar esa chispa que llevas adentro, podrías ser una gran bruja. Una más poderosa que nosotras.

Sabrina se quedó sin aliento. El suelo desapareció por un segundo bajo sus pies y su mente fue a mil, sin saber qué pensar ni qué decir.

—No necesito un "sí" en este mismo instante —añadió Edith, poniéndose de pie con elegancia y soltando sus manos suavemente—. Pero las inscripciones cierran mañana. Es tu futuro, así que espero que lo pienses bien.

Sabrina volvió en sí. —Señora Edith, yo… —Mejor dime, Edith. —Lo pensaré, Edith.

Edith dio media vuelta y comenzó a alejarse.

—Excelente. Entonces nos vemos mañana.

Edith se dio vuelta para irse. Levantó una mano a modo de despedida y, con una sonrisa traviesa, dijo:

—¡Ta da!

Eran las diez de la mañana cuando Sabrina se despertó con un bostezo. —Espero que hoy sea un día más tranquilo —murmuró para sí misma.

—Haces mucho ruido al despertarte —dijo una voz.

Sabrina se dio vuelta para ver de dónde venía. Era Salem, que se había materializado y ahora estaba recostado sobre la cómoda. —Tus ronroneos tampoco son silenciosos —retrucó Sabrina—. De igual manera, ¿por qué estás acá ahora?

Sabrina se levantó para ir hacia el espejo y cepillarse el pelo. A sus espaldas, Salem saltó a la cama.

—¿Estás lista para ir a esa academia? —Salem, aún no es hora para hablar de eso —dijo ella, deteniendo el cepillo a mitad de camino.

—Sabrina, es la única pista que tienes para encontrar a tu abuela. El tiempo ya está corriendo. —Lo sé, pero no es fácil. —Lo que no va a ser fácil es decírselo todo. A Chase —dijo Salem, con un tono travieso.

—Deja de molestarme —replicó Sabrina, agarrando una almohada y tirándosela.




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