Lizäri

Capítulo: Crisis

Luego de presentarse, caminan rumbo a la aldea Claro Este, para que los extraños puedan hablar con el Rey Peters. Los aldeanos miran con asombro a los dos jóvenes extraños y comienzan a susurrar y temer. Estos se sienten incomodos por las miradas de los lugareños.

Los chicos Edmund y Renfaz se encuentran delante, Denathal y Won los siguen y por último Lizari y Jena quienes conversan en voz baja, casi en susurro, pero para el lobo y el vampiro es normal, por su oído agudo.

 

—No creo Liza, no... —dice Jena observándola, conoce a Lizari tan bien, que hasta conoce lo que siente sin hablar.

—¿De que hablas, Jena? —hace la que no entiende, que es lo quiere decir su amiga.

 

Se siente por un momento atraída a Denathal, algo en él hace que sienta una extraña sensación, algo en él hace que sienta paz y se apodera de su mente. Jena se da cuenta, pero no del todo, pues lo que cree es que solo es atracción física.

 

—No te hagas, te conozco muy bien —afirma Jena

—Te repito que no sé lo que insinúas —contesta Lizari, intentando decirle que no hable de más.

—Solo no hagas nada…

 

Lizari le indica con el dedo en sus labios que no diga más nada, a lo que Jena suspira en forma cansada y haciendo puchero.

 

—Bien.

 

Won está atento a las murmuraciones de las chicas, por lo que hace un gesto de risa burlona, cosa que Denathal ve, pero ignora. Posterior a eso y para romper tensiones pregunta.

 

—¿Cómo sabes que queremos hablar con el Rey?

 

—Como te dije, mi padre me dio órdenes de que, si alguna vez veía a su amigo o a su hijo, lo llevara ante él y es lo que hago ahora —contesta Edmund, tenía un semblante serio, no le agrada mucho el vampiro pero, debe obedecer a su padre—. No sabía que querías hablar con él, así que, es mera coincidencia.

»Es decir, me dio detalles de sus apariencias, por lo que te reconocí de inmediato.

 

Lizari con la curiosidad, suelta la pregunta que la tiene intrigada.

 

—¿De dónde son ustedes? —curiosea, pues desconoce por completo de otros lugares, solo conoce la aldea y sus alrededores.

—Somos de una aldea llamada Oeste Sombrío, un lugar muy diferente al resto, con un toque más... oscuro, aunque agradable de igual manera, para nuestros ojos —responde el joven huargen.

»Es solo que... —hace una breve pausa, sintiendo vergüenza, por lo que su amigo continua diciendo.

—Venimos a pedir ayuda —Susurra Denathal.

 

A lo que Jena se siente curiosa y pregunta.

 

—¿Qué sucede que sea tan grave para venir por el Rey? —pregunta la joven elfa, indagando.

—Es muy grave, los ogros están derramando mucha sangre, invadieron nuestras tierras, quieren destruir todo lo que conocemos. Y eso no es todo... mejor hablemos frente al Rey —responde Won.

—Nosotros solos no podemos, y mi padre... dijo que le pidiese ayuda al Rey Peter, que solo él, podía ayudarnos —agrega Denathal, con una mirada apenada y cabizbaja.

—Sí que es grave... solo espero que no los hayan visto y seguido, podrían cruzar y armar un desastre acá —reclama Renfaz.

—Nadie puede cruzar el campo magnético, únicamente ellos que tienen conexión con el Rey pueden hacerlo. Al menos que... debiliten la protección con esencia arcana, pero eso es imposible —asegura Edmund con firmeza, pues el campo de protección fue colocada por la mejor sacerdotisa la más poderosa y por Delmas Lóbrego, padre de Denathal, en conjunto de otros sacerdotes y magos.

—No sabemos de lo que pueden ser capaces —sugiere Jena, quien duda de lo dicho por Edmund.

 

Lizari comienza a pensar y a imaginarse todo un caos en su aldea, y el mundo que conoce, de pronto entra en una crisis jamás vista por sus amigos, cae de rodillas en el camino, con las manos en el rostro, dice.

 

—¡No!, no, mi aldea, mis amigos, mi gente, no... No, ¡esto no puedo permitirlo! —Dice la joven cazadora, con lágrimas en sus ojos—. Caos, guerra, peleas... No, no... ¡Eso no puede suceder!

 

Sus amigos se alarman, pues jamás habían presenciado tal crisis, es primera vez que le ocurre, por lo que no saben qué hacer para calmarla. Algunos aldeanos también presencian el trance en el que ha entrado la joven cazadora. Susurran que puede ser obra de los desconocidos y de la temible Esencia Arcana Negra.

 

—Amiga, calma, todo estará bien. —Jena coloca su mano derecha en el hombro de Lizari

—No, no, no lo está —exclama Lizari quitando bruscamente la mano de su amiga del hombro—, habrá sangre, muertes, catástrofes, eso no puedo permitirlo.




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