Lineage Chronicles : Salem Cult

capitulo 23: el culto de salem

El silencio en la casa de Frank pesaba más que cualquier tiroteo. Meredith permanecía sentada al borde del sillón con el rostro hundido entre las manos, quebrada en un llanto que no lograba contener. Abraham se acercó despacio y apoyó una mano firme sobre su hombro. Ella no aguantó más el dolor: se arrojó a sus brazos y apretó la tela de su abrigo entre los dedos.

—Esto es nuestra culpa, Abraham. Mira lo que le pasó a Frank...

Abraham apretó la mandíbula, con la mirada fija en el suelo, tragándose la culpa.

Un chasquido metálico cortó el momento de golpe. Jake terminó de encajar el cargador de su nueve milímetros con un golpe seco de la palma y recorrió la habitación con los ojos, la frialdad quirúrgica de siempre instalada en su cara.

—Se terminó el espionaje. Es hora de entrar a la academia.

En las mazmorras subterráneas de Gallows Hill, la piedra rezumaba una humedad helada. Sabrina estaba encerrada en una celda enrejada, vigilada de cerca por dos alumnas de guardia con túnicas oscuras.

Unos pasos firmes resonaron por el corredor. Eliza apareció frente a los barrotes. Sabrina se puso de pie despacio y la encaró desde el otro lado de la reja.

—Así que construyo un gran aquelarre para conseguir el libro y tomar la academia ?

Eliza soltó una risa suave y despectiva.

—Un aquelarre ya es un concepto viejo, Sabrina. Por eso creé lo que yo llamo el culto de Salem. ¿Te acuerdas de mi clase? Solas podemos ser destruidas, pero juntas, cosas grandiosas. Con nuestro poder, por fin podremos superar a los no mágicos y reinar sobre los hombres, cumpliremos el sueño de nuestras hermanas ishtarianas.

—¿Quiere hacer un genocidio humano? Está loca.

—Solo soy una visionaria. Espero que, para el final de nuestro plan, tú y Edith puedan unirse a nosotras como hermanas.

—¿La directora está viva?

Eliza ya le daba la espalda, alejándose hacia la penumbra.

—Claro que sí. Después de todo, una hermana no debería matar a otra hermana.

Dio media vuelta con elegancia y se marchó, dejando atrás el eco de sus pasos, para prepararse de cara a la noche del ritual.

En la casa de Frank, el grupo terminaba de prepararse contra reloj. Uno por uno, se fueron colocando los anillos de hierro meteórico en los dedos.

Chase rompió la quietud con la duda que no lo dejaba en paz.

—Meredith... ¿quién es exactamente Eliza? —Se ajustó el aro metálico en el dedo—. ¿Cómo pasó de profesora de una academia a liderar toda una organización de brujas homicidas?

Meredith detuvo sus manos un momento, respiró hondo y clavó la vista en los chicos, dejando que la memoria pesara en sus palabras.

—En nuestros tiempos, Eliza era apenas una niña. Una novicia recién llegada cuando yo ya estaba en cuarto año en Gallows Hill.

Se pasó una mano por la cara antes de continuar.

—Cuando nosotros empezamos a investigar, sabíamos que había una líder detrás de todo esto, pero no teníamos ni rostro ni nombre y Cuando nos quedamos sin pistas, me confié pensando que la academia seguía siendo un lugar seguro. Me infiltré en la bóveda de los archivos históricos y usé mi magia para absorber información. Así descubrí que Eliza y otra antigua alumna, Ember, compartían el mismo apellido. Era su hermana mayor.

—¿Y qué problema hay con que fuera su hermana? —preguntó Jake.

—Que Ember fue una de las brujas del 74. Yo estudié con ella desde el primer año. En esa época las diánicas estaban sumamente radicalizadas por los acontecimientos de esa epoc y el alzamiento del feminismo humano, para tercer año varias terminaron expulsadas por su comportamiento.

Mientras hablaba, Meredith les trazaba runas de ocultamiento con ceniza en los brazos para poder cruzar las defensas mágicas de Gallows Hill. Jake se ajustó un chaleco antibalas equipado con portacuchillos y fundas para pistolas. Con pintura blanca se trazó en el pecho el símbolo de las tres garras y se puso la campera de Frank por encima.

Chase lo miró desde la puerta, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—Vamos a entrar a una academia de brujas, Jake. No a Vietnam.

—Estamos en guerra, ¿o ya se te olvidó? —Jake ni siquiera lo miró, ajustando los correajes.

—No. Vamos a rescatar a Sabrina por tu culpa. Esto no se trata de tu venganza personal.

Jake se dio vuelta despacio y lo encaró a escasos centímetros.

—Ah... ¿entonces solo te importa tu novia?

Abraham ladeó la cabeza y miró a Casey de reojo.

—Casey, ¿qué les pasa a los Superamigos?

—Digamos que tienen roces de pareja —murmuró ella, revisando su arma.

En las celdas de Gallows Hill, la voz de Eliza empezó a retumbar por los altavoces de la escuela:

«A todo el alumnado: la administración de Gallows Hill pasa oficialmente a nuevas manos. Por favor, reúnanse en el patio de la academia».

En medio del desconcierto, unos pasos rápidos se acercaron. Eve apareció frente a la celda con una ganzúa improvisada, forzó la cerradura y abrió la reja de golpe.

—¡Sabrina, vamos!

Ambas cruzaron la puerta y escaparon a toda prisa por las galerías del subsuelo.

En los jardines exteriores de Gallows Hill, los chicos alcanzaron el perímetro dimensional.

—Es hora de separarse, según lo acordado —ordenó Jake en voz baja.

—Tengan cuidado —respondió Chase.

Casey, Meredith y Chase se desviaron hacia el ala residencial. En cuanto doblaron la esquina, Jake y Abraham rompieron el sigilo, abriendo fuego contra las posiciones exteriores para hacer todo el ruido posible.

En el gran patio, una acólita llegó corriendo ante Eliza.

—¡Nos atacan en la entrada!

Eliza abrió el Khaenomicon con determinación, sorprendida por lo rápido que habían descubierto lo que pasaba.

—El plan está en marcha. Que todas estén listas contra el enemigo. Es hora del ritual.

En los pasillos, Jake y Abraham avanzaron a paso firme, disparando e hiriendo a las primeras brujas que intentaron frenarlos. Al llegar a un cruce estratégico, iniciaron la segunda parte del plan pactado: Abraham, que no llevaba anillo para poder recibir magia, debía volver con el grupo principal. Desde la distancia, Meredith canalizó un hechizo que lo impulsó con fuerza, estrellándolo contra una puerta lateral que cedió al impacto y le permitió cruzar directo hacia donde estaban los demás.




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