Caminando por los pasillos de la aldea me tope nuevamente con ella, con esa alma que al escuchar mi comentario había huido avergonzada.
—¡Espera!
Corrí hacia ella a paso ligero y con media sonrisa en mi rostro, tomando el vestido y la capa con mis manos para correr con más facilidad. Ella se asustó y corrió del lado contrario, la seguí.
No pasó mucho tiempo desde que dejé de ver su vestido morado, había perdido su rastro en segundos ¿Porque se pierden tan fácil estás almas? A mi costado izquierdo había una gran cabaña, era mucho más grande que las demás. La cabaña de Shivani, tenia un salon que usaba para su tienda de antigüedades, y al abrir una puerta al fondo de esta llevaba a una casa acogedora de dos pisos, tres habitaciones, una pequeña sala para almorzar y la cocina con vista a unos arbustos de arándano.
Ésta a simple vista se veía grande, me acerqué curiosa y miré por una ventana. Tenía un gran salón y escaleras hacia un segundo piso, vi varias mujeres y hombres que brillaban de azul caminando de un lugar a otro, algunos apurados por algo y otros con lágrimas retenidas, hasta que la vi.
Entré sin dudarlo, abrí la puerta y la seguí, no me importaron los murmullos de almas impresionadas que cuchicheaban y hablaban bajito entre ellas. Una puerta al final del pasillo estaba entre abierta, había gritos leves desde el interior. Algo se apretó en mi estomago y aun así abrí la puerta.
Allí está Diana, otras almas alrededor, mirándola con pesar.
— Razia no me sueltes...
Su voz ya no sonaba como antes, era baja cansada, con furia contenida. Por sus mejillas gotas rojas corrían cuesta abajo, y me quede helada. Sus ojos... sus ojos estaban cosidos sangrando, cada vez que intentaba abrir los ojos, daba un grito cansado. Su respiración era agitada. Razia, la chica que estaba siguiendo sostenía sus manos con fuerza sin saber que hacer, estaba asustada, todos en la habitación estaban asustados, sin saber que hacer, algunos mirando con odio la situación, otros con fastidio, y algunas cuantas, tenían lágrimas en su propio rostro.
Mi corazón late rápido y me atreví a hablar, mi voz salió ahogada.
—Diana...
Su respiración se volvió más agitada buscando mi voz y con enojo dijo entre dientes.
—Es tu culpa.
No supe qué responder, su voz era áspera, como si no quisiera hablar y al mismo tiempo sacaba todas sus fuerzas para hacerlo. Hace algunas horas Yven la había hecho desaparecer en el aire, y ahora estaba aquí, encerrada en esta habitación con más almas que no sabían qué decir o hacer, prácticamente estaba sola ante la situación.
—Diana, hablemos.
Dije con precaución, si ella lo desidia podría explotar literalmente, su cuerpo estaba nuevamente brillando en ese azul claro que indicaba peligro.
—¡No!
Su voz cortó los susurros de los presentes, vi como apretaba las manos de Razia y continuó con su monólogo.
—¡Yo solo quería tus ojos! Si no hubiese... si no hubiese llegado el guardián lo habría conseguido, ¡Podría estar en otra parte y no aquí! Pude haber recuperado mis ojos, yo. Yo solo quiero mis ojos.
Su furia fue reemplazada por lágrimas instantáneamente, me acerque a paso lento, viendo como le apretaba las manos a Razia, me agache frente a ambas y puse mi mano sobre las de ellas.
¿Era mi culpa? probablemente no, pero así lo sentía.
—Diana, no necesitas ojos, no sabes la chica tan bonita que veo frente a mi, y no solo lo físico, ustedes se ven borrosos en algunas ocasiones, Diana, eres inteligente.
—Lo sé.
Su voz baja y controlada me erizo la piel, su semblante se relajó y su sonrisa fue cínica tétrica, me miraba fijamente y pude sentir su mirada a través de sus párpados cerrados, aún cubiertos de algunas rojeces al igual que sus mejillas. Mi corazón dio un vuelco, y entendí que era una trampa.
La puerta a mis espaldas se cerró, un golpe seco que dejó eco perdió entre almas que tenían sus ojos fijos en mí. Diana habló nuevamente, a su vez dejaba olvidada la chica que sostenía sus manos, condescendientemente dijo mi nombre mientras escapaba un resoplido de sus labios.
—Nahara.
Trago saliva, apretando su mandíbula.
—Tus ojos serán míos y podré irme. Saldré de aquí. Terminaré la deuda con Leviatán y-
Hizo una breve pausa, como si hubiera calculado cada palabra.
—y podré irme de aquí.
La presión de todos mirándome y la voz de Diana me tenía dividida, Razia se levantó al lado de Diana, no decía nada pero su rostro se notaba preocupado.
—Diana, podemos hacerlo de otra forma.
—¿Otra forma?
Su sonrisa ronca resonó por toda mi mente, todos dieron un paso adelante. mientras yo retrocedía uno. Mi corazón empezó a ir rápido y al igual que mi respiración sin llegar a hiperventilar.
—¿¡Cuál!?
Silencio.
—No hay más formas Nahara, todos quienes obtienen sus ojos se van.
Por primera vez Razia habló.
—Diana, sabes que eso no es así.
Se giró violentamente sobre su eje dirigiéndose a ella con irritación.
—Callate Razia, ve a bailar, recolectar frutas o hacer lo que quieras, no te necesito.
—Solo deja de tener la esperanza en lo que no es.
Declaró Razia rápida y tímidamente alejándose de ella y de todas las almas, haciéndose cerca de mi.
—Por favor, sabes que es la única manera. Leviatán dijo-
—Dijo que siempre existirá el trato.
Razia le cortó de forma fuerte, su voz era temblorosa y baja pero valiente.
—Diana, solo hay que encontrar otra forma, siempre hay otro camino.
No sabia que decirle, fue lo primero que se me ocurrió.
—Lo dices porque aún tienes ojos, y son tuyos.
—Leviatán puede mentirles y ustedes no se darían cuenta. Siempre hay más caminos. —trate de darle otra forma de pensar.
—Él no miente.
Él nos dice la verdad.
La única manera de salir de aquí, de ser nuevamente nosotros, es.
Encontrando nuestros ojos.