Lira y la luna plateada

Despertar de la luna plateada

La luna plateada volvió a alzarse sobre el lago… pero esta vez, Lira no huyó.
Se quedó de pie frente a su reflejo.
El agua comenzó a vibrar, como si reconociera algo dentro de ella. Su respiración era inestable, pero no de miedo… sino de poder contenido.
—Ya no voy a correr —susurró.y
Entonces ocurrió.
Su reflejo no la imitó.
La otra Lira… la del lago… abrió los ojos primero.
Una voz suave, pero antigua, emergió desde el agua:
—Por fin me escuchas.
Lira retrocedió un paso. —¿Qué eres…?
—Soy lo que te protege… lo que sellaron dentro de ti.
El agua se elevó lentamente, formando una figura idéntica a ella, pero envuelta en luz plateada y sombras suaves que no daban miedo… sino calma.
—La oscuridad viene por ti —continuó—. No porque seas débil… sino porque eres la llave.
En ese instante, Kael apareció entre los árboles, observando en silencio.
—¿La llave de qué? —preguntó Lira.
La figura extendió su mano hacia ella.
—De un poder antiguo. Uno que puede romper el equilibrio… o restaurarlo.
Cuando sus manos se tocaron, Lira sintió una oleada de recuerdos que no eran suyos:
Guerras antiguas. Sombras devorando ciudades. Y una figura… hecha de pura oscuridad… buscándola.
Lira cayó de rodillas.
—Esa cosa… me está buscando…
—No —corrigió la voz—. Está buscando lo que llevas dentro.
Kael se acercó rápidamente. —Entonces tenemos que entrenar. Ya.
La figura asintió.
—Debe aprender a controlar tres cosas:
Su energía interna —sin control, la consumirá.
El vínculo conmigo —soy su escudo… pero también su límite.
La llamada de la oscuridad —porque intentará seducirla antes de destruirla.
Lira levantó la mirada, ahora con determinación.
—Entonces enséñame.
El lago brilló intensamente… y el entrenamiento comenzó.
Primer intento
Lira extendió la mano como le indicaron… intentando invocar esa energía.
Nada.
—Concéntrate —dijo Kael—. No lo fuerces.
Lira cerró los ojos… y por un segundo, sintió calor en su pecho.
Pero de pronto—
Una explosión de energía oscura salió disparada, rompiendo parte del bosque.
Silencio.
Kael la miró sorprendido. —…eso fue demasiado.
Lira respiraba agitada. —No puedo controlarlo…
La voz del lago respondió con calma:
—Porque no estás aceptando todo lo que eres.
El viento se volvió frío.
Y en la distancia… una sombra observaba.
Más cerca que antes.
—Aprende rápido, Lira… —susurró una voz oscura en el aire—. Porque yo también lo haré.




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