Llegaste a Sanar Mi Corazón

Capitulo 2

Al día siguiente, Jazmín se despertó con una sonrisa que no se le borraba. Se arregló con más cuidado que nunca, eligiendo su ropa más limpia y bonita, y cuando ya estaba lista, escuchó un motor potente que se detenía justo frente a su puerta. Se asomó por la ventana y se quedó sin aliento: un auto brillante y lujoso esperaba allí, y al bajarse la ventanilla, vio a Joaquín que le hacía una seña con la mano.

Bajó las escaleras casi corriendo, con el corazón a mil por hora. Durante el trayecto, él no dejó de decirle lo hermosa que le quedaba el cabello, lo inteligente que era y lo especial que la sentía; Jazmín se ponía roja hasta las orejas, y por primera vez en su vida se sentía vista, valorada y deseada.

Al llegar a la universidad, todas las miradas se clavaron en ese vehículo que nadie solía ver por allí. Joaquín le pidió que bajara primero: -Baja vos, enseguida te alcanzo, que se me olvidó algo adentro.

Ella no sospechó nada. En cuanto puso un pie en la vereda, él ordenó con voz fría y cortante al chofer:

-Limpia bien todo. Y saca ese olor a perfume barato que se quedó adentro... me da asco.

Y se quedó dentro, esperando hasta que ella se alejó lo suficiente para no verlo.

Jazmín se acercó a sus amigas radiante de felicidad.

-Tengo algo que contarles-dijo casi sin aliento-. Me gusta alguien... y creo que yo también le gusto a él.

-¿Quién es? -preguntó Violeta con cariño.

-Es Joaquín, el chico nuevo. Me invitó a salir.

Carmen abrió los ojos con desesperación:

-¿Cómo podés decir eso? ¿No te diste cuenta de nada?

Claudia, que venía de una familia acomodada y conocía bien ese mundo, le habló con firmeza:

-Jazmín, por favor, alejate de él. Hay algo en su forma de ser que no encaja, no es bueno para vos.

Pero esas palabras fueron la chispa que encendió lo que Joaquín ya había venido sembrando. Jazmín sintió rabia y decepción al mismo tiempo: -¡Él tenía razón! ¡Ustedes no quieren mi felicidad! ¡Solo se juntan conmigo porque les ayudo con los estudios, por conveniencia! ¡Nunca me dejan ser feliz!

Y salió corriendo, dejándolas allíparadas, mudas y dolidas. Rosa, con los ojos llenos de lágrimas, les dijo bajito: -Tenemos que averiguar quién es realmente ese tal Joaquín. No vamos a dejar que le haga daño.

Ya en el aula, Jazmín se sentó sola, lejos de ellas, con el pecho apretado por la tristeza y la confusión. Cuando Joaquín entró, Claudia se levantó despacio y le dijo con voz severa: -Aléjate de ella. Si no, te va a ir muy mal.

Él soltó una risa burlona, sin hacerle ni caso, y caminó directo hacia el asiento de Jazmín, sentándose a su lado y tomándole la mano con ternura fingida. Había logrado lo primero: romper el lazo que la protegía, y ahora ella estaba sola, a su merced.

La clase comenzó, pero la atención de las cuatro amigas no estaba en el pizarrón. De reojo, sin dejar de mirarse entre ellas, vigilaban cada gesto, cada palabra, cada mirada que Joaquín le dedicaba a Jazmín, con el corazón encogido de miedo al ver cómo poco a poco le iba cambiando la forma de verlas.

Joaquín se dio cuenta al instante. Se inclinó hacia ella y le susurró con voz suave pero cargada de veneno:

-¿Ves cómo te miran? No es preocupación, Jazmín... es desprecio.

Les molesta que alguien te elija a vos antes que a ellas.

Ella lo miró y sintió que todo encajaba de golpe:

-Es verdad... estamos peleadas. Parece que tenías razón en todo.

Él la atrajo hacia sí y la abrazó con ternura fingida:

-No estás sola. Yo estoy aquí para vos, pase lo que pase. Nadie te va a cuidar como yo.

Cuando terminó la clase, las amigas se acercaron despacio, con miedo a asustarla. Violeta fue la primera en hablar, con voz temblorosa:

-Jazmín... perdónanos si te lastimamos. No queremos imponerte nada, respetamos tu decisión. Solo no queremos perderte, no queremos que nos alejemos.

Jazmín sintió alivio y un nudo en la garganta.

-Está todo bien-dijo con una pequeña sonrisa-. Lo de antes queda en el pasado.

Pero al salir al patio y ver el auto lujoso esperándola, se despidió con un gesto rápido y se subió sin dudar. Mientras se alejaban, Joaquín le tomó la mano: -Mañana sábado te paso a buscar.

Vamos a salir los dos solos.

-Me encantaría -aceptó ella feliz.

-Pero recuerda -le dijo bajando la voz, con una mirada seria-, no le cuentes a nadie. Ni a ellas. Es nuestro secreto. Si se enteran, seguro intentarán arruinarnos el momento.

Jazmín asintió, sin sospechar que cada paso que daba hacia él era un paso más lejos de quienes realmente la querían.




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