El silencio del bosque ya no era natural.
Kael lo sintió primero.
Ese tipo de silencio donde no hay insectos, ni viento… ni vida.
Sostuvo a Lira con más firmeza, mientras sus ojos recorrían la oscuridad entre los árboles.
—No estamos solos —susurró.
Lira, aún débil, frunció el ceño.
—¿Qué…?
Antes de que pudiera terminar, el lago vibró suavemente.
No con luz.
Con sombra.
Algo se movía entre los árboles.
No tenía forma definida… pero estaba ahí.
Observando.
Esperando.
Dos puntos, apenas visibles, brillaron en la oscuridad. No eran ojos… no exactamente. Eran como grietas en la realidad, por donde se filtraba algo más profundo.
Kael sintió un frío que no pertenecía a este mundo.
—Nos encontró… —murmuró.
En ese instante, el aire se volvió pesado.
La sombra avanzó un paso.
Los árboles alrededor se marchitaron al contacto de su presencia, como si la vida misma se retirara de su camino.
Lira jadeó.
Y entonces—
El dolor regresó.
Pero esta vez no era por intentar salir.
Era algo dentro de ella despertando.
—Kael… —dijo con voz quebrada, llevándose las manos al pecho— no puedo… detenerlo…
La sombra se detuvo.
Como si esperara.
Como si supiera exactamente lo que estaba pasando.
Y entonces, la voz volvió.
—Ya viene.
La luz violeta estalló.
Más fuerte que antes.
Más pura.
Más decidida.
El cuerpo de Lira se elevó de nuevo, pero esta vez no había duda ni confusión. La energía la envolvía como una armadura viva.
Kael retrocedió, cubriéndose los ojos.
La luz chocó contra la oscuridad.
Y por primera vez…
la sombra reaccionó.
Retrocedió.
Como si esa luz le doliera.
—No la tocarás.
La voz ya no era suave.
Era firme.
Antigua.
Protectora.
La sombra vibró… deformándose, intentando tomar forma, pero sin lograrlo completamente.
—Ella… es mía… —susurró una voz distorsionada, como mil voces rotas hablando al mismo tiempo.
El bosque crujió.
El lago se agitó violentamente.
Kael apenas podía mantenerse en pie.
—¡Lira! —gritó.
Pero ella ya no era solo Lira.
La luz violeta se concentró en sus ojos.
—No. —respondió la entidad dentro de ella— Ella es libre.
Por un segundo…
todo se detuvo.
Y entonces, un pulso de energía salió de Lira, expandiéndose como una onda invisible.
La sombra fue empujada hacia atrás, desintegrándose en fragmentos oscuros que se disiparon entre los árboles.
El silencio volvió.
Pero no el mismo.
Este era… tenso.
Inestable.
Como si algo hubiera sido advertido.
La luz desapareció lentamente.
Lira cayó de rodillas, jadeando.
Kael corrió hacia ella.
—¿Estás bien?
Ella asintió débilmente… pero sus ojos reflejaban algo nuevo.
Miedo.
—Nos vio… —susurró—. Y ahora sabe dónde estoy.
Kael apretó los dientes.
Miró hacia el bosque oscuro.
Sabía una cosa con certeza.
Eso no había sido un ataque.
Había sido… una prueba.
Y la próxima vez—
No vendría solo a observar.
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Editado: 23.03.2026