Seguía intentando alcanzar mis ojos. forcejeaba con ella mientras se empeñaba en arrancarlos. Una luz verde me cegó, parpadeó varias veces sin dejar de sujetar sus muñecas.
—Basta, Diana — No quería lastimarla.
—Rata de alcantarilla ¿Qué dije la primera vez?¿Crees que fue un chiste?— una voz masculina llegó a mis oídos, mientras la presión sobre mí desaparecía.
Él hombre frente a mi la sujetaba por su cuello, como si Diana pesara poco la sostuvo en el aire.
—No la lastimes — chille respirando agitada.
—Por favor.
Suplicó Diana.
El pelinegro soltó una risa burlesca mientras apretaba más su cuello. —Ve donde perteneces — El cuerpo de Diana empezó a emanar brillo, ese leve brillo azul resplandeció. Cubriendo todo su cuerpo desapareció en el aire. Mis ojos seguían cegados por la luz verde, sorprendida y frustrada me dirigí a la figura espesa, borrosa y casi difusa diciendo.
—¿Tenías que ser tan rudo?¿Qué hiciste con ella?
—Al Menos deberías agradecer.
—No lo niego… ¿Qué haces aquí? —trate de quitarme la ceguera con varios parpadeos.
—Trabajando.
—Excelente. ¿En qué consiste, qué eres, qué haces?
—Soy un guardián. Y no te interesa lo que hago.
Mis ojos por fin enfocaron su silueta. Me daba la espalda evitando mirarme de frente.
—Te estoy hablando. Es de mala educación no mirar a quien te habla.
Se burló de mí, con esa sonrisa fría y calculada.
—¿Y crees que soy educado?
—Pues… eres muy… ¿Comprensivo? — dije frustrada, ni siquiera sabía porque había dicho eso.
Por el silencio creciente pensé que no respondería. Mientras lo observaba los segundos se volvieron eternos, por un instante, la luz lunar llegó a sus ojos; los cuales resplandecieron por breves segundos dejándome con un llamado silencioso.
—¿Comprensivo? — se burló por lo bajo. Tomó un respiro leve y mientras se desvaneceia entre humo negro sentenció —Regresa.
—Qué buena salida. —Susurre para mi misma aún con su orden rondando mi mente.
Absorta en mis pensamientos miraba el lugar en el que desapareció Yven. No me atreví a moverme de mi lugar, estaba fija, como si su presencia me hubiese desorientado más de lo necesario.
—¿Qué haces?
Pegue un brinco al escuchar la voz de Shivani, con el corazón latiendo del susto pregunté.
—¿Cómo hiciste eso? — lleve mi mano al pecho asombrada por su habilidad de camuflaje.
—¿Hacer que? — dijo indiferente.
—Hacer que no te sintiera.
—No fui yo. Fue Yven. Quería que te llevara conmigo.
—¿Y por qué no lo hiciste?
—Porque no.
—Está bien. — murmuré bajito calmando mi respiración.
En silencio ambas miramos el jardín que nos rodeaba.
—¿Sabes que hizo con Diana? —Tenía curiosidad.
—Solo regreso a la aldea, no te preocupes por ella.
—¿Está bien?
—No tanto, pero lo estará.
—¿Me estás diciendo que puede estar sufriendo?
Pensó por unos momentos antes de responderme de forma molesta —Lo necesario.
—Yven esta demente.
—Diana estará bien. — su voz sonaba cansada y sin darle importancia a la conversación.
—Creo que debería regresar.
Me di la vuelta para retirarme.
—Nahara…
La voz vacilante y fría de Shivani llegó a mi.
—Mmm ¿Si?
—Ven conmigo.
Con un deje de obligación en su voz rodó los ojos y caminó hacia el otro lado del jardín.
—¿Qué esperas? ven conmigo.
La seguí en silencio, intrigada con lo que podría decirme, no obstante, no podía sacar de mi mente que también podría matarme.
No quise seguir hablando, la brisa de la noche se pegaba en mi rostro y no podía evitar pensar que Diana, podría estar sufriendo por mi culpa. Me hacía sentir extraña. Podría estar aquí hablando sobre sus plantas, pero ahora está en algún lugar de la aldea que yo desconocía, podría estar siendo golpeada o regañada por algún demonio.
—Nahara, no es tu culpa.
—Tampoco la de ella.
—¿En serio crees que no lo es? Es su culpa por hacer tratos con demonios, ¿Quién le dijo que saldría de aquí de esa manera? nadie, ellas solas se dejan engañar.
—Y si no hay nadie que les pueda advertir luego de un trato, ¿Qué les queda? aceptar. Los demonios necesitan a sus “sirvientes” de alguna u otra manera lograrán convencer a los nuevos que lleguen.
Su mirada tan oscura como la noche me analizaba detenidamente. ¿Estaré en lo correcto? inconscientemente me abracé a mi misma.
—Tú, ¿Estás bien?
—Me siento…
¿Que se supone que deba de decirle? No encontré la palabra adecuada, ¿Extraña? ¿Qué sentían los humanos en estos momentos, ansiedad o desánimo?
—¿Cómo si la situación con Diana fuese tu culpa?
Asentí levemente mirándola intrigada.
—Estás triste, es nuevo para ti, supongo que debe ser extraño y molesto.
—¿Has estado triste?
Mi pregunta la tomó con la guardia baja, en una respuesta rápida y directa habló nuevamente.
—Todos lo hemos estado al menos una vez.
Sus cejas se mantuvieron levemente fruncidas, indicando que no le agradaba hablar de eso, decidí cambiar de tema.
—Shivani, ¿Existe algún alma que no haya aceptado un trato?
—Es difícil. Logró escapar.
Me sorprendí, un alma había logrado salir de aquí.
—¿Sabes dónde está?
—Por eso digo que es difícil, logró salir y a pesar de no poder ver, le perdimos el rastro hace mucho.
—¿Cómo se llamaba?¿Tienes tiempo para decirme su historia?
Soltó una risa ahogada mientras continuaba un camino entre el extenso jardín.
—¿Recuerdas cuando Yven dijo que el sauce era la salida de este lugar?
Pensé por un momento y luego recordé que dijo algo del sauce.
—¿Era la salida porque es la más linda? — respondí rápido ya que no recordaba lo que me había dicho.
Su silencio regresó, me había equivocado. sonreí y repliqué.
—Ya dime, ¿Qué pasa con ese sauce blanco?
—Pero si recuerdas que es blanco. —replicó con su ceja alzada.