Lis: La Última Hechicera

Epílogo

La sala estaba rodeada de cristales que reflejaban un cielo estrellado, aunque no era la noche lo que se veía, sino fragmentos de mundos distantes. Cada cristal mostraba un paisaje diferente: un bosque iluminado por destellos dorados, un horizonte de llamas y acero, y una penumbra que parecía latir con vida propia. En el centro de la sala, una mesa circular flotaba sobre un pedestal de luz azul, y alrededor de ella se encontraban los líderes de los mundos que aún resistían. El primero en hablar fue Kaelthar, el Señor de las Forjas Eternas, representando al mundo Volkaris: El mundo de los Vulcanios. Su figura imponente, cubierta de armadura negra como la obsidiana, dominaba la habitación. En su hombro descansaba un martillo adornado con runas que brillaban débilmente.

—La Hermandad Oscura ya ha tomado el mundo de los humanos —gruñó, su voz resonante como el eco de un yunque—. Reb Zahr no solo ha reclamado el poder de Lis, sino que ha usado el portal de la Tierra para anunciar su guerra contra todos nosotros. Si no actuamos ahora, los mundos caerán, uno por uno, como ya callo Lucindor, la Tierra y El Otro Mundo.

—No subestimen a Lis —respondió con calma Lyara, la Alta Guardiana de Aqualith:mundo de ondaria . Su voz era serena, pero tenía un filo peligroso, como una hoja escondida en la oscuridad—. Ella no es solo la última hechicera, sino el corazón del reloj. Su conexión con los portales va más allá de lo que entendemos. Lyara giró su mirada hacia uno de los cristales, donde el reflejo de la Tierra parpadeaba. Sus ojos, profundos como pozos de penumbra, brillaron por un instante. —Pero es joven, inexperta. Necesitará tiempo y guía, y temo que no tenga mucho de ninguno.

En el otro extremo de la mesa, Aelion, el rey del mundo de los dragones se inclinó hacia adelante. Su figura era etérea, casi translúcida, y cada movimiento parecía emanar un resplandor dorado.

—La Hermandad Oscura no buscará solo la destrucción. Quieren el poder absoluto. Los portales son la clave, y Lis es el único vínculo que aún no pueden controlar. Debemos protegerla, cueste lo que cueste. Kaelthar soltó un gruñido, cruzando los brazos sobre su pecho.

—Protegerla es una cosa. Ganar esta guerra es otra. Ya hemos perdido demasiado tiempo. Mis Forjadores están listos para actuar, pero no puedo enviar a mis tropas a ciegas. Necesitamos un plan.

—¿Y qué sugieres? —preguntó Lyara, arqueando una ceja con elegancia.

Kaelthar señaló el cristal que representaba la Tierra. —Necesitamos que Lis recupere lo que perdió. Su magia. Su confianza. Sin ella, no hay equilibrio que restaurar.

Un silencio cayó sobre la sala, roto solo por el zumbido bajo del pedestal de luz. Finalmente, Aelion habló de nuevo, con una voz que parecía llenar el espacio como el amanecer tras una larga noche.

—Entonces debemos unirnos. No podemos permitir que Lis enfrente esto sola. Cada uno de nosotros debe ofrecerle algo: conocimiento, fuerza, magia… lo que tengamos.

—¿Y si no está lista? —preguntó Lyara, sus ojos fijos en el cristal de la Tierra. Aelion la miró con calma. —Entonces la prepararemos. Porque si ella cae, nosotros caeremos también. Kaelthar asintió con una mueca grave. —Que así sea. Pero no se equivoquen. La Hermandad Oscura no espera. Si vamos a movernos, debemos hacerlo ahora.

Cada líder inclinó la cabeza, y la sala comenzó a llenarse de un brillo azul mientras las conexiones entre los mundos se activaban. Uno a uno, los cristales se apagaron, dejando la sala en penumbra. Pero en el centro, el pedestal seguía brillando, mostrando la silueta de un reloj de bolsillo. El destino de Lis, y de todos los mundos, estaba marcado por sus latidos. Y el tiempo no se detendría.



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En el texto hay: fantasia, magia, misterio

Editado: 26.02.2026

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