Lo aprendí de ti

Capítulo 17

Mía...

Me levanté un poco adormilada. Los golpes no cesaban, eran insistentes, al abrir me quedé en shock con la mirada fija en él, mi cuerpo de inmediato comenzó a temblar.

—Mía —esa voz.

Di vuelta y corrí lejos de él, no logré escapar, tropecé, cayendo al suelo. Tomó ventaja de mi error y se abalanzó sobre mí.

—Cariño estoy aquí.

—No. Por favor, no —suplique llorando —Déjame, déjame.

—Mía —mi cuerpo fue fuertemente sacudido.

—Por favor. Suéltame.

—Mía, cariño. Despierta —abrí los ojos, exaltada comencé a manotear para que se alejara.

Ver la mirada de James, sentir sus manos sosteniéndome con fuerza. Regrese a la realidad.

Solo fue un sueño, me repetí. Observe a mi alrededor, estaba en la sala de mi casa.

—Te sientes mejor —moví la cabeza para decir sí.

Más tranquila me separé de James.

—Estoy bien —me levanté. Fui al baño; hice mis necesidades, cambié mi ropa y me reuní nuevamente con él en la sala. Eso ayudó a que aquella pesadilla se desvaneciera.

—Si quieres puedes usar el baño.

—Estoy bien —dijo muy seguro. Evitaba mirarlo, me sentía nerviosa por todo lo ocurrido.

—Después de anoche, creí que lo necesitarías —tenía entendido que las resacas mañaneras son terribles. Tal vez ya estaba acostumbrado.

—Desperté hace rato —me sorprendió su confesión —Tuve tiempo para usarlo. Espero no te moleste, robe un poco de tu agua.

—Aguarda, llevas tiempo despierto y no me hablaste —cuestione.

—Te ves hermosa mientras duermes —confesó.

Había distancia entre ambos, pero en cuanto esas palabras salieron de su boca sentí como mi cuerpo entraba en calor y mis mejillas ardían.

—Segura de que ¿Estás bien? —dijo refiriéndose a la pesadilla.

Tenía días siendo atormentada por ellas, después de lo que pasó; pero no quería entrar en detalles.

—Pienso que, esa pregunta la debería de hacer yo —no me resistí y me acerque para tocar su mejilla. Su pómulo estaba inflamado.

—No duele tanto. Lamento si fui un idiota —despeino su cabello con sus dedos.

—No te preocupes —con seguridad no recordaba todo lo que había dicho borracho —Tengo que hacer algunas cosas —intente alejarme, sujeto con fuerza mi mano.

—No me arrepiento de todo lo que dije, quizás no fue la mejor forma de expresarlo, pero es lo que siento. Esta vez no vas a alejarme, ¿verdad? —Mi cuerpo y mi mente le pertenecían, poseía el poder de saber cómo me sentía.

Sujeto con fuerza mi cintura, con su mano libre me tomó por la nuca y me acerco a él. Haciendo que mis labios chocaran con los suyos. Jamás me cansaría de ello, de la forma tan salvaje en que reclamaba mi boca.

Dejándome sin aliento rompió el contacto.

—No quiero separarme de ti. Te extrañe lo suficiente como para no querer perderte de vista por horas, días, meses, todo lo que sea necesario.

—James yo...

—No digas nada, solo te pedí una oportunidad, prometo hacer las cosas bien —sonrió.

Oh maldita sonrisa, podía derretir un iceberg. Días sin verlo y que fuera en ese estado, el chico rudo que había pensado que era, no estaba nada cerca de serlo. No dejaba de sorprenderme.

—¿Puedo quedarme?

—Hasta que decidas irte.

—Esa oferta es demasiado tentadora.

Permanecimos lo que pareció una eternidad, mirándonos, como si eso borrara los días que estuvimos lejos.

—Tengo que hacerme cargo de esto —señale las cajas que estaban a un costado de la sala.

—Puedo ayudarte —acepte —No imagine que venderías tu casa tan pronto y mucho menos que encontrarías un lugar tan rápido —no estaba segura de confesarle que me iría a vivir con mi amigo, no después de que había expresado en más de una ocasión lo que pensaba de él. Sin embargo, no mentiría, era suficiente con todo lo que le ocultaba.

—Llevaré todo esto, al departamento de Pato —confesé. Por su silencio, sabía que no era buena idea decirlo.

—De acuerdo, te ayudaré con todo —me alivió ver que no fuese motivo de discusión —Si no te importa, me gustaría ir a mi casa para bañarme y cambiarme la ropa.

Me preocupaban los golpes visibles de su rostro.

—De acuerdo, puedo esperarte —comenzó a negar.

Me tenía sujeta de la cintura con ambas manos, con su boca comenzó a besar mi cuello haciéndome cosquillas.

—James —dije riendo. Intente liberarme. Parecía divertirse con su acto ya que no dejo de hacerlo.

—No vas a librarte de mí —lamió el lóbulo de mi oreja.

—Basta —estaba en medio de un ataque de risa.

—Vas a estar conmigo por las próximas horas, días y si es posible para siempre —me dio un beso corto —Así que, andando, iremos a casa juntos.

Comenzaba a gustarme este James juguetón.

—De acuerdo. Te advierto que tengo un compromiso más tarde al que no puedo faltar —dio un largo suspiro.

—Prometo que estarás puntual, ahora andando que mi estómago no tarda en rugir de hambre y estoy seguro de que el tuyo también.

Antes de irnos, envié un mensaje a mi amigo para mencionarle mis planes.

—Estás diciéndome ¿qué llegaste en ella? —señalé la moto tumbada sobre el césped. Anoche me encontraba tan preocupada por su estado que no me percate como había llegado.

—No estaba tan ebrio —encogió sus hombros. Le restó importancia, como si conducir su moto, borracho, no fuese riesgoso.

—Pudiste tener un accidente —intente sonar molesta.

—Pero no lo tuve —me beso. Dejamos el tema y subimos a su moto.

Procure no sujetarme con tanta fuerza de James, ya que no quería lastimar los golpes en su abdomen.

Sentir el aire fresco golpear mi rostro y la adrenalina que generaba la velocidad de la moto, era tan relajante que no tuve tiempo de asimilar que sería la primera vez que visitaba la casa de James.

Nos detuvimos frente a un edificio de piedra rústica, de unos cinco pisos. Caminamos con nuestras manos entrelazadas hacia la entrada del lugar, su apariencia era algo descuidada y antigua.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.