Lizäri

Capítulo: Campo de entrenamiento. P2

Tián es de carácter fuerte, y le gusta hacer lo que él quiere, por lo que hace caso omiso a la advertencia de la comandante y la general, dentro de sí... «Claro que la dominaré, no pueden impedírmelo, me será muy útil» piensa, mientras hace un gesto de mal genio, disimulando para que no sospechen.

—Como usted diga, comandante... —dice.

—Sigan practicando, concentren su vitalidad —retoma la general—. Para poder mantener su vitalidad es necesario que entrenen, se ejerciten y se mantengan serenos.

Todos los aprendices siguen las órdenes de sus superiores, se esfuerzan al máximo para dominar la esencia arcana, y también mejorar la vitalidad de sus cuerpos espirituales. Lizari y sus amigos no era la excepción, Lizari se siente conforme y continua con espíritu inquebrantable entrenando y ganando resistencia.

Ha transcurrido mas de medio día, desde que empezaron con su primer día de practicas arcanas y básicas de arma. Los jóvenes se sienten complacidos por el día y por ir escalando en experiencia y conocimientos.

—Cazadores, esto ha sido todo por hoy, los espero mañana, tendrán que entrenar mucho más su esencia arcana y el uso de sus armas —objeta la comandante Albany.

—¡¡¡Cazadores apunten!!!

—¡¡¡Sí, señor!!! —exclaman mostrando la pose de a discreción, para luego marcharse del lugar. 

—Vaya, esencia arcana verde. Está bien, ¿me enseñas? —comenta Jena.

—Es raro, pero me gusta, es diferente —dice mirándose sus manos—. Claro amiga, yo te enseñaré, luego que la domine por supuesto. Pero, ¿por qué no vamos a ver a Renfaz?

—¡Sí, vamos!

Lizari y Jena se dirigen a ver a Renfaz, al entrar al campo de lucha y fijarse, quedan embelesadas al ver a su amigo Renfaz combatiendo y prácticamente bailando al son de las armas. Resulta ser muy ágil con las espadas. Las espadas son de hoja corta, este emplea dos a la vez, pero el guerrero de clase enana sabe cómo usarlas, está más que capacitado para esta clase. Ellas sienten orgullo de ver a su amigo combatiendo con agilidad.

—Digno de ser nuestro amigo —insinúa Lizari a Jena.

La joven elfa afirma moviendo su cabeza.

Renfaz se encuentra combatiendo con otro aprendiz a guerrero y rápidamente lo derriba. En ese momento entra Edmund, el joven príncipe y heredero del reino Claro Este. Tiene el cabello rubio, liso y corto tipo bob, piel blanca, ojos azules, de cuerpo atlético. Jena se fija de reojo en el hijo del rey, quien está presenciando el combate de Renfaz, ésta lo mira de manera disimulada, encantándose de su porte y elegancia. Mientras Lizari saluda a su amigo y lo felicita.

—¡Reeen! —dice Lizari ondeando su mano derecha.

Renfaz la saluda tarándole un beso y con guiño de ojo, mientras se incorpora a un costado del campo de lucha. Edmund observa de soslayo a la chica de ojos verdes, a su vez que se acerca al enano.

—Vaya, luchas muy bien, te reto a un duelo. Renfaz Barbarroja —dice el joven príncipe, mientras camina hacia el centro del campo, retando al enano de pelo rojizo.

—Para mí sería un honor, luchar con usted, príncipe...

—Vamos, solo dime Edmund —dice mientras saca una espada brillante, de su vaina color bronce reluciente.

Renfaz confiado acepta la oferta.

Comienzan, Edmund corre hacia el joven enano, blandiendo a su vez, su espada de bronce reluciente. Renfaz coloca las suyas en forma de cruz, para evitar así el golpe y posible corte. Empuja con fuerzas, para separarse del príncipe, y blandea las espadas, mientras que baila al mismo son.

Chocan las espadas en repetidas veces, hay algo en Renfaz que cuando toca sus espadas, se enfurece y ataca desenfrenado, pero sin perder su control mental. Por su parte, Edmund es más relajado, tiene la habilidad de predecir los movimientos de su contrincante, enseñado por su padre, quien es el Gran Rey y el mejor Guerrero Arcano del Claro Este.

Las chicas observan el combate, junto con otros soldados que presencian el duelo entre Renfaz y el príncipe. Jena y Lizari no se asombran, pues, conocen mejor que nadie a su amigo y saben lo hábil que es con las espadas, a su vez, Jena se siente atraída por el príncipe y sus movimientos coordinados. Parece un tigre acechando y leyendo los movimientos. Renfaz no se inmuta, aunque, en un momento parece que perdía fuerzas, haciendo que el príncipe se confundiera, no se rindiéndose y continuando dando pelea ruda.

El joven príncipe es muy bueno, el combate parece interminable, en un momento, chocan nuevamente la espadas de forma agresiva, en otro Edmund embiste con su escudo para protegerse de la ferocidad con que ataca el enano pelirrojo y tratar de derribarlo; sus espadas se caen y con malabares las recuperan con agilidad, como Renfaz es de corta estatura, para él es fácil esquivar y moverse por el campo de lucha. El encuentro termina con ambos agotados y enfrentados por las espadas de cada uno en el cuello.

—¡Excelente jóvenes, sin duda unos grandes guerreros! —menciona con alegría el comandante Vargaz, mientras aplaude.

—Una muy buena lucha, magnífico... por poco me ganas —proclama Edmund, mientras que respira de forma acelerada, producido por el encuentro vivido—. Estás muy capacitado para esta clase. Casi nadie me gana en espadas, solo mi padre y ahora con este empate creo que estamos a mano, amigo Renfaz.

—Es un honor... —dice Renfaz agitado del combate, mientras toma agua de la cantimplora que está atada a su torso, continúa diciendo—, es un honor haber luchado con usted, joven príncipe.

—No me digas así, somos amigos ¿no? —extiende la mano hacia Renfaz a lo que accede y estrechan sus manos en forma de amigos. 

Edmund se fija de la presencia de Lizari y da media vuelta caminando en dirección a ella. Desde siempre se han conocido, ya que fue su padre el Rey, quien cuidó de la vida de la pequeña, debido a la perdida de sus padres.

—¿Cómo te fue en tu primer día? Pequeña flor.




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