El gran salón de la mansión rústica estaba a reventar. Los capitanes búlgaros de la vieja guardia, los nuevos guardaespaldas de sastre y todo el personal de seguridad permanecían alineados en un silencio sepulcral. El ambiente ruidoso de la noche anterior se había transformado en una disciplina militar expectante.
Las puertas principales se abrieron con pasos largos y firmes. Nikolai Markov entró al salón portando su imponente anatomía con un egocentrismo dominante. Pero esta vez, no caminaba solo. A su lado, su brazo musculoso tatuado envolvía con una arrogancia protectora la cintura de Anya Rostova.
Anya avanzaba con una buena actitud inquebrantable y total sofisticación descarada. Llevaba sus lentes de marco grueso bien colocados, su cabello castaño suelto en ondas pulcras y su rostro simple, completamente libre de maquillaje. Ya no vestía las camisetas holgadas del sótano; lucía un elegante vestido oscuro que, sin perder su esencia rústica y pura, dejaba claro su nuevo estatus en la organización.
Presentación Ante el Imperio
Nikolai se detuvo en el centro del estrado, proyectando su masiva sombra de dos metros sobre toda la audiencia. Su voz barítono, grave y profunda, resonó con un impacto directo en cada rincón del salón.
—"Los he convocado hoy para dejar una directiva milimétrica e inquebrantable en este imperio búlgaro", dictó el mafioso, clavando su mirada gris y analítica en sus hombres. —"Durante tres años, esta organización ha funcionado bajo un escudo digital invisible. Hemos sido fantasmas ante la policía federal y hemos aplastado a nuestros enemigos a alta velocidad gracias a la mente tecnológica más brillante que ha pisado este continente".
Nikolai giró sutilmente hacia Anya, y sus ojos reflejaron una amabilidad profunda y un orgullo indomable que dejó mudos a los capitanes. Tomó la mano de la joven, entrelazando sus dedos largos con delicadeza ruda.
—"Ella ya no es la analista anónima del sótano. Les presento a Anya Rostova. Mi única mujer, mi socia absoluta y la legítima reina de la mafia búlgara", sentenció el búlgaro con una firmeza sutil pero letal. —"A partir de hoy, su palabra es mi palabra. Sus órdenes mecánicas se ejecutan con la misma rigidez militar que las mías. Quien le falte al respeto a ella, le falta al respeto a la corona Markov, y la consecuencia de eso será destructiva".
Un Nuevo Comienzo a Puerta Cerrada
Un ruidoso aplauso de aprobación y respeto rompió la parsimonia del salón, encabezado por Dmitri, quien sonreía desde la primera fila, feliz de ver a su amiga fuera de la jaula de cristal.
Más tarde, alejados del bullicio ruidoso de la organización, Nikolai y Anya subieron a la habitación de la pequeña Elena. La niña de 7 años, al verlos entrar de la mano, corrió a alta velocidad y se lanzó a los brazos de ambos, completando el engranaje perfecto de esa extraña pero blindada familia rústica.
Al caer la noche, a puerta cerrada en el despacho principal, Nikolai acorraló sutilmente a Anya contra el ventanal, atrapándola en su territorio de dos metros. Le quitó los lentes de marco grueso de forma milimétrica, admirando su rostro pulcro bajo la luz de la luna.
—"Te lo dije, niña", susurró la voz barítono de Nikolai, rozando sus labios con total sofisticación. —"Ibas a dejar el café rústico para siempre. Ahora el búnker y todo este imperio te pertenecen".
—"Ya no soy tu prisionera, Markov", respondió Anya con una sonrisa sutil y descarada, rodeando el cuello tatuado del gigante con sus dedos largos. —"Ahora soy el código que te domina".
Con un beso cargado de una pasión indomable y celos posesivos finalmente transformados en amor puro, el mafioso búlgaro y la hacker fugitiva sellaron el inicio de un reinado indestructible, donde la tecnología, la sangre y el corazón gobernaban bajo el mismo software de sastre.
FIN
<3 R.M
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