Kael no retrocedió esta vez.
Aunque el lago temblaba y la luz violeta envolvía todo, algo en su interior le decía que no huyera. Que aquello… no era una amenaza.
La figura de Lira seguía suspendida sobre el agua, envuelta en ese brillo que ya no parecía violento, sino… protector.
El aire cambió.
La presión que antes asfixiaba… se volvió cálida.
Como un escudo.
—No temas —dijo aquella voz, resonando en todas direcciones, pero ahora… más suave.
Kael apretó los puños.
—¿Qué eres?
Hubo un silencio breve.
Y entonces la luz palpitó, como un corazón.
—Soy lo que quedó cuando ella fue marcada.
Kael frunció el ceño.
—¿Marcada por quién?
La superficie del lago se oscureció ligeramente… como si una sombra lejana intentara filtrarse en el reflejo.
—Por aquello que viene.
El bosque entero pareció estremecerse con esas palabras.
Kael miró a su alrededor.
—¿Qué viene?
La luz violeta se intensificó, rodeando completamente a Lira, como si la protegiera de algo invisible.
—Oscuridad antigua. Hambre sin forma.
—La busca… porque ella es la llave.
El corazón de Kael dio un vuelco.
—¿Llave de qué?
Esta vez, la respuesta tardó.
—De un límite que no debe romperse.
El viento sopló con fuerza, y por un instante, la luna en el lago volvió a distorsionarse… mostrando esa presencia lejana, como si algo estuviera intentando mirar a través del mundo.
Kael sintió miedo.
Pero no de Lira.
De lo que venía.
—Entonces… —su voz fue firme— la estás protegiendo.
La luz respondió suavemente.
—Siempre.
Lira descendió lentamente, como una pluma cayendo sobre el agua invisible. Sus pies tocaron la orilla sin hacer ruido. La luz comenzó a desvanecerse, pero antes de desaparecer por completo, volvió a hablar:
—Ella no puede salir… porque afuera la encontrarían.
—Aquí… aún está oculta.
Kael apretó los dientes.
—¿Y si esa cosa entra aquí?
Por primera vez…
la luz titubeó.
—Entonces… despertaremos por completo.
El brillo violeta desapareció.
Lira cayó hacia adelante, y Kael corrió para sostenerla antes de que tocara el suelo.
—Lira… —susurró.
Ella abrió los ojos lentamente.
Azules.
Normales.
Confundidos.
—¿Kael…? —murmuró— ¿qué pasó?
Kael la miró en silencio por un momento.
El bosque estaba demasiado quieto.
El lago… demasiado oscuro.
—Nada… —dijo finalmente, ayudándola a ponerse de pie—. Pero tenemos que prepararnos.
—¿Para qué?
Kael alzó la mirada hacia la luna.
Y por primera vez…
no le pareció tranquila.
—Para cuando algo venga a buscarte.
A lo lejos, entre los árboles…
una sombra se movió.
Y esta vez…
no era parte del bosque.
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Editado: 23.03.2026