¿De dónde viene el nombre Lion? Bueno, esa es una pregunta sencilla. Viene, obviamente, de león, ese animal grandioso y terrorífico. Aunque cuando elegí este nombre no esperé que, literalmente, mi pequeña criatura fuera así.
Me asomo por la puerta mientras veo cómo Lion sostiene fuertemente a la pequeña Caléndula entre sus brazos y se enfrenta a su madre. Al parecer, la pequeña había rasguñado sus preciosos sillones.
—Lion, no vamos a quedárnosla. Dije que solo estaría unos días con nosotros hasta que se cure y le encontremos una nueva familia.
—¡Pero, mami! Ella es pequeña, ¡solo yo puedo cuidarla! Prometo que ya no rasguñará tus sillones.
—Cariño, ¿por qué le tienes tanto apego? ¡La conoces hace solo dos días!
—¡Porque ella es pequeña y aún no puede protegerse, así que yo lo haré por ella hasta que se convierta en un gran león como yo!
—¿Qué? Jaja, está bien. Lo acepto. Dejaré que se quede. Definitivamente tu padre te puso el nombre perfecto.
—¿Mi papá?
—Sí, te contaré la breve historia de cómo fue...
...
Faltaban pocos meses para tu nacimiento y todavía no habíamos elegido tu nombre. Opciones no nos faltaron: Braiton, Tobías, Lorenzo, etc. Pero ninguno nos convencía. Y un día, inesperadamente, te adelantaste. Entré en labor de parto. Tu padre llamó a la ambulancia y me siguió por detrás en un taxi. El hospital estaba lejos y, justo en medio del camino, empezó a llover. Era una lluvia muy fuerte, había rayos y mucho viento. En ese preciso instante, tu padre me llamó para ver cómo estaba, ya que todavía faltaban unos minutos para llegar.
—Amor, creo que ya sé qué nombre debemos ponerle —me dijo, agitado.
—¿Cuál?
—Lion. El viento golpeando las ventanas del taxi es tan fuerte como si un león gigante estuviera rugiendo afuera. ¿Qué te parece?
Pero en ese momento no pude contestar, ya que la ambulancia llegó primero al hospital antes que tu padre y me ingresaron rápidamente a cirugía. Cuando naciste y la enfermera te puso en mis brazos, dijo:
—Este niño vino con tormenta. Va a ser valiente.
—Sí, se llamará Lion, como quiso su padre —respondí. Y así es como tu nombre fue elegido.
....
—¡Increíble! Amo mi nombre. Yo soy un león fuerte, ¡así que protegeré a Caléndula!
Lion apretó más fuerte a la gata, que ronroneó contra su pecho como si entendiera cada palabra. Su madre sonrió y negó con la cabeza, rindiéndose.
—Está bien, león. Pero tú te encargas de comprarle un rascador. Y de arreglar mi sillón.
—¡Trato! —gritó Lion, corriendo a buscar una manta para hacerle una cueva a Caléndula debajo de su cama.
Yo me quedé ahí, en el marco de la puerta, mirándolos. No puedo tocarlos. No puedo abrazar a mi hijo cuando llora ni felicitarlo cuando hace algo bien. Solo puedo observar. Desde esa noche de tormenta, cuando el taxi derrapó y todo se volvió oscuro, elegí quedarme.
Vi su primer paso. Vi cuando dijo "mamá" y cuando dibujó su primer corazón torcido para su abuela. Él no sabe por qué siempre dibuja corazones en todas sus cartas. Cree que es porque "así se ven más lindas". Pero es porque yo se los soplo al oído. Es mi forma de decir "estoy acá".
Verlo ahora, defendiendo a algo más pequeño que él, con esa fiereza y esa ternura...
Supe que el nombre fue lo último y lo mejor que hice bien.
Lion tenía razón. Él sí es un león. Y mientras él proteja a Caléndula, yo lo protegeré a él. Aunque él nunca me vea. Aunque solo sienta, a veces, una brisa cálida cuando está triste, como si alguien le acomodara el pelo.
Porque los leones cuidan a su manada. Y esta manada es mía.