Lira y la luna plateada

La pelea a comenzado

Kael dio un paso al frente, desenvainando su arma.
—Ya viene… —murmuró, sin apartar la vista de la negrura.
Lira, a su lado, temblaba. No de miedo… sino de lucha interna.
—No… no quiero que salga… —susurró, llevándose las manos al pecho.
La oscuridad se detuvo frente a ellos. No tenía rostro, pero se sentía su mirada. Fría. Antigua.
Entonces habló, con una voz que parecía venir de todas partes:
—Entrégala… ella me pertenece.
Kael se interpuso inmediatamente.
—Tendrás que pasar sobre mí.
La sombra se expandió, como una ola negra dispuesta a devorarlo todo.
En ese instante, Lira cayó de rodillas.
—Kael… no puedo detenerlo más…
Una luz comenzó a emanar de su cuerpo, plateada como la luna. La misma presencia que había visto en el lago empezó a surgir… pero esta vez, no era solo un reflejo.
Una figura se alzó detrás de Lira, hecha de luz y energía, con ojos brillantes y serenos.
—No… —dijo aquella presencia, con una voz firme y protectora—. Ella no está sola.
La oscuridad rugió.
Y la batalla… comenzó.

La oscuridad se lanzó primero.
Como una tormenta desatada, se abalanzó sobre Kael con garras hechas de pura sombra. Él apenas tuvo tiempo de reaccionar: levantó su arma y el choque hizo vibrar el aire, como si dos mundos opuestos colisionaran.
—¡Lira, resiste! —gritó, empujando la sombra hacia atrás.
Pero la oscuridad no retrocedía… aprendía.
Se dividió en múltiples formas, rodeándolo, atacando desde todos los ángulos. Kael esquivó, giró, contraatacó… pero cada golpe parecía hundirse en algo infinito.
Mientras tanto, la figura de luz detrás de Lira crecía.
Sus cabellos flotaban como hilos de plata, y su energía iluminaba el lago, haciendo que el reflejo de la luna brillara con más intensidad.
—Debes confiar en mí —dijo la presencia.
—¿Quién… eres? —preguntó Lira, débil.
—Soy lo que quedó cuando intentaron romperte… soy tu guardiana.
Un grito de Kael interrumpió el momento.
Una de las sombras logró herirlo, lanzándolo contra el suelo. La oscuridad se reunió nuevamente en una sola forma, más grande, más densa.
—Él caerá… como todos los que intentan protegerte.
Lira apretó los puños.
Algo dentro de ella cambió.
Ya no era miedo.
Era decisión.
Se puso de pie lentamente, mientras la luz la envolvía por completo.
—No… —dijo, con una voz más firme—. Esta vez no.
La guardiana se fusionó con ella.
Sus ojos brillaron como la luna llena.
El suelo tembló.
Cuando la oscuridad volvió a atacar… Lira no retrocedió.
Extendió la mano.
Y la sombra se detuvo en seco, como si hubiera chocado contra una fuerza invisible.
—Tú… no viniste por mí —susurró Lira, mirando fijamente a la entidad—. Viniste por lo que llevo dentro.
La oscuridad dudó por primera vez.
—Eso… me pertenece…
—No —respondió ella—. Ya no.
Con un movimiento, Lira liberó una explosión de luz que atravesó la sombra, desgarrándola desde el centro.
El grito que salió de la oscuridad no era solo de dolor…
Era de reconocimiento.
Como si entendiera que algo había cambiado para siempre.
Pero no desapareció.
Se replegó, temblando… debilitada, pero viva.
—Esto… no ha terminado… —susurró antes de desvanecerse entre los árboles.
El silencio volvió.
La luz alrededor de Lira comenzó a apagarse lentamente.
Kael, herido, se levantó con dificultad.
—Lira…
Ella lo miró… pero sus ojos aún brillaban.
—Volverá —dijo—. Y la próxima vez… no vendrá sola.
Kael frunció el ceño.
—Entonces tampoco lo estaremos nosotros.
El lago volvió a la calma.
Pero algo en el aire había cambiado.
La batalla apenas… comenzaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.