Lineage Chronicles : Salem Cult

capitulo 22: peligro oculto

Sabrina estaba recostada en su cama, con los brazos cruzados detrás de la cabeza y la vista fija en las vigas del techo, tras otra extenuante clase de magia. Su mente era un nudo constante intentando ordenar cómo abordar a Edith sin levantar sospechas, pero había un detalle fundamental que se le escapaba: por más que repasaba las palabras, el nombre exacto de aquel tomo no le salía.

Khaenomicon.

Salem se materializó con pereza sobre las mantas, estirando las garras delanteras. Sabrina giró la cabeza de golpe.

—¿Lo conoces?

—Poco. Escuché su nombre de boca de antiguos espíritus hace mil años, y es todo lo que sé —el sylvian se lamió una pata con desinterés—. Pero si de verdad quieren saber si Edith todavía está interesada en él, o si ya lo tiene en sus manos, tendrá que sacarle información ella misma.

Sabrina respiró hondo, se puso de pie y salió al pasillo. Se detuvo frente a la puerta del despacho de la directora y dio dos golpes suaves con los nudillos.

La puerta se abrió enseguida. Edith la recibió con una sonrisa cálida y un gesto afable.

—Adelante, Sabrina. ¿Cómo se está adaptando a Gallows Hill? ¿Le está gustando la academia?

—Sí, mucho —respondió Sabrina, midiendo el tono—. Me fascinó la historia de las brujas, en especial todo lo referente a Serenity. Estuve buscando en la biblioteca sobre su famoso grimorio, pero casi no hay registros; ni siquiera encontré cómo se llamaba.

La expresión de Edith cambió con una chispa de complicidad. Dio un paso atrás, cerró la puerta con cuidado y clavó sus ojos en la joven.

—¿Está lista para conocer un secreto de las brujas?

Se acercó a su escritorio y apoyó las palmas sobre la madera.

—He dedicado prácticamente toda mi vida adulta a rastrearlo y a prepararme. Su verdadero nombre es Khaenomicon: Ignis Castigarum. No se sabe con certeza si la propia Serenity lo escribió, pero lo que sí es un hecho es que se requiere un poder descomunal, o la fuerza de un aquelarre entero, para invocar lo que contiene.

—¿Por qué tiene un subtítulo? —indagó Sabrina, atenta a cada detalle.

—Esa es la parte más fascinante de mis hallazgos —los ojos de Edith brillaron con algo parecido a la ambición—. El subtítulo indicaría que el Khaenomicon no es un tomo único, sino uno de varios. Y cuando lo tenga en mis manos, Sabrina, esta academia va a hacer historia en el mundo de las brujas.

Antes de que pudiera continuar, el eco metálico de la campana resonó por todo el corredor.

—La clase —murmuró Sabrina, retrocediendo hacia la salida—. Tengo que irme.

En el mundo exterior, el sol apenas se asomaba tras los árboles cuando Casey y Chase esperaban frente a la fachada de la casa. Un rugido de motor quebró la calma: el auto de Jake frenó a un costado y él bajó de inmediato, azotando la puerta del vehículo.

—Qué bueno que el soldado se dignó a venir —soltó Chase, cruzándose de brazos.

—Ni se les ocurra empezar a pelear ahora —Casey se interpuso con severidad—. Bastante me costó convencerlo de que viniera.

—Hagamos esto rápido —zanjó Jake, pasando de largo.

De una sola patada seca, reventó la cerradura y empujó la puerta de entrada. Chase avanzó hacia el interior como si nada, mientras Casey se llevaba una mano a la frente, resignada ante los métodos de ambos.

—En la visión que me dio el libro, sentí con claridad que siguen acá adentro —dijo Casey mientras recorrían el pasillo.

Llegaron hasta la sala secreta. Chase se detuvo en el centro, recorriendo con la vista los estantes, las botellas y los muebles.

—Si están en esta casa pero no en un lugar visible... ¿dónde carajo los metieron?

—Con todas las porquerías que colecciona esta anciana, ¿acaso no tendrá un sótano espeluznante como los raros de tu familia? —ironizó Jake—. No sería imposible.

A Casey se le iluminó el rostro.

—Jake, el piso es de madera. Tus sentidos, ¿no puedes escuchar o sentir si hay espacio más allá de los tablones?

Jake se agachó y apoyó la palma abierta contra el suelo, cerrando los ojos para concentrarse.

—Siento una corriente de aire muy baja pasando por debajo, pero la madera es demasiado gruesa. No alcanza.

Chase entendió la idea al instante. Se desplazó por la habitación dando golpes firmes y rítmicos con el talón sobre la madera, para que las ondas sonoras se propagaran en busca de un hueco. Recorrió varias zonas hasta que, cerca de una esquina, el golpe devolvió un eco hueco.

Jake levantó la cabeza de golpe.

—Ahí. Hay algo abajo.

Se puso de pie y analizó la disposición del cuarto.

—La mejor forma de ocultar un acceso pesado es ponerle algo encima que nadie sospeche.

Caminó directo hacia un enorme armario de roble, apoyó el hombro y lo empujó con fuerza, arrastrándolo a un lado. Debajo quedó al descubierto una trampilla de madera con un cerrojo de hierro. Tiraron de la manija y una escalera de piedra descendió hacia un túnel oscuro y húmedo.

Los tres bajaron en silencio, dejando atrás la casa para adentrarse en las profundidades de la cueva. El túnel serpenteaba bajo tierra hasta desembocar en una caverna amplia donde el suelo estaba cubierto por un pastizal extraño.

En el centro del claro subterráneo destacaba una estructura vegetal insólita: un gigantesco bulbo que pulsaba con una luz azulada y tenue.

Jake se acercó sin dudarlo y le dio un toque con la punta del pie.

—¿Qué hace? ¡No lo toque! —Chase tensó el cuerpo.

Antes de que Jake pudiera responder, la superficie del bulbo crujió suavemente. Los gruesos pétalos luminiscentes comenzaron a desplegarse hacia los lados como una flor abriéndose a la noche, disipando un vapor frío y revelando, recostados en el centro, en un sueño profundo e inmóvil, a Meredith y Abraham.

Chase contempló el interior del bulbo con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Sus abuelos yacían inmóviles, sumidos en lo que parecía un profundo trance de estasis mágica.




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