Líneas de Código y Sangre

Capítulo 13: El Trato del Padre

El Comandante Rostov exhaló con una parsimonia ruda, relajando milimétricamente la tensión de sus hombros y haciendo una señal sutil con la mano. Al instante, los soldados bajaron el cañón de sus armas cortas y largas.

—"Retiren los perímetros de interferencia", dictó la voz del comandante, rompiendo la rigidez severa del ambiente. Se giró hacia Nikolai, manteniendo su sofisticación militar. —"Markov, entremos a ese despacho tuyo. A puerta cerrada. Es hora de hablar como hombres de negocios, no como ejércitos en guerra".

Nikolai asintió con una frialdad calculadora, pero no soltó a Anya. Con pasos largos, el trío subió las escaleras rústicas y regresó al despacho de sastre, dejando al pelotón custodiando los jardines.

Métrica de un Comandante

Una vez dentro de la oficina, el comandante se negó a sentarse. Caminó con parsimonia, observando las pantallas donde la mecánica tecnológica de Anya todavía mostraba las rutas de los convoyes militares.

—"Durante tres años he movilizado recursos a alta velocidad para encontrarte, Anya", articuló el militar, mirando a su hija con una amabilidad profunda que pocas veces mostraba. —"Pensé que habías sido víctima del submundo ruidoso de la mafia. Pero veo que tu mente analítica ha blindado este palacio de tal forma que la policía federal camina ciega frente a este hombre".

—"Te lo dije, papá", respondió Anya con firmeza sutil, acomodándose las gafas. —"Aquí mi cerebro vale más que un uniforme".

Rostov clavó sus ojos en el búlgaro de 34 años, cuya masiva estatura dominaba la habitación con total egocentrismo. —"Sé el tipo de hombre que eres, Markov. Un mujeriego egocéntrico, calculador y rudo. Sé que este imperio búlgaro se alimenta de violencia. Pero también sé que eres un hombre de palabra y que cuidas de los tuyos con una rigidez salvaje".

La Condición del Uniforme

El comandante dio un paso largo hacia Nikolai, quedando a escasos centímetros de su pecho musculoso tatuado. La diferencia de anatomía era evidente, pero la tensión intelectual se mantenía intacta.

—"No voy a arrastrar a mi hija de vuelta a un cuartel si ella ha decidido que su felicidad está en este sótano", sentenció el Comandante Rostov con total sofisticación. —"Pero escúchame bien, búlgaro. Ella es una Rostova. Si dejas que una sola de tus conquistas superficiales o tus modelos esbeltas le falte al respeto, o si tu mundo rústico derrama una sola gota de su sangre, yo mismo regresaré con toda la fuerza destructiva del ejército nacional y borraré tu apellido del mapa".

Nikolai Markov sonrió con una parsimonia letal, sus celos posesivos transformándose en un orgullo indomable. Extendió sus dedos largos y estrechó la mano del comandante con un agarre rudo y firme.

—"No tendrá que regresar, Comandante", dictó la voz barítono, grave y profunda de Nikolai, con una arrogancia protectora inquebrantable. —"Anya dejó de ser mi empleada en el momento en que desobedeció mis órdenes esta noche. A partir de hoy, ella es mi socia, mi única mujer y la legítima reina de la mafia búlgara. Y en mi imperio, a la reina se la trata con total sofisticación y se la protege como a la joya más valiosa de la corona".

A puerta cerrada, el trato militar quedó sellado. El padre de Anya, viendo que su hija era valorada por el gigante tatuado, aceptó la relación con la condición de que fuera tratada como una reina absoluta, sin imaginar que esta inesperada alianza entre el ejército y la mafia estaba a punto de desatar un impacto directo contra sus enemigos comunes.

La alianza entre la inteligencia militar y el submundo criminal búlgaro se materializó a alta velocidad, transformando el despacho rústico de Nikolai en un centro de comando de máxima seguridad. La parsimonia de la noche se convirtió en una cuenta regresiva letal.




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