Llama De Alas Blancas

§Especial de navidad§

La luz baja se sentía cálida y acogedora, como si el recuerdo que pronto pasaría fuese fugaz.

Nahara estaba en la cocina, terminando con gran detalle y entusiasmo una comida humana. Había encontrado algunos ingredientes en la nevera de Shivani.

No había pedido permiso, pero en silencio le había mostrado los ingredientes enseñando sus intenciones, quien con un gesto de molestia e irritación le dio la espalda para encerrarse en su habitación. Ella, positiva invitó a los gemelos a comer y a su nueva amiga Razia.

El olor a comida recién hecha llenaba el espacio, indicando que Nahara había terminado. Aunque estaba nerviosa, aunque fuese la primera vez que cocinaba, mantuvo la calma y el positivismo, esperando que tuviese un buen sabor.

Mientras servía los platos en la mesa pensó.

¿Lo hice bien?

¿sabrá rico?

¿Será que no seguí todos los pasos?

claro que si los había seguido al pie de la letra, solo faltaba probarlos.

Mientras servía los platos pensaba y repasaba en su mente lo que había hecho, visualizaba una y otra vez que los espaguetis estuviesen en su punto, que la carne estuviese bien cocida. Había visto la receta miles de veces en la tierra mientras acompañaba a la madre de su niño a cargo. Pero una cosa era ver y otra hacerlo. Trató de igualar en cantidades, pero aún así no sabía si estaba correcto.

Cinco platos.
Cinco presencias muy distintas.

Razia fue la primera en sentarse, atraída por el calor desde la tienda de antigüedades. Su cuerpo tenía ese leve brillo azul de las almas. como si fuese una luz contenida que nunca terminaba de apagarse. Miraba todo con atención, como si temiera que aquel momento desapareciera. Sintió la presencia de los gemelos acercarse, mirándolos de reojo como se sentaban cada uno frente a un plato.

Yven Silencioso. Recto. Su sola presencia imponía orden. Se sentó sin decir palabra, observando el plato frente a él: espaguetis con crema de calabaza y cilantro, ensalada de pepino y carne asada.
Calabaza.

Yven se sentó sin hacer ruido alguno, con espalda recta y ambos antebrazos descansando sobre la mesa. Paralelo a él, Kael. Razia pensó que por tener personalidades tan contrarias Kael sería extravagante a la hora de comer, pero tenía la misma postura de Yven, hasta se veía tranquilo mirando la comida en el centro de la mesa.

No dijo nada, ninguno dijo cosa alguna.

Nahara se paró a un lado de ellos viendo una silla vacía. Y con una sonrisa dijo con voz regulada.

—Iré por ella.

Se giró camino por la caballa hasta la puerta de la habitación, sabía que Shivani estaba dentro, tomó una fuerte respiración antes de tocar, y luego de tres golpes lentos, volvió a hablar.

—Shivani, te esperamos para comer.

Sin extender su llamado se retiró.

Estaba nerviosa cuando regresó al comedor, y ¿si había fallado en la receta?

Apretó la mandíbula mirándolos a todos, Razia fue la primera en romper el silencio.

—Gracias por la comida.

Su sonrisa leve relajó a Nahara de las miradas serias de los gemelos.

Le tomó una mano y dijo en un tono bajo que todos pudiesen escuchar.

—Gracias, Padre, por el alimento en nuestra mesa.

Ella sabía que los gemelos no la seguían en su acto, pero la respetaban. Ella no los obligaría a hacerlo, así que ella lo hizo por todos.

—Bien, probaré tus raros espaguetis, pero no esperes a que me gusten, y no por eso seremos amigas.

Shivani había entrado a la habitación de forma rápida, hablando con el ceño fruncido y ocupando el lugar libre en la mesa.

Hubo un silencio Nahara miró a Yven a los ojos por unos instantes, sus mejillas se colorearon y bajó la mirada para empezar a comer.

Shivani los veía a todos comer, cuando probó los espaguetis, por sus papilas gustativas paso el sabor de la carne bien sazonada y cocinada; crema de ahuyama cremosa, dulce y suave.

Sus ojos se abrieron mientras masticaba sorprendida por dos razones; primero por el sabor fresco que le daba el cilantro y segundo, como Yven estaba comiendo, calmado, y en silencio.

No había comentado nada.
Había tomado el tenedor y comido con el rostro serio, sin gesto alguno que delatara gusto o disgusto. Aun así, no dejó nada en el plato.

Kael hizo una pausa de forma elegante.

—Vaya —dijo—. Pensé que la Navidad implicaba gritos, sangre o al menos una amenaza velada. Esto es... decepcionantemente pacífico.

Razia lo miró, confundida.

—¿Eso es malo?

—Terriblemente —respondió Kael, enderezándose más. Si eso era posible—. Pero no diré que está mal. Morir de hambre en Navidad sería de mal gusto.

Nahara dejó el tenedor en reposo. Kael la observó un segundo más de lo necesario.

—¿Ahuyama? —preguntó—. Qué valiente.

Yven alzó la mirada apenas un instante.

—Termina de comer.

Kael sonrió más.

—Ah, sí. La orden implícita. Mi tradición favorita.

Comieron.
En silencio por momentos. En otros, con comentarios breves de Kael que rozaban lo sarcástico sin cruzar del todo la línea. Razia escuchaba más de lo que hablaba, sosteniendo el cubierto con cuidado, como si aquel simple acto fuera un privilegio.

Nahara los miraba a todos igual; sin miedo, Sin juicios, como si no importará lo que eran. Solo que estaban allí. En una mesa compartida. Guardo el recuerdo en su mente al igual que Razia, quien miraba con timidez y valentía fingida añorando que durará más ese momento.

Yven terminó su plato primero. Limpió el borde con el tenedor, serio como siempre.

—Está . Aceptable—dijo finalmente.

Kael arqueó una ceja.

—Wow. ¿Escucharon eso? ¿El gran guardián acaba de dar un buen comentario ?.

Razia sonrió.
Y Nahara también. Mientras tanto cruzó miradas con él, apenas un instante. Una mirada que Shivani no pasó por alto.

¿Por qué Yven había aceptado sin rechistar la comida?

¿Por qué exactamente la comida de Nahara?




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