Lis: La Última Hechicera

Capítulo 2:  El Portal Secreto

La suave luz de la luna se colaba por la ventana, bañando la habitación en un resplandor plateado. Mis dedos recorrieron los intrincados grabados del reloj, la ansiedad burbujeando en mi interior. Mientras salía esa luz extraña de él. Abrí la tapa con manos temblorosas, y un rayo de luz se proyectó hacia el centro de mi habitación, dibujando un extraño símbolo en el suelo. Era un círculo con runas antiguas que no podía leer, pero que me resultaban extrañamente familiares. Sin pensarlo dos veces, me acerqué al símbolo y lo toqué con la punta de mis dedos. Al instante, sentí una corriente de energía recorriendo mi cuerpo, como si una puerta se abriera dentro de mí. El mundo a mi alrededor comenzó a girar, y una sensación de vértigo me envolvió. De la nada se abrió un portal en la pared. Cuando el giro se detuvo, me encontré en un lugar completamente diferente. Ya no estaba en mi habitación, sino en un bosque oscuro y denso. Los árboles eran altísimos, con ramas que se entrelazaban como manos esqueléticas, creando un dosel que apenas dejaba pasar la luz de la luna llena. El aire estaba frío y cargado de una fragancia a tierra húmeda y hojas en descomposición. Todo era inquietantemente silencioso, excepto por el leve susurro del viento entre las ramas. Una sensación de ser observada me recorrió la piel. Fue entonces cuando oí a alguien decir mi nombre. Giré lentamente sobre mis talones y vi una figura emergiendo de las sombras. Era una mujer alta y delgada, con cabello blanco como la nieve que le caía en cascada hasta la cintura. Sus ojos, brillantes y penetrantes, irradiaban un poder antiguo y desconocido. En su cuello, un tatuaje representaba el cielo, lleno de estrellas y portales, como aquel por el que acababa de pasar.

—Bienvenida, Lis —dijo la figura con una voz suave pero poderosa, que parecía resonar en el aire—. He estado esperando tu llegada. Me acerqué con cautela, sin apartar la vista de ella. —¿Quién eres? —pregunté, mi voz apenas un susurro.

—Soy Alaria, la Guardiana de los Portales —dijo, esbozando una leve sonrisa. Luego me miró fijamente, como si estuviera evaluando cuánto podría soportar—. Eres la última Hechicera de tu linaje, Lis, y es tu destino proteger el equilibrio entre los mundos, cerrando los portales que han abierto las sombras. ¿Hechicera? La palabra rebotó en mi mente, pero no tenía ningún sentido. Me quedé mirándola, esperando que añadiera algo que aclarara lo que acababa de decir. —No entiendo. Yo no… no soy una hechicera. Nunca lo he sido. Alaria dejó escapar un suspiro.

—Perteneces a un linaje muy antiguo, Lis. Los hechiceros fueron los protectores de los portales junto a los Guardianes. Durante siglos, mantuvieron el equilibrio entre los mundos, pero la magia tiene un costo. Algunos hechiceros, cegados por el poder, traicionaron su propósito y se unieron a la Hermandad Oscura. Sentí un escalofrío al escuchar ese nombre. —¿La Hermandad Oscura? —murmuré.

Asintió. —Son hechiceros corruptos que buscan someter todos los mundos. Lo que una vez fue un grupo dedicado a la protección se convirtió en una fuerza destructiva, y su ambición desató guerras terribles. Los hechiceros que no se les unieron fueron perseguidos y eliminados, y poco a poco, desaparecieron. Tu linaje es el último que queda. Quería decir algo, protestar, pero las palabras no salían de mi boca.

—No eres solo una hechicera más, Lis. Hay una profecía. Habla de la última Hechicera, alguien capaz de derrotar a la Hermandad Oscura y restaurar el equilibrio entre los mundos. Tragué saliva, sintiendo que mi garganta se cerraba.

—¿Y crees que soy yo?

—No lo creo, Lis. Lo sé. Tu abuela lo sabía también. Por eso dejó ese reloj a tu padre, para que lo protegiera hasta que llegara a ti. No es un simple objeto. Es un vínculo con tu magia, con tu linaje. Miré el reloj en mi mano. Había algo en él, algo que no podía explicar, pero que sentía como un leve zumbido en mis dedos. —No entiendo… ¿qué equilibrio? ¿Qué mundos?

Alaria dio un paso más cerca, con una mirada tan seria que era imposible apartar los ojos de ella. —La Tierra no es el único mundo, Lis. Hay otros, cada uno con su propia magia única. Crysaleth, el mundo de las Serpientes de Cristal, donde los valles resplandecen como joyas vivas. Volkaris, un reino de lava y montañas ardientes, hogar de los Vulcanios, seres nacidos del fuego. Aqualith, un reino submarino gobernado por los Ondria, con maravillas que los humanos no pueden imaginar. El Mundo de los Dragones, un lugar donde cada aliento es magia en su forma más pura. Lucindor el mundo de los elfos y este El otro mundo. Intenté imaginar todo eso, pero parecía demasiado. Demasiado grande. Demasiado imposible.

—¿Y qué tienen que ver conmigo? —pregunté, casi en un susurro.

—Todos esos mundos dependen uno de otros, Lis. Eso es lo que sostiene el equilibrio entre todos ellos. — —La Hermandad Oscura ha tomado parte de un mundo. Han destruido su equilibrio y están extendiendo sus sombras. Lucindor, el mundo de los elfos ha caído bajo su control. Sentí que el aire me faltaba. No sabía si era por lo que decía o porque de alguna manera sentía la verdad en sus palabras.

—Entonces… ¿todo esto depende de mí?

—Sí. Pero no estás sola. Los Guardianes seguimos luchando. Hay resistencia, incluso entre los elfos que han sobrevivido. Pero tu magia, Lis, es la clave. Por eso la Hermandad sabe quién eres, y harán todo lo que esté en su poder para destruirte. Las palabras me golpearon como un puñetazo.

Miré el reloj otra vez, pero esta vez no solo sentía su zumbido; sentía algo dentro de mí, algo que había estado allí todo el tiempo pero que nunca había entendido

. —¿Y si no puedo hacerlo? —pregunté, mi voz más frágil de lo que quería admitir. Alaria puso una mano en mi hombro. Su mirada era firme, pero había calidez en ella. —Tu abuela creyó en ti, Lis. Y yo también lo hago. No porque seas la última hechicera, ni por la profecía, sino porque tienes el poder para hacerlo. Solo necesitas descubrirlo. Quería creerle. Realmente quería. Pero en ese momento, lo único que sentía era miedo. Antes de que pudiera procesar todo, Alaria extendió su mano y un libro antiguo apareció en el aire entre nosotras.



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En el texto hay: fantasia, magia, misterio

Editado: 11.12.2025

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