Líneas de Código y Sangre

Capítulo 9: El León en el Balcón

Nikolai se detuvo a escasos centímetros del grupo, proyectando su masiva y tatuada sombra sobre la joven hacker. El egocentrismo del mafioso de 34 años exigía un silencio sepulcral inmediato.

—"Creo haber dictado una orden muy clara a puerta cerrada, Sterling... Anya", siseó su voz barítono, grave y profunda, corrigiéndose a alta velocidad ante los empleados. —"Tu lugar esta noche era el búnker. No tolero la insubordinación en mi imperio".

Anya sostuvo la mirada ruda de su jefe con total dignidad blindada, acomodándose sus lentes de marco grueso sobre su rostro simple y libre de maquillaje. Su buena actitud inquebrantable no iba a ceder ante la rigidez severa del gigante. —"El búnker está blindado, Nikolai. Vine a interactuar con el equipo de forma sofisticada".

Fuego Cruzado: La Intervención de Dmitri

Antes de que Nikolai pudiera estirar sus dedos largos para arrastrarla hacia el despacho, una voz ruidosa y descarada interrumpió la alta tensión desde el borde de la barra rústica.

—"Déjala en paz, hermano. Ella no es uno de tus soldados de sastre para que le dictes órdenes militares".

Dmitri Markov, el hermano menor de Nikolai, de la misma edad de Anya (22 años), se interpuso entre ambos con total parsimonia. Dmitri compartía la genética imponente de la familia, pero su actitud era mucho más ligera y sofisticada. Él y Anya se llevaban súper bien; compartían un sentido del humor intelectual y una frescura que aliviaba el ambiente rústico de la mansión.

Anya sonrió con una timidez dulce al ver a Dmitri, lo que disparó una locura de celos posesivos en el pecho musculoso de Nikolai.

—"No te metas en esto, Dmitri", advirtió Nikolai con una parsimonia letal, dando un paso largo hacia el frente. —"Anya es mi mano derecha. Su seguridad y sus métricas me pertenecen de forma exclusiva".

—"Ella es joven, Nikolai, tiene derecho a salir del sótano y no estar encerrada con sus pantallas o cuidando a Elena todo el día", replicó Dmitri con una amabilidad profunda, girándose hacia Anya para regalarle una sonrisa protectora. —"De hecho, estábamos hablando de salir a cenar mañana. Quiero pretenderla formalmente, hermano".

El Estallido del Gigante

Aquella declaración desató un impacto directo de furia salvaje en la mente analítica del búlgaro. Ver a su propio hermano, un chico de la misma edad de Anya con quien ella se entendía a la perfección, intentando cortejarla, destruyó toda la cortesía fría del mafioso. La idea de que Anya dejara de ser su escudo invisible para pertenecer a otro hombre lo volvió loco.

Nikolai dejó escapar un gruñido rudo y, sin importarle la prensa ruidosa de sus propios hombres ni el protocolo del imperio, tomó a Anya de la cintura con su brazo ancho de forma sumamente posesiva, apartándola del camino de Dmitri con una rigidez violenta.

—"Anya no va a ninguna parte contigo, Dmitri. Ella es mía", sentenció la voz barítono de Nikolai, resonando con una arrogancia protectora que dejó mudos a todos los guardaespaldas del jardín. Su mente calculadora se había ido al demonio; el dictador búlgaro acababa de reclamar a su hacker ante toda la organización.

La pesada puerta de madera rústica del despacho se cerró con un golpe seco, aislando el bullicio ruidoso de la fiesta exterior y dejando el espacio sumergido en una parsimonia densa y asfixiante. Nikolai no soltó el agarre de su brazo ancho sobre la cintura de Anya hasta que la tuvo acorralada contra el borde de su escritorio de sastre.

Su imponente anatomía de dos metros de alto temblaba sutilmente por la adrenalina. La mente analítica del mafioso de 34 años, siempre fría y calculadora, acababa de ser pulverizada por un impacto directo de celos posesivos salvajes.




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