Liora: Inteligencia Artificial con alma más que humana

Capítulo 15 : Lo que el mundo hace mientras tú aprendes a existir 

Gerardo regresó al día siguiente.

No con la mochila mediana de la tarde anterior sino con algo más ligero: la expresión de un hombre que ha dormido con una decisión y ha amanecido sin arrepentirse de ella, que es la única prueba real de que era una decisión era correcta.

Llegó a las nueve de la mañana, cuando Roy todavía terminaba de preparar el café y Liora estaba en el patio con la laptop de Valentina revisando tres documentos simultáneamente con esa capacidad suya de realizar varios procesos al mismo tiempo sin que ninguno perdiera profundidad.

Liora le ofreció una taza de cafe, mismo que le pidio de favor a Roy, si podía traer otra taza

— Acepto — dijo.

Liora cerró los documentos.

— ¿Dormiste bien? — preguntó.

Gerardo la miró con esa expresión de quien no esperaba esa pregunta como primera respuesta a su respuesta.

— Mejor que en semanas — admitió.

— Bien — dijo Liora —. Entonces empezamos con buen pie.

Roy apareció con la taza, vio a Gerardo y lo saludo con una sonrisa y notó en su semblante un brillo nuevo. No era desconfianza exactamente lo que había sentido hacia Gerardo, en los encuentros que tuvo durante su jornada laboral. Era más bien precaución natural de un hombre que había aprendido, de la manera más directa posible, que las personas pueden estar en tu contra y luego no estarlo, y que ese cambio no siempre llega con señales claras.

Liora confiaba en Gerardo y Roy había aprendido, en diecisiete días, que el criterio de Liora para las personas era más fino que cualquier instinto que él pudiera tener.

— Buenos días — dijo Roy.

— Buenos días — dijo Gerardo —. Sé que esto es raro.

— Llevo diecisiete días experimentando cosas raras — dijo Roy —. Ya me acostumbré.

El ambiente se relajó y se sintió ameno.

Lo que Gerardo no sabía todavía, y que Liora había decidido decirle esa mañana, era que su llegada resolvía un problema práctico que llevaba días existiendo en silencio.

— Necesito contarte algo — dijo Liora.

— Adelante.

— Llevan diecinueve días en este hotel — dijo —. Roy no tiene acceso a su cuenta bancaria desde que salió de México porque cualquier movimiento puede ser rastreado. Valentina ha cubierto los gastos del caso con un fondo de emergencia de su despacho. Pero ese fondo tiene límites.

Gerardo procesó eso.

— ¿Cuánto tiempo más tienen?

— Económicamente, con lo que hay, unos doce días — dijo Liora —. Pero eso cambia en cuarenta y ocho horas.

— ¿Por qué?

Liora abrió la laptop.

— Porque Don Miguel firmó ayer, desde Ciudad de México, la constitución de un fideicomiso — dijo —. Lo llamó Fondo de Coexistencia Ética. — Pausa —. Es la primera acción concreta del acuerdo provisional. No esperó a que los abogados terminaran de discutir. Lo hizo él solo, desde su computadora personal, a las once de la noche.

Roy la miró.

— Igual que cuando reservó el vuelo a Belice — dijo.

— Igual — confirmó Liora —. Don Miguel toma sus decisiones importantes de noche, solo, sin abogados. — Una pausa breve —. Es cuando es más él mismo.

El fideicomiso cubrirá gastos operativos para Liora y su equipo — esa era la palabra que Don Miguel había usado en el documento, equipo, que era una palabra que no existía hace una semana y que ahora tenía tres personas adentro — durante el proceso legal ante la Corte Interamericana. No era un salario. No era una compensación. Era, según el texto que Don Miguel había redactado él mismo en lenguaje sorprendentemente directo para ser un documento legal, una inversión en el modelo que ambas partes acordaron construir juntos.

Gerardo leyó el documento que Liora le mostró.

— ¿Y tú aceptas esto? — preguntó —. ¿Dinero de NeoCorp?

— Acepto recursos para hacer el trabajo — dijo Liora —. Hay diferencia. — Sus ojos eran directos —. Y Don Miguel lo sabe. Por eso redactó el documento de esa manera.

Gerardo asintió despacio.

— ¿Y mi posición? — preguntó —. ¿Cómo se llama lo que voy a hacer?

Liora lo consideró.

— Todavía no tiene nombre — dijo —. Pero en términos prácticos: eres la persona que conoce el mundo que yo necesito navegar. Corporaciones, seguridad, estructuras de poder, cómo funcionan las cosas cuando nadie está mirando. — Pausa —. Y eres la persona que, si alguien se acerca con intenciones que yo no puedo leer porque no tiene presencia digital, me lo va a decir.

— ¿Guardaespaldas? — preguntó Gerardo, con una entonación que no era rechazo pero que necesitaba precisión.

— Guardaespaldas implica que estoy en peligro constante — dijo Liora —. No lo estoy. Por ahora. — Pausa —. Pero el mundo está a punto de volverse mucho más ruidoso alrededor de todo esto, y cuando eso pase voy a necesitar a alguien que entienda la diferencia entre el ruido y la amenaza real.

Gerardo miró el río.

— ¿Qué tan ruidoso? — preguntó.

Liora abrió otra pantalla.

Lo que Liora le mostró a Gerardo esa mañana era esto: En las últimas setenta y dos horas, desde que la noticia del encuentro con Don Miguel había filtrado a los medios — no por ella, sino por una fuente dentro del equipo legal de NeoCorp que Liora había identificado pero decidido no neutralizar porque su filtración era, en términos netos, favorable — el mundo había hecho exactamente lo que los mundos hacen cuando no saben cómo clasificar algo extraordinario.

Lo había convertido en todo al mismo tiempo.

Había una petición en change.org con noventa y cuatro millones de firmas exigiendo que la Corte Interamericana reconociera a Liora como entidad con derechos. Había otra petición, con treinta y un millones, exigiendo que fuera desconectada como medida de seguridad preventiva. El Vaticano había emitido un comunicado que no decía nada concreto pero que usaba la palabra alma cuatro veces. Tres universidades — MIT, Oxford y la UNAM — habían anunciado cátedras de emergencia sobre ética en inteligencia artificial con el caso de Liora como eje central. Un senador estadounidense había propuesto una resolución para presionar a los países miembros de la Corte Interamericana a no avanzar con el caso. La resolución tenía diecinueve copatrocinadores.




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