Líneas de Código y Sangre

Capítulo 6: La Niña del Mafioso

A puerta cerrada, en la enorme habitación de la pequeña, el ambiente ruidoso del submundo criminal no existía. Anya permanecía sentada con parsimonia en la alfombra, con su rostro simple, pulcro y libre de maquillaje. Tenía una placa de circuitos de un viejo juguete desarmada entre sus dedos largos, enseñándole a Elena con una paciencia y amabilidad profunda cómo funcionaban las conexiones mecánicas y tecnológicas.

—"Mira, Anya, si coloco este cable aquí, la luz parpadea a alta velocidad, ¿verdad?", preguntó Elena, con sus ojos oscuros brillando con una timidez dulce.

—"Exacto, mi princesa. Tienes una mente analítica increíble, igual que tu papá", respondió Anya con una sonrisa sutil, acomodándole las gafas a la niña de forma cariñosa.

Elena dejó de lado los componentes tecnológicos y abrazó la anatomía menuda de Anya con una fuerza ruda pero inocente. Para la niña, Anya no era la empleada que mantenía el nombre de Nikolai limpio ante la policía, ni la hacker fantasma del búnker. Ella era la única constante, la mano protectora que le leía cuentos por las noches, la que curaba sus fiebres con total sofisticación y la que escuchaba sus secretos infantiles con una buena actitud inquebrantable. Elena veía en ella a la única figura materna que había conocido en sus tres años de soledad.

Una Promesa en la Penumbra

La parsimonia de la noche avanzaba milimétricamente. Nikolai regresó de su cita de alta velocidad de madrugada, y sus pasos largos y firmes resonaron en el pasillo rústico. Con su imponente anatomía de dos metros de alto y su habitual rigidez militar, el búlgaro abrió la puerta sutilmente. Su mirada gris, fría y calculadora, se suavizó por un segundo milimétrico al presenciar la escena: Elena se había quedado profundamente dormida, apoyando su cabeza sobre el regazo de Anya, mientras la joven hacker le acariciaba el cabello con una devoción pura.

Nikolai entró al cuarto con una parsimonia letal para no hacer ruido, proyectando su masiva y tatuada sombra sobre ambas. Se agachó con total sofisticación, quedando a la altura de Anya, y sus ojos grises se clavaron en el rostro simple de la joven. Su egocentrismo salvaje flaqueó ante el peso de la gratitud ruda que sentía.

—"Ella te adora, niña", murmuró la voz barítono, grave y profunda de Nikolai, a escasos centímetros de ella. —"Este imperio búlgaro está lleno de hienas, pero sé que mientras tú estés en este palacio, mi hija tendrá un escudo blindado".

—"Yo daría mi vida por Elena, Nikolai. Ella es lo más puro que hay en esta casa", susurró Anya con una firmeza sutil, experimentando un impacto directo de alta tensión al sentir la abrumadora cercanía física del gigante tatuado.

Nikolai asintió con una rigidez severa, pero antes de levantarse, extendió sus dedos largos y acarició sutilmente la mejilla de Anya, un gesto cargado de una arrogancia protectora que desató la locura en el pulso de la joven. El mafioso mujeriego de 34 años seguía ciego ante el amor silencioso de su mano derecha, viéndola como la perfecta y pulcra guardiana de su búnker y de su hija, sin sospechar que el engranaje invisible de su vida estaba a punto de rebelarse.

La parsimonia del imperio de los Markov se vio sacudida por los preparativos de un evento ruidoso. En los jardines traseros y los salones secundarios de la mansión, el comité de seguridad organizaba una gran fiesta de integración para los trabajadores de la vieja guardia y el reclutamiento de los nuevos guardaespaldas. Risas ruidosas, música de alta velocidad y un ambiente descarado comenzaban a filtrarse por los conductos de ventilación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.