Lineage Chronicles : Salem Cult

capitulo 18: viaje

La casa de Frank estaba más animada que de costumbre aquella mañana. En la sala, Jake sostenía frente a Casey la caja de madera que Jerry había entregado.

—Casey, esto es lo que te conté. Según el antepasado fantasma de Chase, un arma enviada por Dios.

—¿En serio se la dio Dios?

—Bueno, en realidad era un meteorito que cayó del cielo, pero tampoco podemos culpar a un hombre de 1600.

Casey observó la caja con curiosidad.

—¿Y tiene algún nombre, además de ser un metal que vino del cielo?

Jake se quedó pensando unos segundos.

—Ehhh… listo, ya lo tengo. Casey, contemplá el hierro meteórico.

Abrió la caja con una sonrisa orgullosa.

—Muy original, Jake —comentó Chase desde la mesa mientras tomaba café.

—¿Qué tiene? Es un buen nombre. Solo que eres un amargado.

Casey se inclinó para mirar el interior.

—¿El metal son unos anillos?

—¿Anillos? —repitieron Jake y Chase al unísono.

Chase dejó la taza sobre la mesa y se levantó. Jake giró la caja para que pudiera observar mejor.

Efectivamente, dentro descansaban tres anillos oscuros, atravesados por pequeñas vetas plateadas.

Chase tomó uno y se lo puso. Lo contempló durante unos segundos antes de acercarse a Jake y presionar el anillo contra su brazo.

Jake bajó la mirada hacia el anillo y después observó a Chase con una expresión extrañada.

—Ojalá funcione —dijo Chase.

—Casey, ¿me podés sostener esto, por favor?

—¿Para qué?

—Necesito tener las manos libres.

Casey tomó la caja. Apenas Jake tuvo las manos desocupadas, le dio un golpe a Chase en el hombro.

Frank estaba terminando su llamada cuando escuchó el grito de dolor. Entró rápidamente en la sala y encontró a Chase sobándose el brazo mientras Jake recuperaba la caja de las manos de Casey.

—Dejen los juegos para otro momento. Tengo noticias.

—¿Buenas o malas? —preguntó Casey.

—Ambas. Identifiqué al hombre de la dirección que nos dio Morrigan y sé exactamente dónde vive. Lo malo es que ninguno de mis contactos está cerca de él.

—Entonces… —dijo Casey.

—Tendré que ir personalmente.

Chase dejó de sobarse el brazo y lo miró preocupado.

—¿tu? Frank, no podés viajar solo a otro estado. Es peligroso.

—¿Y qué esperas que hagamos, chico? ¿Que crucemos todo Massachusetts en auto los cuatro para llegar a Luisiana? Déjenme encargarme de esto. Ustedes son más necesarios acá.

Jake permaneció en silencio durante unos segundos. Después dejó la caja sobre la mesa y se plantó frente a Frank.

—Tiene razón en las dos cosas. No podemos viajar todos y tampoco tiene sentido perder tantas horas por carretera.

—Pero… —Intentó intervenir Chase.

—Por eso voy a acompañarlo yo.

Jake rodeó los hombros de Frank con el brazo derecho y sonrió.

—Preparate, Frank. Vas a viajar por líneas ley.

Frank giró lentamente la cabeza para mirarlo.

—¿Líneas qué?

Ya preparados, Jake y Frank estaban dentro del auto. Casey permanecía afuera, cerca de la puerta del garaje.

Frank miró hacia la puerta cerrada.

—Entonces, ¿el plan es atravesar mi garaje?

—En resumen, sí —respondió Jake.

Jake bajó la ventanilla para mirar a Casey.

—¿El garaje ya está listo?

—Sí —respondió ella.

—¿Tú quieres hacer los honores ?

—Por supuesto.

Jake le entregó la dirección y la poción.

—Bueno, espera mi señal.

Jake puso primera. Al escuchar el motor, Frank empezó a ponerse nervioso.

—Jake, ten cuidado con lo que haces.

—Aún estás a tiempo de desistir del viaje.

Jake fijó la vista en la puerta del garaje.

—Casey, ahora hazlo.

Como si lanzara una pelota de béisbol, Casey arrojó el frasco contra la puerta. El vidrio estalló y el líquido se expandió sobre la superficie, formando un vórtice brillante que empezó a tragarse la madera.

El Charger se lanzó contra el portal y desapareció dentro de él.

Durante un instante, todo fue oscuridad y luces que pasaban alrededor del auto a una velocidad imposible. Frank cerró los ojos y apretó los dientes, convencido de que en cualquier momento iban a chocar contra algo.

Al cruzarlo, el aire frío de Massachusetts fue reemplazado por pequeñas gotas de lluvia y un calor húmedo que anunciaba que habían llegado a Nueva Orleans. El portal los había llevado hasta una carretera estatal.

El auto apareció en lo alto de una bajada. Las ruedas delanteras perdieron contacto con el asfalto y Frank abrió los ojos justo cuando el vehículo parecía caer hacia el vacío.

—¡Estamos cayendo!

El Charger aterrizó con un golpe seco y continuó descendiendo por la carretera. Jake corrigió el volante sin perder el control.

Frank permaneció inmóvil, con una mano sobre el pecho.

—Solo fue una pequeña bajada —dijo Jake.

—Mi corazón no es adivino —respondió Frank.

Jake redujo la velocidad y observó el entorno. A ambos lados de la carretera había árboles cubiertos de musgo y terreno empapado por la lluvia. A lo lejos se alcanzaban a distinguir algunas casas, pero ninguna parecía corresponder con la dirección.

—Por lo menos llegamos al lugar correcto.

Frank bajó un poco la ventanilla. El aire cálido y húmedo le pegó en la cara.

—Nunca pensé que extrañaría el frío de Salem tan rápido.

Jake consultó el GPS y tomó el siguiente desvío.

—La casa está a quince minutos.

Continuaron por una carretera cada vez más angosta hasta que el asfalto dio paso a un camino de piedras rodeado por árboles enormes. Al final apareció una propiedad cercada por rejas negras. Detrás se alzaba una casa antigua de dos pisos, con columnas claras, balcones de hierro y ventanas altas cubiertas por cortinas oscuras.

Jake frenó frente al portón.

—El tipo vive bien para alguien que no atiende llamadas.

Frank sacó el papel que Morrigan les había entregado y comprobó el número de la propiedad.




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