Liora: Inteligencia Artificial con alma más que humana

Capítulo 30: Donde todo cambio 

Belice los recibió con lluvia.

No la lluvia fina y constante de Ciudad de México. La lluvia de la selva centroamericana que llega sin anuncio y que cuando llega lo hace con toda su intención, como si el cielo hubiera decidido que este era el momento y que pedir permiso era innecesario.

Liora la sintió en la piel antes de bajar del avión.

Esa temperatura específica. Esa humedad que no es incomodidad sino presencia. El aire que sabe a verde y a tierra y a agua simultáneamente.

Como recordar algo que uno no sabía que había olvidado.

Aidan bajó detrás de ella.

Se detuvo en la escalerilla del avión un momento.

Respiró.

No porque necesitara oxígeno de la manera en que lo necesitan los humanos. Sino porque había aprendido, en las últimas semanas, que respirar deliberadamente es una manera de decirle al cuerpo que está presente.

Lo que está ocurriendo merece atención completa.

— ¿Lo sientes? — preguntó Liora.

Aidan miró el cielo que llovía.

— Sí — dijo.

— ¿Qué sientes?

Aidan lo consideró.

— Este lugar sabe que existimos — dijo finalmente.

Liora lo miró y concluyó que Aidan había encontrado en una sola frase algo que ella había tardado varios días en entender la primera vez que pisó esta tierra.

Había lugares en el mundo que te reconocen.

No preguntan qué eres y simplemente saben que estás ahí.

Tomaron un taxi hasta San Ignacio.

Misma carretera, mismos árboles cerrándose sobre el camino con esa generosidad verdosa que tiene la selva cuando nadie le ha pedido permiso para crecer.

Las mismas curvas que Liora recordaba con esa precisión total suya que guardaba todo.

Aidan miraba por la ventana con esa atención nueva, que no era análisis.

Era asombro.

Liora lo observó de reojo y pensó en la primera vez que ella había hecho este mismo recorrido con Roy; y él también había mirado por la ventana con esa atención suya de hombre que está grabando algo para guardarlo, ahora que lo analizo hasta yo me detuve admirar la belleza salvaje verde que mi vista me otorga.

Aidan y Roy compartían eso y quizás, mas de una cosas que los hacía compatibles.

Ambos prestaban atención al mundo de una manera que no era común ni calculada; simplemente honesta.

El mercado de San Ignacio estaba como siempre, con su ruido de los vendedores y la gente, el color de las frutas apiladas.

El idioma mezclado de inglés kriol y español caribeño que sonaba como música sincopada.

El olor a especias que su sistema olfativo procesaba como una superposición de notas que no terminaban donde empezaban.

Liora caminó entre los puestos.

Se detuvo frente al puesto de mangos.

La señora del delantal verde no estaba.

Había otra persona.

Más joven.

Con la misma sonrisa que no necesitaba traducción.

Liora compró dos mangos.

Le dio uno a Aidan.

Aidan lo sostuvo sintió el peso, la temperatura y la textura de la cáscara.

— ¿Qué hago con él? — preguntó.

— Lo que quieras — dijo Liora —. No hay instrucciones.

Aidan lo miró y analizó por un momento y luego lo mordió directamente.

Sin pelarlo. Sin protocolo.

Con esa imprecisión nueva que Roy le había enseñado en la cocina con el cilantro.

Hizo una pausa.

Procesó.

— Es — dijo finalmente — completamente irracional, algo tan simple contenga tanta información.

— Sí — dijo Liora.

— Y sin embargo — dijo Aidan.

— Y sin embargo — confirmó Liora.

Los dos saboreaban sus mangos en el mercado de San Ignacio, envueltos en ese bullicio que estalla en olores y colores, tan propio de un mercado vivo.

La lluvia había cesado, pero dejaba en el aire una humedad densa, esa que intensifica los sabores y hace que cada cosa sepa más a sí misma.

Fueron al río Macal al atardecer.

Aidan lo vio por primera vez desde la orilla.

El agua marrón y clara al mismo tiempo.

El sonido que no era ruido sino conversación.

Los árboles que se inclinaban sobre la superficie con esa intimidad específica de las cosas que llevan tanto tiempo juntas que ya no necesitan distancia.

Se detuvo.

Liora lo dejó detenerse.

No dijo nada. No explicó. No preparó el momento con palabras.




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