Lo aprendí de ti

Capítulo 14

Mía...

Lentamente abrí los ojos, adaptándome a la claridad que se colaba por la enorme ventana. Demoré en asimilar que me encontraba en mi habitación, acostada en mi cama. El último recuerdo era el de enviar un mensaje a Melisa, pero ¿cómo había llegado a cama?

Antes de tener la oportunidad de hacerme más cuestionamientos, Mel se asomó por la puerta.

—Veo que ya despertaste —entro. —¿Cómo te sientes?

—Bien... ¿Qué fue lo que pasó?

—Es lo mismo que pregunto. Ayer recibí tu mensaje, estaba con Ian —me asusté.

—¿James está aquí? —negó.

—Estamos solas tú y yo. Ian solo vino a dejarme. Me asusté mucho cuando te vi inconsciente, pensé en llevarte al hospital, pero entre tu inconsciencia me pediste que no, así que te subí aquí.

—Gracias.

—¿Dime que ocurre?

—Cólicos menstruales —respondí dudosa.

—No cariño, sé muy bien como son los cólicos y eso para nada eran cólicos. Te estuviste quejando la mayor parte de la noche, así que dime qué ocurre o en este momento le llamo a Patricio y si, es amenaza.

Sin más que hacer, comencé a decir toda la verdad, mientras ella escuchaba con atención, al terminar la noté afligida por mi situación.

—Podríamos ver otra opinión, quizás el doctor se equivoca —negué.

Por mucho que me gustaría que todo fuese un error, sabía que no lo era.

—Debe haber algo que podamos hacer para que mejores, no puedes simplemente darte por vencida.

—Comenzaré con el tratamiento, hablé con el doctor y por el momento es lo único que puedo hacer. Un trasplante es muy difícil de conseguir y más de manera urgente —suspiré. —La lista es larga.

—Puedo hacerme los estudios necesarios para ver si soy compatible —la observé con asombro.

Ella estaba dispuesta a ser mi donante.

—Imagino que Pato, ni mi hermano saben algo de esto.

—Aún no, pero prometo que se los dire.

—Solo espero que no lo descubran antes. Estaré al tanto de que lleves tu tratamiento, no pienso perder a mi mejor amiga.

Nos abrazamos, derramando algunas lágrimas por todo lo corrido.

Mel se encargó de estar al pendiente de la florería dando órdenes por teléfono a Iker, al mismo tiempo que se asegura de que me alimentará correctamente y tomará mis medicamentos.

Pensar en Pato y James, me daba cuenta de lo egoísta que estaba siendo por no decirles la verdad, por querer darme por vencida. Algo en mi aún quería luchar, quizás por eso seguiría con el tratamiento.

—¿Sabes algo de James? —pregunte sin dejar de ver el televisor.

—Imagino ya regreso de su viaje. ¿No te ha buscado después de lo que me dijiste?

—No.

—No quiero justificarlo, quizás sea porque tiene pelea y quiero pensar que está entrenando.

—Aguarda. ¿Acabas de decir pelea? ¿Qué significa? —Mel se percató de que yo no tenía idea.

—Olvida lo que dije.

—Oh no. Tienes que decirme —suplique.

—Se que no lo ha hecho, pero tengo que preguntarlo. ¿Mi hermano no te lo dijo acerca de su trabajo? —moví la cabeza de un lado a otro, negando —¿Sabes lo que hace por las noches?

—¿Trabajar en un bar? —por el gesto que hizo sabía que había algo más.

—Ustedes dos sí que tienen cosas que contarse. En fin, lo diré sin tanto rodeo —suspiro. —Mi hermano pelea por dinero —esa confesión me dijo algo aturdida.

Por mi mente pasaron los recuerdos de aquellas noches en que había llegado

golpeado.

¿Por qué ocultarlo?

—No es algo que lo llene de orgullo —confesó Mel, sacándome de mis pensamientos. —El hecho de pelear en un bar solo por ganar dinero, no es algo que le agrade, pero fue una salida fácil. Tuvimos que soportar muchas cosas cuando aún éramos niños, entre ellas pasamos hambre y padecimos la falta de un hogar donde vivir.

Mi corazón se estrujaba ante la confesión de lo que fue su vida, no pude evitar derramar algunas lágrimas. Imaginarlos solos, tratando de salir adelante.

—Fue difícil, pero mi hermano siempre buscó la forma de protegerme —Mel se notaba un tanto afligida recordando todo aquello —Si lo vemos en cierto modo te dijo la verdad, que trabajaba en un bar, solo olvido dar más detalles. —agregó.

—¿Dices que hoy tiene una pelea?

—Si...

—Llévame —negó.

—Oh No! Claro que no.

—Por favor —suplique haciendo un leve puchero.

—No puedo. No es una buena idea. Tu no estas bien.

—De acuerdo. Entonces averiguaré el lugar y tendré que ir sola —esperaba que ese pequeño chantaje funcionará.

—Demonios Mía, mi hermano me matara si sabe que te llevé —negué —Es un rotundo no.

—Por favor.

—De acuerdo —sonreí.

—No cantes victoria, antes tienes que prometer que no te alejaras de mí y no hablaras con nadie —asentí —Esto es mala idea —la observé con un puchero, con mis manos juntas suplicado por un sí.

—Lo prometo.

—Créeme cuando te digo que ese lugar es... no es lindo.

Pase por alto sus palabras. No estaba dispuesta a echarme para atrás.

Horas más tarde estábamos en el dichoso bar.

El lugar era tal y como Mel lo había descrito. El olor a tabaco y licor se mezclaba con sudor. El ambiente bastante pesado, hombres bebiendo manoseaban a las meseras sin importarles que alguien más los observara. Mis manos sudaban, mi cuerpo comenzó a temblar por la forma en que algunos nos miraban, como si fuéramos su presa.

—No pueden hacernos nada, ellos saben quién es mi hermano— Meli tomó mi mano con fuerza lo cual agradecí.

Me sobresalte cuando todos comenzaron a gritar.

¡James! ¡James! ¡James!

Las personas comenzaron a acercarse a lo que parecía un ring.

Me encontraba algo desorientada. Intenté ponerme de puntillas para poder mirar.

La pelea estaba por iniciar y tuve un espacio libre para poder ver lo que ocurría. Las personas no dejaban de gritar el nombre de James, entre abucheos y porras, comenzó; arriba del ring un hombre que lucía como un vagabundo, alto y con más masa muscular que la de James intentó darle algunos golpes, él los esquivo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.