Lo aprendí de ti

Capítulo 18

Mía...

Estaba completamente agotada, entre dejar cosas en casa de mi amigo, ir a la florería, regresar a casa para limpiar y ver los últimos detalles de la mudanza.

¡Mi cuerpo no podía más!

Lo único que me mantenía aún de pie, era James. Se había vuelto una clase de batería compatible con mi cuerpo, me daba un poco de miedo pensar en lo dependiente que me estaba volviendo de él.

—Puedes quedarte aquí, no voy a demorar lo prometo —no quería que se fuera.

—Quiero ir contigo —hice un puchero, esperando convencerlo.

La idea de ir al bar después de la última vez me ponía un poco nerviosa y si bien me recordaría lo que tanto me atormentaba en pesadillas; aun así, quería ir. Necesitaba de alguna forma superarlo.

A eso agregar ver James pelear tampoco era algo que me encantara, pero la necesidad de estar a su lado era más fuerte.

—Te lo advierto, no puedes hablar con nadie, beber o alejarte de mí —acepte todas sus órdenes sin decir nada y salte a sus brazos como niña pequeña con juguete nuevo.

El lugar era justo como lo recordaba la última vez, hombres bebiendo, música a todo volumen, lo único que había cambiado era que las miradas estaban fijas en James o más bien en mí.

Me aferré a su brazo.

Entramos a un pequeño cuarto, en donde Ian nos recibió con una enorme sonrisa.

—Mía es un gusto verte.

—Lo mismo digo —se acercó a saludarme, pero la mano de James se mantuvo firme alrededor de mi cintura, por lo que el chico solo hizo un movimiento con la mano para saludarme.

—Iré a ver si ya tienen todo listo.

En cuanto la puerta se cerró, James se abalanzó sobre mí, estrellando sus labios con los míos, no terminaba de acostumbrarme a la suavidad de ellos, lo adicta que era a él, la forma en que sus manos tocaban mi piel y yo simplemente me derretía ante su toque.

Me preguntaba si algún día dejaría de sentirme así...

—Te quedarás aquí —me guío hasta un mueble que se encontraba pegado a la pared.

—En este lugar no podré verte pelear —dije.

—Estaré más concentrado si permaneces en este lugar —punto a su favor.

—Pero...

—Te prometo que recibiré menos golpes si permaneces aquí —con esa oración me convenció. Lo menos que quería era que lo lastimaran y él descubrió mi punto débil.

Antes de dejarme sola, me beso.

Estuve tentada a escabullirme, obviamente no quería que peleara, mucho menos que recibiera ningún golpe, su rostro aún estaba lesionado y pensar en que podrían lastimarlo más, me hizo desistir de salir. Así que obedecí quedándome sentada en el viejo sillón, observando el pequeño lugar con atención.

Las paredes de color negro lucían bastante desgastadas, a pesar de su color se podía ver manchas en ella, en una esquina estaban sacos de boxeo, en la otra una pequeña mesa junto a dos sillas, más al fondo se encontraba una puerta; como estaba entreabierta pude ver que se trataba del sanitario.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de la puerta abriéndose, por un momento pensé que James había terminado de pelear, era muy pronto para su regreso.

Moviéndose con tanta seguridad, entró Kim. La chica parecía dueña del lugar; digamos que lo era y eso me resultaba molesto. La observé, como de costumbre llevaba un diminuto vestido que no dejaba nada a la imaginación.

Su mirada me escaneo de pies a cabeza, al igual que yo lo hice, permaneció en silencio durante unos segundos, para después soltar su veneno.

—No lo creí capaz de traer aquí a su juguete —me levanté del mueble, al mismo tiempo que ella comenzó a acercarse —No pensé que tuviese tan mal gusto —abrí y cerré la boca, las palabras se quedaron atascadas en mi garganta.

Permaneció a un metro de distancia, su mirada recorría mi cuerpo con burla, con las manos sobre su cadera, continuó con sus insultos.

—Deberías comer más, te falta —colocó sus manos sobre sus senos —¿Ubicas el maquillaje? Estas muy pálida —cada palabra la escupía con desprecio—Te daré un consejo. No te acostumbres, James no demorará en aburrirse, eres bastante simple y sin gracia —eso último me enfureció.

—Así como se aburrió de ti —solté. En lugar de molestarle, parecía divertirse con mis palabras.

—Te equivocas. Él y yo tenemos algo más fuerte. Dejare que se divierta un poco, después como siempre lo hace, regresara conmigo.

—Porque mejor no dejas de rogarle, asimila que él está conmigo —mi estómago se revolvió.

—Eres muy simpática querida. Pero te falta mucho para que James no se aburra de ti —repitió su acto. Pasó sus manos sobre sus senos, las bajo lentamente por su costado hasta llegar a sus caderas —Crees que cambiaría esto, por eso —río señalando mi cuerpo —Eres linda, pero no lo suficiente para que James se quede a tu lado. Terminará por aburrirse.

Sus palabras me hicieron sentir insegura, ni siquiera tenía el valor de responder a su ataque, al contrario, permanecí de pie viendo cómo caminaba hacia la puerta.

—Recuerda. Solo me basta una llamada para que James corra a mi lado. No lo olvides, solo eres el entretenimiento a corto plazo —cerró la puerta al salir.

Mis ojos picaban, hice todo lo posible por no derramar ni una sola lágrima, pero mi estómago no fue capaz de soportar las palabras de ella, así que corrí hacia el baño y vacié todo lo que pude. Después de vomitar, me acerqué al lavamanos, lavé mi cara, enjuague mi boca e hice todo lo posible para no pensar en las palabras de Kim.

James está conmigo porque me quiere. Me lo repetí una y otra vez, sin embargo, aquellas palabras sembraron duda en mí.

El sonido de la puerta alejo cualquier pensamiento de lo ocurrido.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Si —hice lo posible por sonreír —¿Cómo te ha ido? —me acerqué a él.

Me distraje al ver su torso desnudo sudando, cada detalle de su perfecto cuerpo era como una hermosa escultura esculpida por los dioses.

—Gane. Cómo te podrás dar cuenta no recibí un solo golpe —pasé mi mano por su pecho, bajando lentamente hasta su firme abdomen.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.