Lira y la luna plateada

Sombra oscura reuniendo oscuridad

El bosque no volvió a ser el mismo.
Desde aquella noche, el aire se sentía… vigilado.
Los ancianos comenzaron a encender más hogueras. Los cazadores no se alejaban demasiado. Y los animales… habían desaparecido.
Kael lo notó primero.
El silencio.
Ese silencio que no es paz… sino advertencia.
Mientras tanto, en algún lugar más allá de la reserva…
la oscuridad crecía.
No tenía forma fija. No tenía cuerpo. Pero ahora… tenía propósito.
Fragmentos de sombra, como cenizas negras, comenzaron a reunirse. Flotaban, giraban, se atraían entre sí como si obedecieran a una voluntad invisible.
Cada pedazo traía consigo un susurro.
Un recuerdo.
Un rastro de Lira.
—La luz…
—La llave…
—Debe abrir…
La oscuridad se compactó.
Más densa.
Más pesada.
Más consciente.
El intento anterior no había sido un error.
Había sido reconocimiento.
Ahora sabía qué la protegía.
Y también… qué la debilitaba.
De vuelta en la reserva, Lira se encontraba sentada junto al lago, abrazando sus rodillas.
—Está más cerca… —susurró.
Kael, de pie a su lado, tensó la mandíbula.
—Entonces no vamos a esperar.
Ella lo miró.
—No entiendes… —su voz tembló—. No viene a atacarme sin más… viene a romperme.
El viento sopló con fuerza.
Y por un instante…
la superficie del lago se volvió completamente negra.
Como si reflejara otra realidad.
Dentro de Lira, la luz volvió a despertar, pero esta vez no era suave.
Era alerta.
—Se está reuniendo… —dijo la voz, con una gravedad nueva—. Está aprendiendo. Adaptándose.
Kael apretó su arma.
—Entonces pelearemos.
—No es una batalla común.
—Si entra aquí con toda su fuerza… la barrera caerá.
El corazón de Lira se aceleró.
—¿Y si la barrera cae?
Silencio.
La respuesta llegó como un susurro inevitable.
—Entonces ya no habrá lugar donde esconderse.
A lo lejos, más allá del bosque…
una columna de oscuridad comenzó a elevarse hacia el cielo.
No como humo.
Como algo vivo.
Algo que respiraba.
Los árboles en su camino se marchitaban. La tierra se agrietaba. El cielo parecía apagarse a su alrededor.
La reserva… estaba en su camino.
Kael observó ese horizonte oscuro.
Por primera vez, sintió que incluso él… podría no ser suficiente.
Pero no retrocedió.
—Entonces que venga —dijo con firmeza.
Lira lo miró.
Y dentro de ella, la luz respondió.
—Vendrá.
—Y esta vez… no se detendrá.




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