Mía...
Hola pa... te traje tus flores favoritas. Tengo que confesar que el arreglo lo hizo Melisa, ella es mejor que yo en esto. Que tú no estés en la florería ha sido muy difícil, ella me ha ayudado mucho a no pasarla mal.
Quiero que me perdones por no haber venido antes, pero estos días han sido muy demandantes.
Padre no sé qué hacer...
Como te dije la última vez, estoy saliendo con el hermano de Mel. No sé cómo explicarte lo que siento, pero él me está haciendo querer vivir y eso de alguna manera duele, más cuando me había dado por vencida.
Se que no estoy manejando las cosas como debería, pero créeme. Es muy difícil decir la verdad, lo haré lo prometo.
Solo necesito el momento adecuado. Se que no te gusta que diga mentiras, tengo que confesar que ni yo misma se cómo llegue a todo este enredo. Tener que decir que estoy tomando clases ha sido bastante complicado, fue lo único que se me ocurrió para que no descubra que estoy en tratamiento.
Quizás todo esto sería más fácil si estuvieras aquí.
Te extraño, me hacen falta tus consejos; incluso tus regaños.
Prometo regresare pronto. Te amo pa...
La casa de mis padres ya no me pertenecía, por lo que tuve que mudarme con mi amigo; por un tiempo, en lo que conseguía departamento y la verdad no era algo en lo que me estuviera enfocando. Mi atención estaba centrada en James, con quien pasaba la mayor parte del tiempo. No había día en que no estuviéramos juntos, cuando no lo estábamos era por mis supuestas clases o bien que tenía pelea. A estas últimas opté por no ir, para no toparme con Kim.
Estábamos acostados en la cama, con nuestras manos entrelazadas. Estos momentos eran los que más disfrutaba, solo él y yo.
—¿Qué te parece si buscamos departamento? —en cuanto las palabras salieron de su boca, deje de mirar hacia arriba y gire para enfocarme en él.
—¿Buscar? —cuestione.
—Si. Me gustaría tener más privacidad con mi novia —sonreí.
No quería más privacidad, porque mi amigo prácticamente no estaba en casa, más bien se debía a que no le gustaba que viviera con Pato —De acuerdo, no me gusta que vivas con él —Bingo. Sabía que era por eso.
—De acuerdo —acepte su oferta.
—Perfecto, iremos hoy —ordeno.
Sabía que a Pato no le agradaría que me fuera, ambos éramos como hermano y disfrutábamos mucho vivir juntos.
Pero analizando un poco las cosas, buscar otro lugar donde vivir, sería lo mejor; mi amigo era muy intuitivo y no tardaría en descubrir mi secreto.
No era que quisiera mentirle, pero aún no me sentía preparada de confesarle la verdad, más cuando ha estado conmigo desde mi primer diagnóstico.
—¿Hoy? —por la forma en que me miró, supe que ya lo tenía planeado. Su misión era que me mudara lo antes posible.
En el momento en que terminé de poner mis zapatos, las ganas de vomitar me hicieron correr al baño; me dejé caer en el suelo, apoyándome en el escusado vacié el contenido de mi estómago.
Mi cuerpo dolía, pero hice todo lo posible para que James no se diera cuenta de mi situación. Mi cuerpo cada día se debilitaba más, al parecer el tratamiento estaba cobrando factura.
—¿Lista? —soltó James en cuanto me vio salir de la habitación.
—Si —me acerqué a la sala.
Antes de poder salir. Su celular comenzó a sonar. Al observar la pantalla, se alejó de mí para atender.
—¿Dime? —silencio. Permanecí callada, tratando de escuchar un poco lo que decía.
—¿Ahora? —no lograba ver su cara desde mi posición. Por la forma en que hablaba no era nada bueno.
—De acuerdo... Voy para allá —terminó la llamada.
En cuanto se acercó, hice lo posible para que no notara mi decepción.
—Cariño, debo irme —tomo mi mano.
Sus palabras no me hacían muy feliz, no después de planear pasar el día juntos buscando departamento.
—¿Sucede algo?
—Tengo que reunirme con Ian —lo observe sería —Prometo que regresaré pronto.
—De acuerdo —me dio un corto beso, para después marcharse. Algo no andaba bien, sin embargo, no dije nada.
Me quede observando a la nada por un largo tiempo, hasta que llego un mensaje de mi amiga.
Quedé con ella de reunirnos en una cafetería cerca de la florería.
Al llegar fui recibida por ella e Ian, ambos sentados cerca del mostrador. Me acerqué a ellos mostrando mi mejor sonrisa. Observe discretamente a todos lados, en busca de James, pero él no estaba por ningún lado.
—¿Qué tal Mía? —Saludó Ian. Tome asiento junto a Mel, quedando de frente a Ian.
—Bien —no sabía si preguntar, me intrigaba la razón por la que James mintió.
—Estas muy callada ¿Ocurre algo? —cuestionó Melisa.
—¿has visto a James? —lo tenía que preguntar o definitivamente explotaría.
—Pensé que estaban juntos —respondió Mel.
Una mesera se acercó para tomar nuestra orden, después de unos minutos regresó con nuestras bebidas.
Por más que quise integrarme a la conversación, en mi cabeza solo había lugar para pensar en él.
—¿Y qué tal tus clases? —casi escupo la bebida, en cuanto Ian pregunto.
—¿Bien? —titubee.
—Estas... —antes de terminar la oración, Ian fue interrumpido.
—A mira, ahí viene el torpe de mi hermano.
James entró al lugar con su típico semblante serio, comencé a jugar con mis manos, odiaba estar molesta y a la vez querer abrazarlo. Se acercó para sentarse junto a Ian, quedando frente a mí.
No dijo nada, solo me observo.
—¿Dónde demonios estabas? —cuestionó Mel.
—En un asunto —dijo seco.
—Bien ya que estás aquí, podemos continuar con nuestra charla. Estabas en... ¡ah si! Hablando de tus clases Mía.
Intente ocultar mis nervios, esta vez no se debían al hombre frente a mí, si no a él cuestionamiento de Ian.
—Deja de abrumar a mi amiga con eso —amenazo Mel.
—No trató de molestar, pero es raro que vamos en el mismo campus y no nos hemos visto.
—Puede ser porque el lugar es enorme y tú estás por graduarte y ella está en curso —agradecía que Melisa tratara de calmar la situación.