Lira y la luna plateada

Noches extrañas

Las noches comenzaron a volverse extrañas.
Al principio, nadie lo notó. Lira simplemente dormía más profundo que los demás. Pero con el paso de los días, algo cambió. Cada mañana despertaba confundida, con una sensación pesada en el pecho… como si hubiera vivido algo que no lograba recordar.
—¿Te sientes bien? —preguntó Kael una mañana, observándola mientras ella se llevaba la mano a la cabeza.
—Sí… solo… —Lira frunció el ceño— siento que olvido algo importante.
Kael no respondió, pero desde ese día comenzó a vigilarla.
Y entonces llegó la noche de luna plateada.
El cielo estaba despejado, y la luna brillaba con una intensidad casi irreal, tiñendo el bosque de tonos fríos. Kael no podía dormir. Había algo en el aire… algo que lo mantenía alerta.
Fue entonces cuando la vio.
Lira caminaba.
Descalza. En silencio. Con los ojos abiertos… pero vacíos.
Kael sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
La siguió.
Ella avanzaba sin titubear entre los árboles, como si conociera el camino desde siempre. No miraba atrás. No dudaba. Solo caminaba… hacia algo.
El bosque se abrió lentamente, revelando un lago oculto.
El agua estaba completamente quieta, como un espejo perfecto. Y en él, la luna se reflejaba con una claridad imposible.
Lira se detuvo en la orilla.
Kael se escondió entre las sombras, observando.
—Lira… —susurró, pero ella no reaccionó.
Entonces ocurrió.
Su cuerpo se elevó.
Lentamente… como si la gravedad hubiera dejado de existir para ella.
Kael abrió los ojos, incapaz de moverse.
Una luz comenzó a envolverla.
No era blanca.
Era violeta.
Intensa. Pulsante. Viva.
El cabello plateado de Lira flotaba a su alrededor como si estuviera bajo el agua, y sus ojos… sus ojos ya no eran azules.
Brillaban con la misma luz violeta.
El lago respondió.
Ondas comenzaron a formarse sin que nada lo tocara. El reflejo de la luna se distorsionó, y por un instante… no era la luna lo que se reflejaba.
Era otra cosa.
Algo antiguo.
Algo que miraba de vuelta.
Kael sintió que le faltaba el aire.
—¿Qué eres…? —murmuró, apenas audible.
Lira levantó lentamente la cabeza.
Y habló.
Pero no con su voz.
—Has tardado en encontrarme.
Kael retrocedió un paso.
Eso no era Lira.
La luz se intensificó, y el bosque entero pareció estremecerse.
—Este cuerpo… es débil. Pero sirve.
El corazón de Kael latía con fuerza.
—¡Lira! —gritó, saliendo de su escondite— ¡Despierta!
Por un segundo…
solo un segundo…
la luz vaciló.
Los ojos de Lira parpadearon.
—K… Kael… —su voz volvió, débil, perdida.
Pero la oscuridad regresó de inmediato.
La luz violeta estalló con más fuerza.
Y entonces, el lago… se abrió.
Como si algo debajo de él estuviera despertando.
Kael se quedó inmóvil, comprendiendo una sola cosa:
Lira no solo estaba atrapada en la reserva.
Algo dentro de ella…
también lo estaba.
Y estaba intentando salir.




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