Lo aprendí de ti

Capítulo 6

Mía...

Desperté un poco desorientada. No recordaba en qué momento o cómo había llegado a mi cama, ni mucho menos qué hacía con mi pijama puesta.

Comencé a mirar a mi alrededor y me sorprendí al ver a Pato sentado en una silla, recargado cerca de la puerta; se veía cansado.

Intenté recordar qué había ocurrido. La última escena que registraba mi cabeza era haber ido al cementerio.

—Hola, cariño —Pato se percató de que había despertado.

—¿Qué pasó? —mi cara debió reflejar confusión.

—Digamos que no tuvimos una bonita noche. Quisiste desconectarte del mundo y fuiste a ver a tu padre, lo cual fue una mala idea. Llovió muy fuerte y como era de esperarse, enfermaste por ello.

—Lo siento, no era mi intención.

—Lo sé, cariño —se levantó de la silla para caminar hasta mi lado y sentarse sobre la cama. Tomó mi mano—. Solo no vuelvas a hacer algo como eso. Me tenías muy preocupado; la fiebre no cedía. Si no fuera por la ayuda que recibí...

—¿Ayuda? —cuestioné.

Mi amigo se fue acomodando en el lado libre de la cama; acercándose a mi costado, continuó con su relato.

—Recibí bastante ayuda de Melisa. Si no fuera por el chico tatuado que tiene por hermano, no sé qué sería de ti.

—¿Chico tatuado? —no entendí lo que trataba de decirme.

—El hermano de Mel, creo que se llama James.

—Aguarda... ¿qué? —dije casi gritando—. ¿Cómo? ¿Qué tiene que ver él?

La lista de preguntas habría seguido de no ser porque Pato comenzó a reír.

—¿Acaso tus mejillas están rojas?

—Deja de jugar y explícame.

Ambos estábamos recostados en la cama: yo con la mirada hacia arriba y él de lado, apoyado en su mano.

—Anoche, al no saber nada de ti, Melisa, Ian y yo nos fuimos en mi auto a buscarte, mientras el chico tatuado se fue en su moto. No sé cuánto tiempo llevábamos recorriendo la ciudad cuando el hermano de Mel la contactó para informarle que ambos estaban aquí. Así que llegamos lo más rápido que pudimos. Efectivamente, ambos estaban en la entrada; para ser exactos, tú estabas en sus brazos, realmente mal —arrugó el ceño—. De inmediato te trajimos aquí, te dimos un baño caliente...

Me levanté de la cama, quedando sentada.

—Espera... ¿qué? ¿Estás diciendo que él estaba aquí? —señalé el lugar—. ¿Mientras me bañaba?

—No, obvio no. Le pedí amablemente que se fuera. Solo Mel y yo nos hicimos cargo de la situación.

Cubrí mi rostro con mis manos, tratando de ocultar mi vergüenza.

—Con eso deduzco que no recuerdas nada.

Hablé con mi amigo de lo ocurrido, o al menos de lo que recordaba.

La tarde transcurrió hasta que lo obligué a irse, ya que tenía trabajo, no sin antes prometer no salir de casa. No necesitaba prometerlo, pues lo último que quería era salir de mi cama.

Además, Mel había quedado de visitarme, así que mi amigo se fue más tranquilo.

No podía dejar de pensar en lo ocurrido o más bien, tratando de recordar. El hecho de saber que James no era novio de Melisa no dejaba de darme vueltas. James, su nombre era como un poema.

El tiempo se fue volando y, cuando me di cuenta, Mel ya estaba en la entrada de casa.

—¿Qué tal te sientes?

—Creo que bien —antes de poder hacer algún movimiento, lo vi.

Justo detrás de ella estaba James, con su característica vestimenta negra y las manos dentro de los bolsillos.

—¿Podemos pasar? —cuestionó Mel al ver mi silencio.

—Sí, claro. Adelante.

Los invité a sentarse en la sala. Mel se acomodó junto a mí en el mueble más grande, mientras James eligió el sillón pequeño, quedando prácticamente frente a mí.

—¿Se puede saber qué hacías? —cuestionó Mel.

En ningún momento la miré; mi atención estaba en alguien más.

—Estaba por leer un poco y tal vez ver alguna película.

—¿Has cenado?

—Pensaba pedir algo.

—Quizás no te sientas con ánimos para salir, pero conozco un lugar bastante genial para comer algo. ¿Te parece si vamos?

Mi atención continuó fija en el hombre sentado en mi sillón: lo bien que amoldaba su silueta en el sillón, la marca que adornaba el costado de su cabeza, perdiéndose en el cuello de su playera para después bajar por su brazo, terminando en su mano.

¿Tenía algún significado ese tatuaje?

¿Porque demonios pensaba en todo eso?

¿Qué pasa contigo Mia?

—Perfecto, entonces llamaré a Ian —fruncí el ceño.

—¿Sí?

Mi mente andaba tan lejos del planeta Tierra que terminé aceptando la idea de Mel. Y fue así como mis planes d estar en casa se habían esfumado.

La chica de cabello morado se levantó dando saltitos de alegría y se alejó para llamar a Ian.

Mi garganta jamás se había sentido tan seca; el aire parecía faltarme, mi corazón latía irregularmente y sentí mis manos sudar. Jamás había sentido algo así y vamos que he tenido bastantes situaciones complicadas.

—Yo... —podía sentir el calor de su mirada, eso complicaba todo, hablar no era fácil con esa mirada sobre mi—. Yo te agradezco por lo de anoche.

Permaneció en silencio. Quizás le divertía mi reacción ante su cercanía. No estábamos tan cerca, pero el lugar se volvía diminuto ante su presencia.

—No tienes que agradecer. En realidad, lo hice por mi hermana. Ella estaba preocupada por ti.

El vaso se rompió, literalmente.

El balde de agua fría que este hombre acababa de lanzarme fue más que suficiente para que mis ilusiones se fueran por el caño.

Lo sé, un tanto dramática, pero sus palabras dolieron.

Antes de poder responder, Mel regreso. Agradecí por ello así no tendría que seguir pasando vergüenza.




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